{"id":18,"date":"2007-06-25T13:25:19","date_gmt":"2007-06-25T18:25:19","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost\/wordpress\/?p=18"},"modified":"2007-06-25T13:25:19","modified_gmt":"2007-06-25T18:25:19","slug":"el-fin-de-una-era-un-flato","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elturbion.com\/?p=18","title":{"rendered":"El fin de una era: un flato"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\"><strong>Por: \u00d3scar Guti\u00e9rrez &#8211; junio 25 de 2007<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"justify\"><em>\u201cPrefiero perder un amigo que una tripa\u201d &#8211; <\/em>mi abuelo Jes\u00fas Mar\u00eda Fl\u00f3rez.<\/p>\n<p align=\"justify\">Veinticuatro de noviembre de mil novecientos noventa. Hac\u00eda un a\u00f1o o dos que hab\u00eda ca\u00eddo el muro de Berl\u00edn, y con \u00e9l, como un castillo de naipes, se vino abajo el imperio ruso que conformaban los pa\u00edses de la llamada &#8216;Cortina de Hierro&#8217;: Hungr\u00eda, Polonia, Rumania, Eslovenia, Yugoslavia, Checoslovaquia, etc. Se convert\u00eda en gas lo que antes parec\u00eda tan s\u00f3lido como el hierro y yo, testigo de excepci\u00f3n, me encontraba en un palco, contemplando con mis ojos \u2013todav\u00eda de ni\u00f1o\u2013 c\u00f3mo cambiaba el mundo.<!--break--><\/p>\n<p align=\"justify\"><!--more-->Hab\u00edamos llegado a Praga quiz\u00e1s un a\u00f1o o un a\u00f1o y medio antes, para acompa\u00f1ar a mi Pap\u00e1, que completaba all\u00ed casi tres a\u00f1os. Hab\u00eda tenido que exiliarse para no forzar m\u00e1s a la suerte que lo hab\u00eda asistido en los tres atentados que le hicieron en Colombia. Siempre sali\u00f3 milagrosamente ileso, pero ya no pod\u00eda seguir arriesgando su vida.<\/p>\n<p align=\"justify\">Viv\u00edamos en Deiviska Pa De Sa De Va, un conjunto cerrado, profundamente gris, de edificios tan uniformes y silenciosos que deprim\u00edan. Afuera hac\u00eda un fr\u00edo que trituraba los huesos, pues la nieve no paraba de caer con monoton\u00eda y un viento g\u00e9lido soplaba como un enjambre de min\u00fasculas cuchillas. En los noticieros hab\u00edan reportado ya varios casos de personas con hipotermia, la famosa &#8216;muerte dulce&#8217;. Dentro del apartamento, sin embargo, reinaba la agradable calidez que irradiaba la calefacci\u00f3n de carb\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"justify\">Mi pap\u00e1 estaba reunido con algunos dirigentes comunistas checos, miembros del Comit\u00e9 Central del Partido. Se estaban acordando los tr\u00e1mites para nuestro regreso a Colombia, barajando fechas para una \u00faltima reuni\u00f3n de despedida. Acabado el sue\u00f1o comunista, cada uno para su casita.<\/p>\n<p align=\"justify\">Los checos intercambiaban algunas palabras de su precario espa\u00f1ol con un grupo de marxistas latinos que nos acompa\u00f1aban: Ornel Mosquera; su esposa, Leonela, y sus hijos, Alexander Ilich y Farabundo. Ornel era, sobre todo, un c\u00f3mico coste\u00f1o fant\u00e1stico: tocaba el piano con mucha gracia y cantaba alternando todo tipo de voces. Al final de sus payasadas todos termin\u00e1bamos muertos de risa. Recuerdo que siempre que me ve\u00eda, le daba por cantar: \u201cOscar\u00edn, chiquit\u00edn, toca el viol\u00edn y baila cha cha cha\u201d, y esa simple tonada me hac\u00eda sentir importante, querido.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n estaba en la reuni\u00f3n Ociel Perdomo, un chileno allendista que viv\u00eda en Praga desde hac\u00eda veinte a\u00f1os. Ociel era poeta y escritor, devoto incondicional de la bohemia. Cuando se pasaba de tragos, que era m\u00e1s o menos cada vez que le ofrec\u00edan un trago, empezaba a dedicarle poemas a su patria, a su ideolog\u00eda y a las mujeres que lo rodeaban. Acompa\u00f1aba ese fervor l\u00edrico con l\u00e1grimas vivas, que consegu\u00edan conmover a su audiencia, por m\u00e1s checos que fueran. Ese d\u00eda hab\u00eda venido con su hija Isabela y su esposa Mar\u00eda.<\/p>\n<p align=\"justify\">Y tambi\u00e9n estaba Margarita, la bella Margarita Olmos, una uruguaya soltera, sin hijos, a quien yo pretend\u00eda con la fascinaci\u00f3n inagotable que s\u00f3lo puede fermentar un ni\u00f1o. Margarita ten\u00eda su nariz respingada, una cabellera crespa que le llegaba m\u00e1s all\u00e1 de los hombros, la piel blanca, los labios rojos, tan rojos como la bandera de sus ideales. Sus ojos eran azules, peque\u00f1os, achinados, y los coronaban unas cejas frondosas.<\/p>\n<p align=\"justify\">Estos eran, pues, los tres amigos latinos, camaradas de la familia Guti\u00e9rrez, amenazados tambi\u00e9n \u201cpor buenas razones\u201d, como dec\u00edan ellos, parafraseando un poema de Bertolt Brecht.<\/p>\n<p align=\"justify\">Ahora tengo que a\u00f1adir que esa tarde me hab\u00eda dado un banquete fenomenal: hab\u00eda comido una enorme ensalada de frutas, con tres porciones de helado, y un sandwich. En consecuencia, me costaba moverme con el est\u00f3mago tan lleno. De poca o nula ayuda hab\u00edan sido los dos Alka-Seltzer que me tom\u00e9 buscando alivio. Segu\u00eda hinchado, con una barriga como de seis meses de gestaci\u00f3n. Tampoco hab\u00edan conseguido mejorarme los remedios caseros de mi Mam\u00e1, que conoc\u00eda un buen n\u00famero de recetas con plantas medicinales. Quiz\u00e1s, si hubi\u00e9ramos estado en Colombia, mi caso no hubiera resultado tan dif\u00edcil, porque una buena taza de infusi\u00f3n de yerbabuena hubiera bastado.<\/p>\n<p align=\"justify\">Por lo pronto, me hab\u00eda refugiado en el cuarto que compart\u00eda con mis hermanas mayores. Era una pieza gigantesca, casi como otra sala o como otro apartamento. Y esa tarde no pod\u00eda hacer otra cosa que aguantar el dolor que me produc\u00edan las mil espinas que se me clavaban en el est\u00f3mago.<\/p>\n<p align=\"justify\">Entonces, no s\u00e9 por qu\u00e9 capricho, fui a la sala a recoger a mi mejor amigo, un t\u00edtere que me hab\u00eda regalado Ornel para mi cumplea\u00f1os. Salud\u00e9 a todos, uno por uno como era la costumbre en Colombia. Mientras pasaba por todos los puestos, una compacta y potente masa de gas se movi\u00f3 del est\u00f3mago al colon. Estaba en ese momento saludando a Margarita y sent\u00ed, de repente, que la amenaza que me hab\u00eda mortificado toda la tarde hab\u00eda conseguido llegar al recto de manera definitiva, inatajable. No habr\u00eda podido ocurrir esto en una ocasi\u00f3n m\u00e1s inoportuna. Margarita me dec\u00eda con ese acento uruguayo que me parec\u00eda tan hermoso: \u201chola, mi gordito, tan lindo como siempre\u201d, y me daba una apret\u00f3n en el cachete, cuando tratrataratrataratara, rugi\u00f3 un pedo eterno.<\/p>\n<p align=\"justify\">Me ha quedado congelado en la memoria ese instante, como seguramente para otros ser\u00e1 siempre memorable el instante en que la mano de un general les puso en el pecho una medalla, o como los que nunca podr\u00e1n olvidar su primera comuni\u00f3n o su primer beso. Para m\u00ed, la verg\u00fcenza de ese instante se convirti\u00f3 casi en el punto milim\u00e9trico en que empec\u00e9 a sentirme adulto.<\/p>\n<p align=\"justify\">Dicen que los que no suenan son los m\u00e1s olorosos y los que suenan duro son los que no huelen a nada. Ahora s\u00e9 que cada regla tiene su excepci\u00f3n, porque el m\u00edo hizo un esc\u00e1ndalo apenas comparable con la fetidez que disemin\u00f3 por toda la sala. Todos los compuestos azufrados que hab\u00eda generado mi digesti\u00f3n coparon hasta el \u00faltimo rinc\u00f3n de la sala en cuesti\u00f3n de segundos. Margarita me solt\u00f3 asustada el cachete, en tanto que los dem\u00e1s se pusieron de pie instintivamente, buscando alejarse de m\u00ed. La cara de mi pap\u00e1 dibuj\u00f3 un creciente signo de interrogaci\u00f3n y mi Mam\u00e1 no sab\u00eda si re\u00edr, para disimular, o si fruncir el ce\u00f1o, para quedar bien ante los dem\u00e1s. Las miradas cayeron sobre m\u00ed en alud y me sent\u00ed un conejillo de indias, un cerdo salvaje que hab\u00eda irrumpido en el sal\u00f3n m\u00e1s elegante de las cortes europeas.<\/p>\n<p align=\"justify\">Sal\u00ed corriendo a mi cuarto, no ten\u00eda otra alternativa. Salt\u00e9 sobre la cama y, boca abajo, puse mi cara contra la almohada. Estaba tan asustado que no me atrev\u00eda a llorar. Quiz\u00e1s m\u00e1s tarde s\u00ed iba a llorar, cuando me dieran el peor rega\u00f1o de mi vida, cuando me dieran la garrotera que me merec\u00eda.<\/p>\n<p align=\"justify\">No s\u00e9 en qu\u00e9 termin\u00f3 la reuni\u00f3n, mis pap\u00e1s nunca me contaron. Alejandra, mi hermana, dijo luego que los checos hab\u00edan soltado al un\u00edsono una carcajada amable, gritando euf\u00f3ricos: \u201c\u00a1Curva, curva, curva!\u201d, que significa \u201chijo de mala madre\u201d, aunque una traducci\u00f3n m\u00e1s colombiana ser\u00eda algo as\u00ed como: \u201c\u00a1qu\u00e9 pedo tan hijueputa!\u201d. Los latinos, en cambio, dice Alejandra que se quedaron serios, petrificados, a lo mejor tratando de demostrar su civilidad ante los europeos.<\/p>\n<p align=\"justify\">Mis pap\u00e1s efectivamente me rega\u00f1aron, pero no con la sa\u00f1a que yo me imaginaba. De hecho fue un di\u00e1logo, un di\u00e1logo muy propositivo. Eso s\u00ed, a partir de entonces me prohibieron las paletas de chocolate y coco que vend\u00edan en la esquina.<\/p>\n<p align=\"justify\">No volv\u00ed a ver la cara de nuestros amigos sino hasta la fecha del regreso. Ese d\u00eda no tuve d\u00f3nde esconderme m\u00e1s. Cantamos por \u00faltima vez el himno de la Unidad Popular de Chile y la Internacional Socialista, y en mi interior todo era un nudo, un v\u00e9rtigo, una incertidumbre con enormes alas de mariposa. Mi alivio lleg\u00f3 cuando todos nos dimos licencia para derramar unas cuantas l\u00e1grimas. Margarita me dijo entonces: \u201ceso le pasa a cualquiera, yo tambi\u00e9n era pedorra. A cualquiera se le puede salir uno y m\u00e1s si eres un ni\u00f1o\u201d. Fue lo \u00faltimo que supe de ella y me pareci\u00f3 que era un delicado manto de perd\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"justify\">Ahora, mientras escribo, me da por pensar que mi pedo no fue m\u00e1s que la despedida de un fantasma que recorri\u00f3 Europa durante sesenta o m\u00e1s a\u00f1os, durante los cuales unos experimentaron una solidaridad verdadera, otros solamente una burocracia enrevesada y los dem\u00e1s se contentaron con mirar de lejos, llenos de miedo. Un fantasma que se esfum\u00f3 como un gas azufrado, nada m\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>NULL<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[78],"tags":[688,1447,2527],"class_list":["post-18","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cronica","tag-checoslovaquia","tag-exiliados","tag-muro-de-berlin"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elturbion.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/18","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/elturbion.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elturbion.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elturbion.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elturbion.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=18"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/elturbion.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/18\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elturbion.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=18"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elturbion.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=18"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elturbion.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=18"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}