{"id":8307,"date":"2014-01-24T19:02:07","date_gmt":"2014-01-25T00:02:07","guid":{"rendered":"http:\/\/elturbion.com\/?p=8307"},"modified":"2014-01-24T19:02:07","modified_gmt":"2014-01-25T00:02:07","slug":"marcela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elturbion.com\/?p=8307","title":{"rendered":"Marcela"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong><a href=\"https:\/\/secure.flickr.com\/photos\/tohilfoto\/6221545656\/in\/photostream\/\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-10021 size-full\" title=\"Embarazo - Foto: Tohil Trevi\u00f1o\" src=\"https:\/\/elturbion.com\/wp-content\/uploads\/2014\/01\/embarazo-tohil_trevi\u00f1o.jpg\" alt=\"Embarazo - Foto: Tohil Trevi\u00f1o\" width=\"600\" height=\"400\" \/><\/a><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Por: Heidi Tamayo Ortiz &#8211; septiembre 15 de 2014<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A sus 17 a\u00f1os de edad Marcela ha conocido de cerca los colmillos de la pobreza, del hambre, del abandono, del trabajo y de la maternidad. Creci\u00f3 a los trancazos en Manizales y despu\u00e9s en Medell\u00edn, donde, desde ni\u00f1a, las necesidades familiares la llevaron a cambiar los cuadernos por el rebusque laboral. Vende dulces en los buses de la ciudad y muy r\u00e1pido, tambi\u00e9n, cambi\u00f3 las mu\u00f1ecas de juego por ni\u00f1os de verdad: ya tiene uno y en camino viene otro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los rasgos delicados de su rostro muestran su faceta infantil, pero su enorme barriga de m\u00e1s de ocho meses de embarazo revela su faceta de mujer. En sus manos sostiene una caja de chicles, medio vac\u00eda, porque pese a su embarazo de ocho meses no puede parar de trabajar. Ella es la que lleva el sustento a casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se llama Marcela, es madre de un hijo y espera otro que viene en camino, y apenas tiene 17 a\u00f1os de edad. Casi toda su infancia la pas\u00f3 en Manizales, con una madre que tuvo que salir del mercado laboral por las enfermedades y un padre maltratador e irresponsable que abandon\u00f3 a su familia cuando ella era apenas una ni\u00f1a. De ah\u00ed que desde una edad temprana ella y sus tres hermanos empezaron a pedir dinero en el vecindario para comprar alimentos y pagar las cuentas de la casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante el riesgo de perecer por un derrumbe sobre el rancho de madera en que viv\u00edan, su madre decidi\u00f3 irse con sus hijos para Antioquia y se instal\u00f3 en una casa en alquiler en el municipio de Bello. Para entonces Marcela ya contaba con 11 a\u00f1os de edad y tuvo la fortuna de entrar a estudiar. Sus hermanas mayores se encargaban de conseguir el dinero para los gastos del hogar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><br \/>\n\u00abBuenos d\u00edas, damas y caballeros\u2026\u00bb<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siempre fue buena estudiante y eso se lo reconoc\u00edan los profesores de su colegio, al que todos los d\u00edas llegaba a pie despu\u00e9s de recorrer un largo trayecto. Mostraba predilecci\u00f3n por las matem\u00e1ticas y las ciencias naturales. Pero todo eso lo trunc\u00f3 la pobreza: \u201cmuchas veces aguant\u00e1bamos hambre y nos acost\u00e1bamos solo con un agua de panela en el est\u00f3mago. Entonces, decid\u00ed trabajar para ayudar\u201d, dice.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su primer empleo, que alternaba con la escuela, fue la venta de comidas r\u00e1pidas. Pero, como casi no ganaba nada en ese oficio, le pidi\u00f3 a Carlos, el mayor de sus hermanos, de 15 a\u00f1os de edad, que la llevara a la calle a trabajar con \u00e9l. \u00c9ste, en efecto, la llev\u00f3 al centro de Medell\u00edn con la intenci\u00f3n de que hiciera lo mismo que \u00e9l: vender dulces en los buses de las rutas Guayabal y Bel\u00e9n. En un principio, los dem\u00e1s venteros no quisieron aceptar su presencia, pero accedieron cuando se dieron cuenta lo necesitada que ella estaba de ese trabajo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Buenos d\u00edas, damas y caballeros\u2014 oy\u00f3 que dijo su hermano a los pasajeros del bus al que se montaron el primer d\u00eda. \u2014Como pueden observar, he pasado por cada uno de sus puestos haci\u00e9ndoles entrega de unas ricas gomitas, a 200 pesos la unidad. Lleve las tres por 500. La dama o el caballero de buen coraz\u00f3n que pueda y me desee colaborar, mi Dios le ha de pagar. Que tengan un feliz viaje y que la Virgen los bendiga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este discurso lo escuch\u00f3 atenta y lo recit\u00f3 una y otra vez para aprenderlo de memoria, porque en el siguiente bus le tocar\u00eda hacerlo sola. Se arm\u00f3 de valor y lo recit\u00f3 ante los pasajeros con las manos temblorosas y el coraz\u00f3n agitado. Sinti\u00f3 la presi\u00f3n de las miradas, e incluso tuvo la impresi\u00f3n de que algunos hablaban de ella. \u201cEse d\u00eda no me fue muy bien, me hice 20.000 pesos\u201d, recuerda Marcela, quien en ese momento ya ten\u00eda 14 a\u00f1os de edad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Arranc\u00f3 entonces su nueva vida laboral, animada por el hecho de poder aportar a los gastos de la casa y de su madre enferma. Se levantaba a las 5:00 am para ir al colegio y al medio d\u00eda iniciaba su trabajo en los buses hasta las 8:00 pm, hora en que regresaba a Bello. Hac\u00eda sus tareas hasta las doce de la noche o, incluso, m\u00e1s all\u00e1 de esa hora. Todo esto, hasta que ocurri\u00f3 lo que ella califica como \u201cun accidente de borrachera\u201d que le cambi\u00f3 la vida totalmente. \u201cCuando cumpl\u00ed 15 a\u00f1os estuve en una farra, me descuid\u00e9 y qued\u00e9 en embarazo. Eso fue en una loquera porque yo ni siquiera quer\u00eda al muchacho con el que estuve\u201d, dice.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pese a su embarazo, continu\u00f3 estudiando y trabajando. En el colegio tuvo el apoyo de algunos maestros y compa\u00f1eros, y en casa cont\u00f3 con el respaldo de su madre. Pero, no fue f\u00e1cil trabajar en los buses en tal estado: las n\u00e1useas eran pan de cada d\u00eda y muchas veces debi\u00f3 vomitar en medio de la calle. A eso se agregaba el miedo de perder el beb\u00e9 por alguna ca\u00edda. Tambi\u00e9n tuvo problemas con los controles m\u00e9dicos, toda vez que en el registro del Sisb\u00e9n aparec\u00eda inscrita tanto en Manizales como en Medell\u00edn, problema que no ha podido solucionar. Le toca pagar atenci\u00f3n particular.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A medida que su embarazo avanzaba, la dificultad para pasar por encima de la registradora de los buses fue cada vez mayor, hasta que ya no pudo m\u00e1s y debi\u00f3 retirarse del trabajo a esperar la llegada de su beb\u00e9, que naci\u00f3 var\u00f3n y por ces\u00e1rea. El padre de \u00e9ste s\u00f3lo la visit\u00f3 dos veces, para nunca m\u00e1s volver.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, Marcela no demor\u00f3 mucho en regresar a las calles a trabajar. La mayor parte de su tiempo de dieta la pas\u00f3 vendiendo dulces en los buses y soportando fuertes malestares, pero al menos ten\u00eda con qu\u00e9 comprar la leche y los pa\u00f1ales de su beb\u00e9. Lo que no tuvo fue con qu\u00e9 pagar el costo de la cl\u00ednica: qued\u00f3 con una deuda de dos millones de pesos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><br \/>\nOtro hijo en camino<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las cosas en su casa se complicaron m\u00e1s cuando su hermano mayor se vio involucrado en un hurto y fue enviado al centro de reclusi\u00f3n de menores La Pola, en donde Marcela lo visitaba con cierta regularidad. En una de esas visitas conoci\u00f3 un joven interno sindicado de hurto, con quien despu\u00e9s tuvo varios encuentros, y en uno de esos qued\u00f3 de nuevo embarazada. \u201cPero \u00e9l lo neg\u00f3. Me respondi\u00f3 que ese ni\u00f1o no era suyo, que a lo mejor era de otro porque yo me manten\u00eda en la calle\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez recobr\u00f3 la libertad, su hermano se fue a vivir a Manizales con su padre, por lo que ella qued\u00f3 sola en Medell\u00edn a cargo de su madre enferma y su peque\u00f1o hijo. \u00a1Y con otro creci\u00e9ndole en la barriga! Pero a\u00fan as\u00ed continu\u00f3 con su rutina: estudiaba, trabajaba, atend\u00eda las labores de mam\u00e1 y soportaba los estragos del nuevo embarazo. Tantos esfuerzos le provocaron anemia y le deterioraron su salud. Tuvo entonces que elegir entre el trabajo y el estudio. Obviamente eligi\u00f3 el primero y, en junio de este a\u00f1o, abandon\u00f3 el colegio, habiendo alcanzado apenas el s\u00e9ptimo grado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya sin sus obligaciones acad\u00e9micas pudo ampliar su jornada laboral: de lunes a s\u00e1bado de 9:30 am a 8:00 pm, es decir, m\u00e1s de diez horas en las rutas de siempre: Guayabal y Bel\u00e9n, pues no puede utilizar otras. En estas dos rutas trabajan 15 vendedores, cada uno con turno determinado. Respetar esos turnos es la clave de las buenas relaciones entre el grupo. \u201cCada ruta tiene sus due\u00f1os y meterse en un bus que no corresponde puede causarle a uno problemas y hasta agresiones\u201d, explica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Marcela toma los buses en el parque San Antonio y se baja en el Centro Comercial San Diego, para desde all\u00ed devolverse. \u00c9sa es su rutina diaria. Cuenta s\u00ed con la suerte de que los conductores la tratan bien y le permiten subirse por encima de la registradora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se puede decir que ya es una &#8216;veterana&#8217; en los gajes del oficio y diario gana entre 30.000 y 40.000 pesos que, sumados a lo que gana su hermana, mal que bien alcanza para mantener a su madre y a los hijos de ambas, para pagar el alquiler y los servicios de la casa y los pasajes. Pero hay ocasiones en que no les alcanza y deben pasar los d\u00edas sin agua ni electricidad, o sin nada que comer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo otro que ha comprobado es que el hecho de estar embarazada no le concede ventaja. Su estado no conmueva a los pasajeros. Muchas veces se baja del bus sin hacer una sola venta. Otras veces siente el peso de las miradas que la juzgan y la critican.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Marcela es consciente de que su trabajo no es el mejor, sobre todo en su estado de embarazo, porque los peligros son muchos y debe aguantar las inclemencias del clima y la agreste din\u00e1mica de la vida callejera. Y a eso se suma la incertidumbre porque ha o\u00eddo decir que muchas rutas de buses se acabar\u00e1n con la entrada en operaci\u00f3n del sistema integrado de transporte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cSi no vendo en las calles no s\u00e9 que m\u00e1s podr\u00e9 hacer, porque s\u00e9 que hasta para barrer calles piden el bachillerato y en este momento no me es posible terminarlo\u201d, dice.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tampoco ha tenido la atenci\u00f3n que su embarazo requiere. Hasta ahora s\u00f3lo le han hecho una revisi\u00f3n, una vez por urgencias. Como ya sabe que nacer\u00e1 ni\u00f1a le ha conseguido algo de ropa y algunos implementos necesarios, pero le faltan muchas cosas todav\u00eda. Pero, pese a todo, es optimista en que va sacar adelante a sus dos peque\u00f1os, mientras sue\u00f1a con una vida diferente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cQuisiera terminar mis estudios y conseguir otro trabajo, con sueldo fijo. Pero lo que m\u00e1s espero es que mis hijos tengan un futuro mejor, que no pasen por lo que yo he pasado, que estudien\u201d, dice, mientras espera la llegada de otro bus.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">__________<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Publicado originalmente por la <a href=\"http:\/\/ens.org.co\/apc-aa-files\/4e7bc24bf4203c2a12902f078ba45224\/Cr_nica_trabajo_infantil_nov_2013.pdf\" target=\"_blank\">Agencia de Informaci\u00f3n Laboral<\/a> de la Escuela Nacional Sindical.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Heidi Tamayo Ortiz &#8211; septiembre 15 de 2014 A sus 17 a\u00f1os de edad Marcela ha conocido de cerca los colmillos de la pobreza, del hambre, del abandono, del trabajo y de la maternidad. 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