
Por: Nuria Barbosa León* – 14 de marzo de 2011
Fue en la Ciudad de New York donde se programó un tope bilateral de boxeo entre Cuba y Estados Unidos, allá por la década del 70.
Por: Malely Linares – 29 de enero de 2011
Durante los días dos y tres de noviembre, gran parte de los mexicanos recuerdan a sus muertos a través de las ofrendas: ellas les permiten volver a sus seres queridos, iluminando el camino desde el inframundo hasta la tierra por hileras de velas que les indican la ruta a seguir. El humo del incienso escapa por las rendijas de las puertas y ventanas, el aroma de las flores de cempoalxóchitl rodea las calles del Distrito Federal mexicano. “Huele a muertito”, dicen algunos transeúntes cuando pasan cerca de las panaderías.

Por: Nicolás Camargo – 4 de octubre de 2010
Durante los últimos quince años de sus setenta y dos de vida, don Ignacio ha vivido de los acordes de su vieja y astillada guitarra color marrón. También de la caridad de quienes transitan por la carrera tercera de la ciudad de Ibagué, entre el edificio de la Gobernación del Tolima y la Catedral. Desde que fue desplazado por paramilitares, don Ignacio no encontró otra forma de sobrevivir y su historia se ha marcado por la indiferencia.

Por: Stephania Pinzón – 24 de septiembre de 2010
Para hablar del pequeño Pachito busqué en internet su vida y obra, pero me sorprendió que un personaje tan importante para la política de este país, para el periodismo, para los movimientos sociales, no tenga buenas biografías que hablen de su niñez, juventud, y adultez. (más…)

Por: Rosaluza* 8 de septiembre de 2010
Cierto día, en mi recorrido habitual, realicé una parada para abastecerme de libros y de historias no tan ficticias. Por la Avenida Jiménez, me dispuse a parar en un café, donde oficinistas, estudiantes, intelectuales y extranjeros también hacen parte de la rutina diaria. Al salir del local, una muchacha de unos 16 años, vendedora ambulante de buzos y sacos de colores, salió corriendo con su mercadería cuando, junto a la estación de Transmilenio del Museo del Oro, se estacionó la patrulla de policía, también conocida por acá como ‘nevera’, de placa OBE- 661 y de allí se bajaban unos agentes que iban hacia su puesto, a buscarla. (más…)

Por: Amy Goodman – 7 de septiembre de 2010
Calva, valiente y hermosa: palabras que apenas alcanzan para comenzar a captar a la extraordinaria Eve Ensler, quien se sentó a mi lado la semana pasada, en medio de su batalla contra el cáncer de útero, para hablar de Nueva Orleans y de la República Democrática del Congo. Autora de la conocida obra de teatro Monólogos de la Vagina y creadora del Día V, un movimiento activista mundial para detener la violencia contra mujeres y niñas, Eve cuenta como “el cáncer ha sido un enorme regalo”. (más…)

Por: Stephanía Pinzón – 6 de septiembre de 2010
Se me pasó por alto un detalle hace un par de semanas en “¡Hundidos como debe ser!”. En realidad, aún me eran desconocidos los sueños más oscuros del pequeño JuanMa: él, como buen niño colombiano, quería ser futbolista, no político. (más…)

Por: Omar Vera – julio 23 de 2010
La carrera séptima de Bogotá, antaño calle real de Santafé, recibió a los más de 5.000 marchantes que llegaron a la capital colombiana a participar del acto de apertura del Congreso de los Pueblos y a conmemorar por su propia cuenta el bicentenario de la independencia. Ante la Casa del Florero, la casa de Manuelita Sáenz, el monumento a Policarpa Salavarrieta y la Quinta de Bolívar, lugares de gran significación para la gesta independentista, miles de indígenas, trabajadores, maestros, estudiantes, pobladores de los barrios e integrantes de decenas de organizaciones sociales realizaron una serie de actos simbólicos con los que, desde la realidad de sus comunidades, hicieron un reconocimiento a quienes lucharon hace 200 años por tener una nación libre, pero también fueron enfáticos en señalar el incumplimiento de gran parte de los propósitos de la independencia y la marcada exclusión que siguen viviendo las mayorías en estos dos siglos de vida republicana.
Ante la Casa del Florero –ubicada en una de las esquinas de la Plaza de Bolívar, sede de los tres poderes públicos en Colombia–, más de 2.000 indígenas misak, cubiertos de sus mantillas azules y sus bombines, encabezaron el primero de los actos simbólicos. Ante el lugar donde se iniciaron las revueltas que originaron el Grito de Independencia de 1819 la guardia indígena rodeó a los manifestantes para que en ese lugar una comparsa y la lectura de una proclama permitieran declarar que el proceso que hoy se conmemora no cumplió con sus objetivos, que la terminación del dominio español no trajo consigo cambios de fondo para la mayoría pobre del país, que la nueva elite criolla privilegió sus beneficios sobre el proyecto nacional que enarbolaron los patriotas, que esa misma clase dominante definió alianzas con nuevas potencias que hoy mantienen formas más sofisticadas para sojuzgar la nación y que los más sacrificados en la gesta de independencia, indígenas, afrocolombianos y campesinos, siguen hoy ignorados por el Estado, sin reconocimiento por su aporte a la construcción de lo que hoy es Colombia y en difíciles condiciones de vida.

No es para menos, reconocer el exterminio sistemático de las comunidades indígenas y el creciente empobrecimiento de la población colombiana durante la época republicana es una tarea que sigue pendiente y que ninguna de las instituciones que hoy se encarga de celebrar institucionalmente el bicentenario realiza. Por eso, la insistencia de los participantes del Congreso de los Pueblos en una conmemoración alternativa, que reivindique el papel de los excluidos en estas gestas y que muestre que los procesos por venir necesitan de la unidad de diferentes procesos políticos y sociales en nuevas luchas por la emancipación se vuelve de una relevancia enorme en un momento en que el país vive una grave crisis social, la pérdida de su soberanía y la destrucción de los movimientos sociales que pueden darle una nueva orientación a su destino.
En la casa de Manuelita Sáenz, destacada dirigente de la lucha independentista, organizaciones de mujeres y de estudiantes rindieron homenaje a la ‘Libertadora del Libertador’ y a su papel como mujer rebelde. En el reducido espacio que separa al Palacio de San Carlos –que aloja hoy a la Cancillería–, al Teatro Colón y a la casa de Manuelita, el grupo de danzas La Tulpa, conformado por estudiantes de la Universidad Nacional, realizó una puesta en escena para representar la exclusión y la desigualdad contra la que han luchado los colombianos durante los 518 años que han transcurrido desde la conquista española.

Por el histórico barrio capitalino de La Candelaria continuó la movilización hacia el monumento a Policarpa Salavarrieta y la casa de Bolívar, donde se reconoció el papel de ‘La Pola’ como luchadora social y su sacrificio, además de denunciar el uso del asesinato como método para silenciar al opositor político y destruir cualquier movimiento que luche por cambios.

La movilización desembocó, sobre las tres de la tarde, en el teatro al aire libre de La Media Torta, donde se dio lectura a la proclama con que se da inicio oficialmente al Congreso de los Pueblos, como un proceso de encuentro de organizaciones, comunidades y ciudadanos del común para hacer leyes desde abajo, desde las propias necesidades del pueblo.