Categoría: Letras

  • Apogeo de las peluquerías

    Peluquería. Foto: Gustavo Minas.
    Peluquería. Foto: Gustavo Minas.

    Por: Daniel Pizarro – octubre 18 de 2018

    Con su permiso, me gustaría decir cómo funcionan las peluquerías modernas. No es que el asunto se preste para un tratado filosófico o científico, o qué se yo, ni para tema de grandes obras literarias. Pero, bueno, lo mío son las peluquerías modernas, de vanguardia, y lo poco que puedo decir sobre ellas, ya que apenas podría referirme a otras materias, es que viven del vacío absoluto. Tal cual.

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  • Rubén Darío: poeta de poetas

    Rubén Darío.
    Rubén Darío.

    Por: Freddy J. Melo – febrero 20 de 2017

    El 18 de enero de 1867, ciento cincuenta años ha, nació en Metapa, hoy Ciudad Darío, Nicaragua, uno de los personajes más entrañables que han visto la luz en nuestra América morena. Bien vale hacer un alto en el comentario político para rememorar su paso por la tierra. No propiamente un alto, pues tanto en su obra como en su circunstancia vibra, a veces oculto entre frialdades marmóreas, un hondo latido de calidez humana y pasión de justicia, capaz de hacer frente a los bárbaros fieros con su verbo de dimensión universal.

    Félix Rubén García Sarmiento, quien elevó a la condición de príncipe de la belleza literaria el nombre de Rubén Darío, fue un mestizo que respondió a los conquistadores hispanos convirtiéndose en conquistador y reflorecedor de la lengua en decadencia y del secreto de la poesía. España se le rindió y los mejores escritores y poetas de la Península acataron su magisterio, aunque a ello era renuente, pues proclamaba una “estética acrática”, por lo que no pretendía ”marcar el rumbo de los demás”.

    El Romanticismo devenido en sensiblería impotente, el verso rutinario y la palabra acartonada vieron nacer, desde el más humilde fondo del continente que una vez formó el imperio donde no se ponía el sol, un deslumbrante río de música, color, armonía, luz y fuerza vivificante, cuyo raudal barrió los detritos de un idioma y un arte que habían perdido los contactos raigales con los Cervantes, los Quevedos y los Góngoras. Nacía en América para todo el ámbito hispánico el Modernismo, en cuyo alumbramiento había también la impronta de otra voz mayor nuestra, la del grandioso cubano José Martí, así como la de otros precursores.

    Azul fue su toque de inicio: una selección de cuentos frescos y poemas con versos, estrofas y vocablos renovados; Prosas Profanas lo llevó a su mayor esplendor sonoro y plástico, recreando un mundo aristocrático y sensual en el que el poeta refugiaba su desdén por el tiempo sombrío y sin valores que le tocó vivir; y Cantos de vida y esperanza le dio un vuelco hacia el interior profundo, mostrando al hombre de “carne viva”, su alma “sensible y sensitiva” y su toma de conciencia sobre la realidad circundante y sobre “el futuro invasor”. Otros libros potenciaron su encanto.

    De Azul:

    Es algo formidable que vio la vieja raza;
    robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
    salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
    blandiera el brazo de Hércules
    o el brazo de Sansón.

    Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
    pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
    lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
    desjarretar un toro o estrangular un león.

    De Prosas Profanas:

    La marquesa Eulalia, risas y desvíos
    daba a un tiempo mismo para dos rivales:
    el vizconde rubio de los desafíos
    y el abate joven de los madrigales.
    […]
    ¡Ay de quien sus mieles y frases recoja!
    ¡Ay de quien del canto de su amor se fíe!
    Con sus ojos lindos y su boca roja,
    la divina Eulalia ríe, ríe, ríe.

    O:

    La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
    Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
    que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
    La princesa está pálida en su silla de oro,
    está mudo el teclado de su clave sonoro
    y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

    […]

    Con ese deslumbrante modo de crear y decir, la poesía rubendariana paseó como una reina por los caminos de América y Europa. Dondequiera que el poeta ponía su planta era idolatrado, acaso como se ve hoy con los astros del cine y el deporte, salvo por las persecuciones que su nueva etapa de consciente humanismo le deparaba, por ejemplo, en México en 1910, cuando el centenario del Grito de Dolores, gran fiesta patria, Darío no fue admitido en la capital por presiones imperiales sobre Porfirio Díaz. En vano protestaron las muchedumbres. Hubo de quedarse en la costa, aclamado por multitudes en Veracruz, Jalapa y Teocelo, pero desairado –para fortuna suya, en realidad– por el dictador acobardado y próximo a ser barrido por la revolución, el mismo que había dicho «¡Pobrecito México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos!».

    La muerte del eximio compatriota de Sandino, 6 de febrero de 1916, fue un doloroso golpe tanto para los cultores de la palabra poética como para las personas más sencillas de dos mundos. Citemos al gran Antonio Machado:

    Que en esta lengua madre su clara historia quede.
    Corazones de todas las Españas, llorad.
    Rubén Darío ha muerto en Castilla del Oro;
    esta nueva nos vino atravesando el mar.
    Pongamos, españoles, en un severo mármol
    su nombre, flauta y lira y una inscripción no más:
    nadie esta lira taña si no es el mismo Apolo,
    nadie esta flauta suene si no es el mismo Pan.

    Y mi modesto homenaje en verso:

    De la encina templada por los vientos
    que fuera casa de águila y paloma,
    con polvo enamorado y sin carcoma,
    con Cid, Quijote y grávidos momentos,
    iban quedando mustios, somnolientos
    la luz de las palabras y su aroma,
    en dilución la sangre del idioma,
    sin nervios el poema y sin acentos.

    Y entonces fue el azul de la revancha…
    Con voz profana de esperanza y vida
    pusiste el sol de América en la cancha.

    Algo de Francia y Grecia, mas la esencia
    fue, Rubén, la canción reflorecida
    y el alma nueva en carne y en conciencia.

    Rubén Darío, gloria de Nicaragua y Nuestra América, poeta de poetas, debe ser conocido por los pueblos revolucionarios de hoy.

  • De muerte o de muerto

    Miles de ancianos viven en la calle en las principales ciudades de Colombia. Foto: Rusvelt Nivia Castellanos.
    Miles de ancianos viven en la calle en las principales ciudades de Colombia. Foto: Rusvelt Nivia Castellanos.

    Por: Rusvelt Nivia Castellanos – julio 16 de 2016

    El cielo está todo oscuro, el aire está nublado y vos estás absolutamente solo, viejo de la perdida infancia.

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  • El esmog

    "Naturaleza rebelde" - Foto: Luca Rossato.
    «Naturaleza rebelde» – Foto: Luca Rossato.

    Por: Romina Colli – abril 8 de 2016

    El esmog inunda la ciudad como un castigo a los excesos. Demasiados autos, demasiada gente yendo con demasiada prisa hacia edificios demasiado altos por avenidas con demasiados niveles. Es bien sabido que esta es una ciudad gris, con corazón de cemento, y huesos de hormigón. Aún así hay días en que se supera a sí misma.

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  • A los 84 murió Eco

    Umberto Eco - Foto: Abderrahman Bouirabdane.
    Umberto Eco – Foto: Abderrahman Bouirabdane.

    Por: Gilberto Montalvo Jiménez – marzo 7 de 2016

    Con su grandilocuencia verbal, mi amigo Elías Mejía Henao ordenó sin pausa que debía meterme en «Número cero», la última exquisitez del más crítico de los críticos. Insalvable mi curiosidad por alguien que había sido de cabecera desde El Nombre de la Rosa o el Péndulo de Foucault.

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  • Campesino asalariado

    Campesino - Foto: Damián DomínguezPor: Jairo Alberto Uribe – marzo 31 de 2014

    Ésta es una historia convertida en palabras: la del asesinato de uno de mis tíos en los límites entre Amalfi y Vegachí (Antioquia). Allí falleció de manera muy triste, como lo cuenta el poema, el señor Carlos Uribe Lopera.

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  • Viajar y leer

    El escritor mexicano Sergio Pitol - Foto: Aurelio Asiain

    Por: Erasmo Magoulas – febrero 7 de 2015

    Estando de vacaciones en Cuba me topé con una de las obras del escritor Sergio Pitol. Mi limitado conocimiento del maestro no abarcaba más que el haberme deleitado con algunos de sus artículos sobre su pasión por la literatura, el Renacimiento del Cinquecento, sus viajes y estadías lejano de su México natal, algunos amores eternos como los jurados a Chéjov y Mann, y no mucho más. Verdaderamente muy poco para el universo pitoliano.

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  • Dos monjitas en el aeropuerto Schiphol

    Monja - Foto: Juan Calderón

    Por: Erasmo Magoulas – diciembre 16 de 2014

    Llegaba al aeropuerto de Amsterdam, en tránsito para Madrid. Busqué el panel de Próximas Salidas. Cuando llegué a la sala de espera, ya habían otras dos personas.

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  • José Emilio Pacheco ha muerto

    José Emilio Pacheco - Foto: Octavio Nava

    Por: Harold Alvarado Tenorio – enero 28 de 2014

    Uno de los más versátiles escritores de los últimos tiempos, José Emilio Pacheco (México, 1939-2014), trabajó con varia y singular fortuna diversos géneros literarios donde combina la protesta social y un lejano cosmopolitismo, suma, quizás, de su fascinación por las culturas de la antigüedad clásica, los símbolos y rituales que han sobrevivido a la historia y la paradójica continuidad del pasado en el presente, que aprendió, sin duda, en Octavio Paz.

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  • Fandango, no rapsodia

    Fandango - Foto: Paolo Barzman

    Por: Marta Lucía Fernández Espinosa – 25 de septiembre de 2013

    Una rapsodia es una obra musical poco afecta a las estructuras formales, propia del romanticismo y que generalmente obtiene su particularidad agrupando fragmentos de obras populares. No es en sí una obra de origen popular, podría decirse que es apenas la referencia al populacho que excita, atrae y engaña. En cambio, el fandango es un ritmo popular acompasado, que suele ir acompañado de baile exaltado y bullicio de los participantes.

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