Categoría: Nación

  • De una paz mezquina y barata

    Los guerrilleros de las FARC-EP se han concentrado sin que se cumplan las condiciones contempladas en los acuerdos de paz. Foto: Andrés Gómez.
    Los guerrilleros de las FARC-EP se han concentrado sin que se cumplan las condiciones contempladas en los acuerdos de paz. Foto: Andrés Gómez.

    Por: Andrés Gómez – abril 6 de 2017

    Ante el incumplimiento en la construcción y adecuación de las Zonas Veredales de Transición y Normalización (ZVTN), y las dilaciones y cambios en la Justicia Especial para la Paz (JEP), queda claro que una cosa es lo acordado entre las FARC-EP y el Gobierno Nacional y otra la implementación.

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  • Romaña: “Atacar a los cocaleros es reversarse 50 años”

     Henry Castellanos Garzón 'Romaña' junto con sus hombres rumbo a la zona veredal de Tumaco. Foto: Andrés Gómez.
    Henry Castellanos Garzón ‘Romaña’ junto con sus hombres rumbo a la zona veredal de Tumaco. Foto: Andrés Gómez.

    Por: Andrés Gómez – marzo 13 de 2017

    Henry Castellanos Garzón ha usado el nombre de guerra de ‘Romaña’ desde que se integró a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) a finales de la década de 1980. Hoy, cuando supera los 50 años, es miembro del Estado Mayor Central de dicha organización insurgente y hace parte de la comisión creada en los diálogos de La Habana para el desmonte del paramilitarismo.

    Actualmente, ‘Romaña’ dirige a los guerrilleros que se concentran en la Zona Veredal de Transición y Normalización (ZVTN) de Tumaco (Nariño), municipio crucial para la implementación del proceso de paz. Con aproximadamente 29.000 hectáreas sembradas, Tumaco se constituye como el municipio con más coca en el país. Además, varios grupos paramilitares tienen desplegados allí al menos 150 hombres que usan uniformes camuflados y armas largas en las zonas rurales.

    ‘Romaña’ habló con El Turbión sobre el fenómeno del paramilitarismo, sobre lo que pensaba el ‘Mono Jojoy’ acerca de la paz y sobre el futuro de esa organización como movimiento político. Además, manifestó su opinión respecto a las negociaciones entre el gobierno Santos y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y expresó su más grande temor: que el Estado incumpla con lo acordado en La Habana sobre temas como la sustitución voluntaria de los cultivos de coca, se terminen formando más guerrillas campesinas y no cese la violencia en el país.

    Andrés Gómez: -En esta área hay más de una centena de paramilitares distribuidos en varios grupos, hombres que amenazan la vida de líderes sociales, la de ustedes y los acuerdos. Estas estructuras siguen estando cercanas a sectores del empresariado colombiano, a mafias dedicadas al narcotráfico y a las Fuerzas Armadas. Teniendo todo esto en cuenta, ¿ud. cree que estos grupos armados deben desmontarse mediante la fuerza o cree en otra salida?

    ‘Romaña’: -Este es un tema que tratamos el 3 de febrero con el gobierno y los militares: el fenómeno del paramilitarismo, las bandas sucesoras del paramilitarismo y otras de narcotraficantes y de delincuencia común, no solo en Tumaco sino en todo el departamento de Nariño.

    Inclusive, ellos están exigiéndole al Estado colombiano que se quieren acoger al tema jurídico y, por eso, en el tema de garantías de seguridad quedó muy bien explicado y sustentado que no solo es la vía militar y la vía coercitiva sino que también se pueden hacer acciones persuasivas [respecto a esos grupos].

    AG: -Ud. es un comandante guerrillero con fama de militarista, ¿por qué aboga por una salida diferente a la militar con los enemigos de las FARC y del proceso de paz?

    ‘Romaña’: -Porque en Colombia estamos pensando que lo fundamental es que haya salidas dialogadas a los conflictos y no generar más violencia. Queremos que todo el pueblo entienda que la mejor salida para un conflicto en este instante es la salida dialogada y no solamente la salida militar porque genera más violencia. En el caso del Bronx se puede ver: fue un ataque militar contra los indigentes y ahora tenemos cantidades de Bronx, y de esto se alimenta el paramilitarismo y la delincuencia en Colombia.

    AG: -Ud conoció a Jorge Briceño, el ‘Mono Jojoy’. ¿Qué decía él sobre la paz en Colombia? ¿Creía en una salida política?

    ‘Romaña’: -Los grandes medios de comunicación tratan de demonizar a las personas y, en especial, a las FARC. En mi caso también ha pasado lo mismo. Nosostros siempre hemos dicho, desde Marquetalia, que la salida al conflicto armado es el diálogo.

    El ‘Mono’ era una persona que tenía valores y sentimientos, una persona amable, tratable, que era cariñoso y que pensaba en la paz para Colombia. Inclusive, en plenas operaciones militares del Plan Patriota y del Plan Colombia lo planteó y dijo que era hora de que no hubiera más muertos. Él se preguntaba cuántos muertos más se necesitaban para hablar y él a gritos lo pedía y lo exigía. Decía que en la selva se quedarían solo los paujiles y los animales, y que nosotros nos iríamos a las ciudades a hacer política y a buscar transformaciones para el país.

    AG: -Hay todavía gente que piensa que el acuerdo de paz fue una rendición y entrega las FARC. ¿Qué piensa de estas afirmaciones?

    ‘Romaña’: -Nosotros buscamos la paz porque sabemos qué es la guerra. En este momento hay intelectuales de izquierda en el mundo y en Colombia que dicen que nosotros nos rendimos. Es muy fácil hacer la guerra y hablar carreta desde los escritorios y no desde la propia linea de combate.

    AG: -Sobre los acuerdos de paz en Centroamérica hay estudiosos que afirman que lo que no ha hecho la salida militar lo hace la paz liberal. Las multinacionales y capitalismo destruyen las formas organizativas que crearon las guerrillas para convivir. ¿Que hacen las FARC para que su proyecto político no sea menoscabado por el proceso mismo y la paz liberal?

    ‘Romaña’: -Nosotros planteamos en repetidas ocasiones que la implementación de los acuerdos es en conjunto con el pueblo colombiano y que ahora, que se avecinan las nuevas elecciones, se requiere de un gobierno de trancisión que se comprometa a realizar una asamblea nacional constituyente para que sea el pueblo quien acabe de ganar los espacios que no fuimos capaces de ganar [las FARC] para que las multinacionales no se roben las riquezas de nuestra nación.

    AG: -¿A dónde iría Henry Castellanos una vez empiece el proceso de implementación de los acuerdos y las FARC dejen de usar las armas?

    ‘Romaña’: -Esa es una de las preguntas que más me han hecho diferentes medios. Nosotros cumplimos órdenes. Ahora estamos estudiando y leyendo las conclusiones del pleno que acabó de pasar en el Yarí, donde se ordenó y facultó al Estado Mayor Central para dar el paso a ser un partido político nacional, lo que se debatirá en los primeros días de mayo en un congreso que dará lineamientos sobre qué hacer.

    Osea, acá no es lo que uno quiera hacer sino lo que la revolución, la dirección y los mandos superiores ordenen hacer.

    AG: -Con la experiencia que tienen las FARC al haber dialogado por años con el Estado, ¿qué le sugieren al gobierno Santos respecto a los diálogos que sostiene ahora con el ELN?

    ‘Romaña’: -Le sugiero primero al Estado que reconozca el origen del surgimiento de las guerrillas para poder negociar porque uno se sienta a hablar con la oligarquía colombiana y [sus delegados] realmente no saben quiénes somos nosotros, por qué nos alzamos en armas, cómo vivimos, cuáles son las necesidades, por qué se ha dado el conflicto social y armado en Colombia. Entonces, para avanzar en ese proceso con el ELN tienen que conocerse esas causas, esa raíces del alzamiento armado.

    ¿Porqué nos sostenemos? Por el apoyo de la población, del pueblo. Entonces, mi ilusión es que en este momento todos nos unamos en el objetivo de la paz para los colombianos. Si se abren los espacios políticos, como el gobierno colombiano ha dicho, entonces, tenemos que aprovecharlos para buscar lo que nos hemos propuesto.

    AG: -El proceso de erradicación de coca y el desmonte de la producción de cocaína para el mercado mafioso es vital para la paz en el país. En su concepto, siendo ud. una persona que ha estado en áreas en las que el cultivo de coca es prácticamente el único medio de subsistencia para los campesinos, ¿qué debe hacer el Estado para que se deje de cultivar coca con destino al mercado mafioso?

    ‘Romaña’: -Ese el temor más grande que tengo yo y se lo he dicho a los medios de comunicación. Si el Estado colombiano sigue con la política de atacar el eslabón más débil, que son los campesinos a quienes los obligaron a sembrar esas matas de coca para poder subsistir y manterner a sus familias, se van a conformar muchas guerrillas en Colombia, van a haber muchas Marquetalias.

    Si atacan a los cocaleros es reversarse más de 50 años, es volver a esa época en que el Estado atacó a unos campesinos que estaban alimentándose y haciendo sus fincas. Ahora atacan a estos campesinos que viven de la hoja de coca y es el sustento de ellos.

    Ese es el temor más grande que tengo: que el Estado incumpla lo que pactamos en Cuba, que es concertar reuniones con la población civil, con las FARC-EP y el gobierno para dialogar con esos campesinos que cultivan coca. Lo que esos campesinos quieren que el gobierno haga escuelas, carreteras y puestos de salud, que les formalice sus territorios e implemente proyectos productivos, es decir, que se generen condiciones para que tengan opciones de vida y no la de la coca. Pero, es necesario el compromiso de la comunidad internacional para que no exista esa demanda que hoy existe: si hay demanda hay oferta y habrá cocaína.

  • «Nuestra única arma será la palabra»

    Rodrigo Londoño, jefe de las FARC-EP, firma el acuerdo final para la terminación del conflicto entre su organización y el Gobierno Nacional. Foto: Delegación de paz de las FARC.
    Rodrigo Londoño, jefe de las FARC-EP, firma el acuerdo final para la terminación del conflicto entre su organización y el Gobierno Nacional. Foto: Delegación de paz de las FARC.

    Septiembre 26 de 2016

    Por considerarlas de importancia para el país, transcribimos las declaraciones de Rodrigo Londoño, comandante en jefe de las FARC-EP, en el acto de firma del acuerdo final entre el Gobierno Nacional y esa organización.

    Mis primeras palabras tras la firma de este acuerdo final van dirigidas al pueblo de Colombia, pueblo bondadoso que siempre soñó con este día, pueblo bendito que nunca abandonó la esperanza de poder construir la patria del futuro, donde las nuevas generaciones, es decir, nuestros hijos y nuestros nietos, nuestras mujeres y hombres, puedan vivir en paz, democracia y dignidad, por los siglos de los siglos.

    Pienso también en los marginados que pueblan los cinturones de miseria de esta Cartagena, la Ciudad Heroica, que deseando estar aquí, en esta celebración, no pudieron hacerlo. A ellos y ellas les extiendo mi mano de hermano y los abrazo con el corazón. Ustedes, junto al resto de la sociedad colombiana, también serán artífices de la siembra de la paz que apenas empieza.

    Se dice que esta legendaria ciudad de mar, de playas preciosas, de brisa, de murallas antiguas, de historia valerosa y gente extraordinaria, logró enamorar a nuestro nobel Gabriel García Márquez, quien llegó a decir: “me bastó con dar un paso dentro de la muralla para verla en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer”. Pues así estamos hoy, seguramente, quienes asistimos a este ocaso del día en que renacemos para echar a andar una nueva era de reconciliación y de construcción de paz.

    Compatriotas, esta lucha por la paz que hoy empieza a dar sus frutos viene desde Marquetalia, impulsada por el sueño de concordia y de justicia de nuestros padres fundadores, Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas, y más recientemente por la perseverancia del inolvidable comandante Alfonso Cano. A ellos y a todos caídos en esta gesta por la paz nuestro eterno reconocimiento.

    Como ustedes saben, la X Conferencia Nacional de Guerrilleros de las FARC-EP ha refrendado de manera unánime los acuerdos de La Habana y ha mandatado la creación del nuevo partido o movimiento político, lo cual configura el paso definitivo de la forma de lucha clandestina y con alzamiento armado a la forma de lucha abierta, legal, hacia la expansión de la democracia. Que nadie dude que vamos hacia la política sin armas, preparémonos todos para desarmar las mentes y los corazones.

    En adelante, la clave está en la implementación de los acuerdos, de tal manera que lo escrito en el papel cobre vida en la realidad. Y para que ello sea posible, además de la verificación internacional, el pueblo colombiano deberá convertirse en el principal garante de la materialización de todo lo pactado. Nosotros vamos a cumplir, y esperamos que el gobierno cumpla.

    Nuestra satisfacción es enorme al constatar que el proceso de paz de Colombia es ya un referente para la solución de conflictos en el mundo. ¡Cuánto deseamos que la Autoridad Palestina e Israel encuentren la senda de la reconciliación! ¡Cómo anhelamos de corazón que en Siria se silencien las bombas y el horror de una guerra que victimiza a un pueblo, que lo destierra y lo obliga a lanzarse al mar en barcazas inseguras para buscar refugio en países que también los rechazan y los reprimen sin ningún sentimiento de humanidad! ¡Paz negociada para Siria, pedimos desde ultramar, desde Cartagena de Indias! ¡Paz para el mundo entero! No más conflictos bélicos con sus terribles dramas humanos, en los que mujeres, niñas y niños conmueven con sus lágrimas y tristezas.

    Con el acuerdo que hoy suscribimos aspiramos poner punto final en Colombia a la larga historia de luchas y enfrentamientos continuos que han desangrado nuestra patria, como destino cruel y fatal desde tempranas épocas. Sólo un pueblo que ha vivido entre el espanto y los padecimientos de una y otra guerra durante tantas décadas podía tejer pacientemente los sueños de paz y justicia social sin perder nunca la esperanza de verlas coronadas por sendas distintas a la confrontación armada, mediante la reconciliación y el perdón. Un pueblo que anhela que la persecución, la represión y la muerte y el accionar paramilitar, que aún persisten, así como múltiples causas del conflicto y la confrontación, puedan ser superadas en forma definitiva.

    La más reciente cumbre de la Celac determinó, con el consenso de todos los países de América Latina y el Caribe, que esta parte del mundo debe ser un territorio de paz. El acuerdo final de La Habana llega a ratificar ese propósito, poniendo fin al más largo conflicto del continente. La Tierra entera debería ser declarada territorio de paz, sin cabida alguna a las guerras, para que todos los hombres y mujeres del orbe podamos llamarnos y actuar como lo que efectivamente somos, hermanos y hermanas bajo la luz del sol y la luna, dejando atrás cualquier destello de miseria y desigualdad.

    El tratado de paz que suscribimos hoy en Cartagena no sólo pone fin a un conflicto nacido en Marquetalia en el año de 1964 sino que aspira a sellar para siempre la vía de las armas, tan largamente transitada en nuestra patria. ¿Quién sabe qué vandálico sino tomó puesto en amplios sectores de la clase dirigente colombiana desde el mismo grito de la independencia de España? Las incontables guerras civiles del siglo XIX proporcionan el lúcido testimonio de la odiosa manía de pretender solucionar todas las diferencias a tiros, eliminando físicamente al contradictor político y no derrotando sus ideas con apoyo popular, encubriendo, de esa forma, propósitos oscuros para la preservación y prolongación de un régimen de privilegios y de enriquecimiento en beneficio propio.

    En nuestro parecer, toda forma de violencia es, en sentido filosófico y moral, un atentado contra la humanidad entera, pero dolorosamente constituye a la vez un dramático testimonio de la historia humana. Si alguna cosa ha demostrado la historia, es que no hay pueblo que soporte indefinidamente la brutalidad del poder, aunque después lo llamen con los apelativos que quieran. Del mismo modo, los pueblos, víctimas iniciales y finales de todas las violencias, son a la vez los primeros en soñar y desear la paz y la convivencia arrebatadas. Todo pueblo ama sus niños y niñas, y sueña con esperanza un futuro feliz para ellos. Esa ha sido nuestra incesante búsqueda.

    Convinimos en La Habana la realización de rigurosas investigaciones sobre el esclarecimiento de la verdad histórica del conflicto colombiano. Dejemos, por tanto, a ellas las conclusiones finales. Pero, que se reconozca que las FARC-EP siempre intentamos, por todos los medios, evitarle a Colombia las desgracias de un prolongado enfrentamiento interno. Otros intereses, demasiado poderosos en el plano internacional y en los centros urbanos y los campos del país, se encargarían de inclinar la balanza en el sentido contrario a través múltiples medios y de una intensa acción comunicativa en la que la manipulación mediática y la mentira han hecho parte del pan de cada día.

    No obstante, jamás podrá borrarse de la historia que, durante más de treinta años, cada proceso de paz significó un logro de la insurgencia y de los sectores populares que lo exigían, y que, por tanto, tenemos pleno derecho a declarar como una victoria de estos la suscripción de este acuerdo final por el presidente Juan Manuel Santos y la comandancia de las FARC-EP. Siendo igualmente justos, hay que decir que este tratado de paz es también una victoria de la sociedad colombiana en su conjunto y de la comunidad internacional.

    Sin ese amplio respaldo social y popular, que fue creciendo a lo largo y ancho de la patria durante los estos últimos años, no estaríamos frente a este magnífico acontecimiento de la historia política del país. Hoy debemos agradecer por su contribución en el logro de este propósito colectivo a las mujeres y hombres de esta bella tierra colombiana, a los campesinos, indígenas y afrodescendientes, a los jóvenes, a la clase trabajadora en general, a los artistas y trabajadores el arte y la cultura, a los ambientalistas, a la comunidad Lgbti, a los partidos políticos y los movimientos sociales, a las diferentes comunidades religiosas, a importantes sectores empresariales y, sobre todo, a las víctimas del conflicto. Nuestros niños y niñas, los más beneficiados, pues ellos son la semilla de las generaciones futuras, nos han conmovido con sus grandiosas expresiones de dulzura y esperanza.

    Debemos admitir que nuestro propósito de búsqueda de una salida política al desangre fratricida de la nación encontró en el presidente Juan Manuel Santos un valeroso interlocutor, capaz de sortear con entereza las presiones y provocaciones de los sectores belicistas. A él le reconocemos su probada voluntad por construir el acuerdo que hoy se firma en nuestra Cartagena heroica. Por primera vez en más de un siglo, se lograron por fin aunar suficientes voluntades para decir no a los amigos de la guerra que durante tanto tiempo se apoderaron del acontecer nacional para sumirlo en un caos interminable y doloroso.

    Toda esta construcción social y colectiva pudo rendir frutos gracias al incansable apoyo de los países garantes. Nuestro agradecimiento a Cuba, al comandante de esa gloriosa revolución, Fidel Castro Ruz, al general de Ejército y presidente Raúl Castro Ruz y al pueblo cubano en general. Igualmente, al Reino de Noruega y a todo el pueblo noruego por decidido apoyo al proceso.

    Reconocimiento especial merece el comandante Hugo Chávez, sin cuyos trabajos, pacientes como discretos, este final feliz no hubiera tenido comienzo. A Nicolás Maduro, continuador de ese generoso esfuerzo de paz, en su condición de presidente de la República Bolivariana de Venezuela, país acompañante, y, desde luego, al pueblo de la hermana república. Nuestro agradecimiento a Chile, en su calidad de país acompañante, a su pueblo, a su presidenta Michelle Bachellet. También a la Organización de Naciones Unidas. La paz de Colombia es la paz de nuestra América y de todos los pueblos del mundo.

    Con el acuerdo final se ha dado un trascendental paso adelante en la búsqueda de un país diferente, comprometiéndose a una reforma rural integral para contribuir a la transformación estructural del campo; promoverá una participación política denominada ‘apertura democrática para construir la paz’, con la que se busca ampliar y profundizar la democracia. Las FARC-EP dejamos las armas al tiempo que el Estado se compromete a proscribir la violencia como método de acción política, esto es, a poner fin definitivo a la persecución y el crimen contra el opositor político, a dotarlo de plenas garantías para su actividad legal y pacífica.

    Junto con el cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y la dejación de armas, con los cuales termina para siempre la confrontación militar, fue pactada la reincorporación de las FARC-EP a la vida civil en lo económico, lo social y lo político, de acuerdo con nuestros intereses, y se suscribió el acuerdo sobre garantías de seguridad y lucha contra las organizaciones criminales o paramilitares que desangran y amenazan a Colombia.

    Especial atención merece la previsión del pacto político nacional, por medio del cual el gobierno y el nuevo movimiento político surgido de nuestro tránsito a la actividad legal promoveremos un gran acuerdo nacional y desde las regiones con todas las fuerzas vivas de la nación, a fin de hacer efectivo el compromiso de todos los colombianos y colombianas para que nunca más sean utilizadas las armas en la política ni se promuevan organizaciones violentas como el paramilitarismo. De materializarse este propósito común, Colombia habrá logrado dar un gigantesco paso adelante en el camino de la civilización y el humanismo.

    De algo estamos bien seguros: si este acuerdo final no deja satisfechos a sectores de las clases pudientes del país, en cambio, representa una bocanada de aire fresco para los más pobres de Colombia, invisibles durante siglos, y para los y las jóvenes, en cuyas manos se encuentra el futuro de la patria, los cuales serán la primera generación de nacionales que crece en medio de la paz.

    Son casi tres centenares de páginas las contentivas del acuerdo final que suscribimos aquí, difíciles de resumir en tan breve espacio. Su firma no significa que capitalismo y socialismo comenzaron a sollozar reconciliados en brazos el uno del otro. Aquí nadie ha renunciado a sus ideas ni arreado sus banderas derrotadas. Hemos acordado que seguiremos confrontándolas abiertamente en la arena política, sin violencia, en un apoteósico esfuerzo por la reconciliación y el perdón; por la convivencia pacífica, el respeto y la tolerancia; y, sobre todo, por la paz con justicia social y democracia verdadera.

    Recordando a San Francisco de Asís, debemos repetirnos que cuando se nos llene la boca hablando de paz, debemos cuidar primero de tener nuestros corazones llenos de ella.

    En todos los escenarios posibles continuará retumbando nuestra voz contra las injusticias inherentes al capitalismo; denunciando la guerra como el instrumento favorito de los poderosos para imponer su voluntad a los débiles por medio de la fuerza y el miedo, clamando por la salvación y la conservación de la vida y la naturaleza, exigiendo el fin de cualquier forma de patriarcado y discriminación, proponiendo salidas verdaderamente humanas y democráticas a todos los conflictos, seguros de que la inmensa mayoría de los pueblos prefieren la paz y la hermandad sobre los odios y que merecen, por tanto, ocupar un lugar de privilegio en la adopción de las decisiones que envuelven el futuro de todos.

    Colombia requiere de transformaciones profundas para hacer realmente verdaderos los sueños de la justicia social y el progreso. La paz es, sin duda alguna, el elemento esencial para los grandes destinos que nos esperan como nación, que deberán caracterizarse más por sus luces que por su poderío, como diría el Libertador.

    Para hacerlo posible nuestra patria requiere, además, de un renacimiento ético, de la restauración moral que predicaba Jorge Eliécer Gaitán antes de ser asesinado aquel fatídico 9 de abril de 1948. El enriquecimiento fácil y el descarado engaño, la cizaña sembrada en las mentes de los ciudadanos por la mentira mediática habitual, la farsa de la educación fundada en el ánimo de lucro de empresarios sin principios, la enajenación cotidiana sembrada por la publicidad mercantil, entre otros graves males, exigen para superarlos lo mejor de los valores humanos de nuestros compatriotas.

    La sociedad colombiana tiene que ser claramente inclusiva en lo económico, lo político, lo social y lo cultural. El Estado colombiano, tras la firma de este acuerdo, no puede seguir siendo el mismo en que se permite que la salud sea un negocio. Los tristemente famosos paseos de la muerte y las agonías a las puertas de los hospitales tienen que desaparecer para siempre. No más familias condenadas a la calle y la miseria por cuenta de las usurarias deudas con el sistema financiero o las bandas del gota a gota. La seguridad con la que tanto sueñan los colombianos y las colombianas no debe depender tanto del tamaño de las fuerzas de seguridad del Estado como del combate a la pobreza y la desigualdad, y a la falta de oportunidades que padecen millones de compatriotas, fuente real de las formas más sentidas de la delincuencia. Los servicios públicos deben llegar a todos y a todas. Es a esa tarea a la que nos proponemos sumarnos desde ahora, sin arma distinta que nuestra palabra. Y es eso lo que el Estado colombiano ha prometido solemnemente respetar y proteger.

    Al contrario de quienes predican que nuestro ingreso a la política abierta en Colombia constituye una amenaza, sentimos que millones de colombianos y colombianas nos extienden sus brazos generosos y felicitan a su gobierno por haber alcanzado al menos la terminación del conflicto armado, entre sus disímiles propósitos. De todas partes del mundo recibimos emocionados saludos de aplauso por lo conseguido. La paz de Colombia es la paz de nuestra América, vuelven a repetirnos todos los gobiernos del continente.

    Ante ellos sellamos nuestro compromiso de paz y reconciliación. Donde quiera que en adelante plante sus pies un antiguo combatiente de las FARC-EP, pueden tener la seguridad de encontrar a una persona decente, serena y sensata, inclinada al diálogo y la persuasión; a una persona dispuesta a perdonar, sencilla, desprendida y solidaria; a una persona amiga de los niños, de los humildes y ansiosa de trabajar por un nuevo país de modo pacífico.

    Casi cinco años atrás, en una nota destinada a ser leída por el presidente Santos, a pocos días de producida la muerte de nuestro comandante Alfonso Cano, terminaba diciéndole: “así no es, Santos, así no es”. Con la convicción de que Colombia se merecía un acuerdo mucho mejor y que quizás con un poco más de voluntad lo hubiéramos logrado, debo reconocer que lo firmado hoy constituye una luz de esperanza, preñada de anhelos de paz, justicia social y democracia verdadera, un documento de descomunal trascendencia para el futuro de nuestros hijos e hijas y de la patria entera.

    Los más de diez mil millones de dólares invertidos en la guerra por el Plan Colombia y el gigantesco gasto para la financiación de la guerra hubieran servido para solucionar buena parte de los males del pueblo colombiano. Pero, como diría nuestro comandante Jorge Briceño, ya no es tiempo de llorar sino de echar para adelante. Después de centenares de miles de muertos y millones de víctimas, al suscribir juntos este documento le digo, presidente, con emoción patriótica, que este sí era el camino indicado. ¡Así sí era!

    Los soldados y policías de Colombia han de tener claro que dejaron de ser nuestros adversarios, que para nosotros está definido que el camino correcto es reconciliación de la familia colombiana. Esperamos de ellos, como lo aseguraron varios de sus más destacados mandos que jugaron importante papel en la Mesa de La Habana, una mirada distinta a la que siempre nos reservaron. Todos somos hijos del mismo pueblo colombiano, nos afectan por igual sus grandes problemas.

    A nuestros guerrilleros, a nuestros prisioneros de guerra, a sus familias, a nuestros licenciados de filas y lisiados queremos enviarles un mensaje de aliento: ustedes vivieron y lucharon como héroes, abrieron con sus sueños la senda de la paz para Colombia. Los tres monumentos que se construirán con sus armas darán testimonio eterno de lo que representó la lucha de los combatientes de las FARC-EP y del pueblo humilde y valiente de esta patria.

    Colombia espera ahora que, gracias a la necesaria disminución del porcentaje del gasto público destinado a la guerra que deberá traer el fin de la confrontación y el consecuente aumento de la inversión social, nunca jamás, ni en La Guajira, ni en Chocó ni en ningún otro espacio del territorio nacional tengan por qué seguir muriendo niños de hambre, desnutrición o enfermedades curables.

    Hemos coronado, por vía del diálogo, el fin del más largo conflicto del hemisferio occidental. Somos los colombianos y colombianas, por tanto, un ejemplo para el mundo. Que en adelante seamos dignos de llevar un honor semejante. Reconozcamos que cada una y uno de nosotros tenemos a quiénes llorar. Perdimos a hijos e hijas, hermanos y hermanas, padres y madres, amigos y amigas. ¡Gloria a todos los caídos y víctimas de esta larga conflagración que hoy termina!

    En nombre de las FARC-EP, ofrezco sinceramente perdón a todas las víctimas del conflicto por todo el dolor que hayamos podido ocasionar en esta guerra.

    Qué Dios bendiga a Colombia. Se acabó la guerra. Estamos empezando a construir la paz.

    [Pasa un avión de la FAC] Bueno, esta vez vinieron a saludar la paz y no a descargar bombas.

    El amor de Mauricio Babilonia por la Meme podrá ser ahora eterno y las mariposas que volaban libres tras él, simbolizando su infinito amor, podrán ahora multiplicarse por los siglos cubriendo la patria de esperanza.

    ¡Bienvenida esta segunda oportunidad sobre la Tierra!

  • «La paz germina ya»

    El presidente Santos firma el acuerdo final para la terminación del conflicto con las FARC-EP. Foto: Juan Pablo Bello, Presidencia.
    El presidente Santos firma el acuerdo final para la terminación del conflicto con las FARC-EP. Foto: Juan Pablo Bello, Presidencia.

    Septiembre 26 de 2016

    Por considerarlas de importancia para el país, transcribimos las declaraciones del presidente Juan Manuel Santos en el acto de firma del acuerdo final entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP.

    ¡Oh, gloria inmarcesible! ¡Oh, júbilo inmortal! En surcos de dolores, el bien germina ya. En surcos de dolores, ¡la paz germina ya! Desde cuando Rafael Núñez escribió estas palabras, a mediados del siglo XIX, nunca habían tenido tanto sentido como ahora.

    Hemos vivido, hemos sufrido, por 52 años un conflicto armado entre hijos de una misma nación. Pero voy más allá: han sido casi 70 años de violencia política desde el magnicidio de Gaitán, cuando los colombianos nos enfrentábamos siguiendo una bandera roja o una bandera azul.

    Hoy, al firmar el acuerdo de terminación del conflicto con las FARC, decimos esperanzados: ha sido un surco de dolores, de víctimas, de muertes, pero hemos logrado levantarnos sobre él para decir: ¡el bien germina ya! ¡la paz germina ya!

    Hoy Colombia y la comunidad internacional, representada por sus más altos dignatarios, saludan el acuerdo de paz como la mejor noticia en medio de un mundo convulsionado por la guerra, los conflictos, la intolerancia y el terrorismo.

    ¡Y qué bueno dar esta noticia desde Cartagena de Indias! [Esta es] la ciudad que vio a San Pedro Claver trabajar por los derechos de los esclavos, la ciudad que defendió su libertad con más firmeza que ninguna, la ciudad que hoy congrega a visitantes del mundo entero para admirar su belleza y su historia. Cartagena fue conocida por resistir la guerra y el asedio, y se ganó el apelativo de Ciudad Heroica. A partir de ahora será recordada como el lugar donde se firmó el acuerdo de paz más importante en la historia reciente de Colombia y será por eso, también, la Ciudad de la Paz.

    Gabo, el gran ausente en este día y que fue artífice en la sombra de muchos intentos y procesos de paz, no alcanzó a estar acá para vivir este momento en su Cartagena querida, donde reposan sus cenizas. Pero, debe estar feliz viendo volar sus mariposas amarillas en la Colombia que él soñó, nuestra Colombia que alcanza, por fin, como él dijo, “una segunda oportunidad sobre la tierra”.

    Lo que firmamos hoy, luego de años de negociaciones serias, discretas, difíciles, es algo más que el acuerdo entre un gobierno y una guerrilla para terminar un conflicto armado. Lo que firmamos hoy es una declaración del pueblo colombiano ante el mundo de que nos cansamos de la guerra, de que no aceptamos la violencia como medio para defender las ideas, de que decimos fuerte y claro: ¡no más guerra!

    No más de esta guerra que nos dejó cientos de miles de muertos, millones de víctimas y desplazados, y tantas heridas que tenemos que comenzar a sanar. No más de esa intolerancia que nos exige doblegar o excluir al otro por el solo hecho de pensar diferente.  No más de la violencia que sembró atraso, pobreza y desigualdad en campos y ciudades, y que ha sido un freno al desarrollo de Colombia y al aprovechamiento de todo su potencial. Este es el clamor de Colombia. ¡Esta es la decisión de Colombia!

    Hoy quiero, en este contexto de apertura a la paz, hacer un homenaje sincero, desde el fondo del corazón, a todos los héroes de las Fuerzas Armadas de nuestro país, que han combatido con honor para defender la tranquilidad y seguridad de los colombianos. Gracias, soldados y policías, porque su sacrificio y su valor nos condujeron a este gran día.

    También quiero rendir homenaje a las millones de víctimas inocentes, a los defensores de derechos humanos, a las comunidades indígenas, afrocolombianas y campesinas, a tantas mujeres y madres que, en medio de las lágrimas, abonaron el camino hacia la paz. No más jóvenes sacrificados, no más jóvenes muertos, no más jóvenes mutilados por una guerra absurda: ni soldados, ni policías, ni campesinos, ni guerrilleros. Las nuevas generaciones de Colombia destinarán sus energías a promover el desarrollo y la felicidad del país. Eso es lo que merecen y eso es lo que vamos a hacer posible a partir de hoy.

    Y quiero hacer también un reconocimiento a aquellos que fueron, por muchos años, mis mayores adversarios y que hoy firman con el gobierno este acuerdo de paz. Nadie como yo, desde el Ministerio de Defensa y la Presidencia de la República, los combatió y los golpeó tanto, cuando la dinámica de la guerra lo exigió. Yo, que fui su implacable adversario, reconozco que fueron dignos negociadores en la mesa de conversaciones y que trabajaron con seriedad y voluntad, sin las cuales hubiera sido imposible llegar a este momento.

    Señor Rodrigo Londoño y miembros de las FARC: hoy, cuando emprenden su camino de regreso a la sociedad, cuando comienzan su tránsito a convertirse en un movimiento político sin armas, siguiendo las reglas de justicia, verdad y reparación contenidas en el acuerdo, como jefe de Estado de la patria que todos amamos, les doy la bienvenida a la democracia.

    Cambiar las balas por los votos, las armas por las ideas, es la decisión más valiente y más inteligente que puede tomar cualquier grupo subversivo, y en buena hora ustedes entendieron el llamado de la historia.

    No estamos, y seguramente nunca estaremos, de acuerdo sobre el modelo político o económico que debe seguir nuestro país, pero, tal como lo dije en La Habana, defenderé con toda la determinación su derecho a expresar sus ideas dentro del régimen democrático, porque esa es la esencia de la libertad dentro de un Estado de derecho.

    El acuerdo que hoy firmamos es mucho más que un acuerdo para el silenciamiento de los fusiles, lo que en sí mismo ya es un enorme avance para nuestra nación. Este es un acuerdo que nos permitirá llevar más desarrollo y bienestar a los campesinos de Colombia, que fueron los que más sufrieron las consecuencias del conflicto. Es un acuerdo que nos ayudará a fortalecer nuestra democracia y nuestro sistema electoral y participativo. Es un acuerdo que hará más efectiva la lucha del Estado contra el narcotráfico y que nos ayudará a sustituir miles de hectáreas de coca por cultivos legales, de la mano de las comunidades. Es un acuerdo que tendrá dividendos muy positivos en la lucha por la protección del medio ambiente y de los recursos naturales.

    Hace unos días vimos, impactados, cómo los familiares de los diputados del Valle del Cauca asesinados se encontraron con miembros de las FARC en La Habana. En ese evento, Pablo Catatumbo reconoció que había sido “el episodio más vergonzoso” y Fabiola Perdomo, viuda de uno de los diputados, dijo que estas palabras no solo la liberaban a ella y a su hija sino que también liberaban el alma de su esposo. ¡Esa es la liberación que da el perdón! El perdón que no solo libera al perdonado sino también, y sobre todo, al que perdona.

    ¡Qué bueno poder decir que este es un acuerdo que honra a las millones de víctimas del conflicto, protegiendo sus derechos a la verdad, a la justicia, a la reparación y a la no repetición! Es un acuerdo que, por primera vez en la historia de la solución a los conflictos armados, crea un completo sistema de justicia transicional en el que los crímenes internacionales y de lesa humanidad no son amnistiados sino investigados, juzgados y sancionados.

    Este es el acuerdo que suscribimos hoy ante nuestros compatriotas y ante el mundo entero, y que los colombianos, en menos de una semana, tendrán la oportunidad de refrendar en las urnas, para darle la máxima legitimidad posible. Con su voto, el próximo domingo 2 de octubre, podremos dejar atrás un pasado triste y abrirle las puertas a un futuro mejor, con alegría y optimismo. Con su voto, cada colombiano tendrá un poder inmenso: el poder de salvar vidas, el poder de dejarle a sus hijos un país tranquilo donde crezcan sin miedo, el poder de ayudar a los campesinos despojados a que regresen al campo, el poder de atraer más inversión al país y, por consiguiente, más empleo. Los colombianos escogerán el próximo domingo entre el sufrimiento del pasado y la esperanza del futuro, entre las lágrimas del conflicto y la tranquilidad de la convivencia, entre la pobreza que deja la guerra y las oportunidades que trae la paz.

    Todo pacto de paz es imperfecto porque se trata, precisamente, de un pacto en el que las partes tienen que hacer concesiones, pero sabemos que éste que hemos logrado es el mejor posible. Yo prefiero un acuerdo imperfecto que salve vidas a una guerra perfecta que siga sembrando muerte y dolor en nuestro país, en nuestras familias.

    Hoy quiero hacer un reconocimiento, desde el fondo del alma y con inmensa gratitud, a todo el equipo negociador del gobierno, a estos patriotas que entregaron años de sus vidas, trabajando sin descanso, para lograr esta victoria de la paz. ¡Gracias! ¡Gracias! Colombia está en deuda con ustedes.

    Y gracias, muchas gracias, a la comunidad internacional que apoyó con tanta generosidad y persistencia este esfuerzo de paz que hoy se ve culminado con éxito. Gracias a las Naciones Unidas, a su secretario general, Ban Ki-moon, a su Consejo de Seguridad por su respaldo y la verificación en el cese al fuego y en el proceso de desarme.

    Gracias a los países garantes, a Cuba, nuestro generoso anfitrión de varios años, y Noruega, con su ayuda invaluable, y a los acompañantes durante todo este difícil camino: Chile y Venezuela. Gracias a Estados Unidos, a la Unión Europea, a Alemania y sus enviados especiales. Gracias, por su gran aporte, al Comité Internacional de la Cruz Roja. Gracias a los países de América Latina, del Caribe y de todo el mundo que han estado listos para ayudar en lo que sea posible y a quienes han ofrecido desde ya sus aportes y su experiencia para el desafiante periodo de posconflicto que comienza. La paz de Colombia es la paz de la región y de todo el continente.

    Pero, sobre todo, gracias a Dios por darnos la fortaleza, la templanza y la paciencia para que su palabra se pueda convertir en realidad, porque Dios es unidad, es comunidad, es fraternidad, es amor, es misericordia, es darle la mano al otro. Y gracias, muchas gracias, al papa Francisco, cuyos mensajes y oraciones animaron siempre nuestro camino hacia la paz.

    Al terminar este conflicto, termina el último y el más viejo conflicto armado del hemisferio occidental. Por eso celebra la región y celebra el planeta, porque hay una guerra menos en el mundo y es la de Colombia.

    Colombianos, nadie ha dicho que el fin del conflicto sea el final de todos los problemas de nuestra nación. Nos quedan muchos temas por trabajar, muchísimos retos por vencer, pero lo haremos mucho mejor sin el obstáculo, sin el freno, de una guerra absurda que consumía nuestros recursos y nos impedía tener presencia activa en todo el territorio nacional.

    ¡Cuántos recursos de la guerra podremos dedicar ahora a la educación, a la salud, a los programas sociales, a la seguridad ciudadana! ¡Cuántas vidas se salvarán! Ese solo hecho justifica este acuerdo de paz.

    ¡Cuánto más podremos invertir en nuestro campo y en nuestros campesinos, que podrán por fin retornar a sus parcelas! ¡Cuánta inversión extranjera llegará! ¡Cuántos turistas deseosos de recorrer las maravillas de nuestra patria! Colombia se prepara para aprovechar su máximo potencial y esta tarea será de todos, no solo del gobierno o del Estado sino de toda la sociedad.

    ¡Este es el nuevo país que hoy avizoramos! Una Colombia en paz, una Colombia con más equidad, una Colombia mejor educada, que nos permita progresar y ser felices.

    Apreciados amigos de la paz de Colombia, comencé recordando las frases de nuestro himno nacional y termino también con el himno, que hoy nos conmueve más que nunca. Colombianos, ¡cesó la horrible noche! ¡Cesó la horrible noche de la violencia que nos ha cubierto con su sombra por más de medio siglo! ¡Cesó la horrible noche! ¡Y llega el día con todas sus promesas!

    Hoy los invito a todos, a los jóvenes y los adultos, en los campos y en las ciudades, a los escépticos y a los entusiastas, a todos, a que abramos los brazos, los ojos, las mentes, y demos la bienvenida al nuevo día. Abramos nuestros corazones al nuevo amanecer, al sol brillante y lleno de posibilidades que se asoma en el cielo de Colombia. ¡El amanecer de la paz! ¡El amanecer de la vida!

    Muchas gracias.

  • ¡Todo está acordado!

    Agosto 25 de 2016

    Miles de personas en todo el país celebraron, el pasado 24 de agosto, el anuncio de que el Gobierno Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) habían llegado a un acuerdo final, luego de cuatro años de diálogos de paz de La Habana.

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  • Un ‘asalto’ a los diálogos de paz

    Helicóptero militar. Foto: Juan Camilo Gómez Alzate.
    Helicóptero militar. Foto: Juan Camilo Gómez Alzate.

    Por: Andrés Gómez – julio 21 de 2016

    El pasado 8 de julio se presentó un grave incidente entre el Ejército y guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en la vereda Candilejas del municipio de La Uribe (Meta) que, por un momento, puso en riesgo la confianza entre las partes en los actuales diálogos de paz.

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  • Mensajes confusos de un 2 de abril

    Los manifestantes convocados por el expresidente Uribe agredieron a opositores y periodistas - Foto: Andrés Monroy Gómez.
    Los manifestantes convocados por el expresidente Uribe agredieron a opositores y periodistas – Foto: Andrés Monroy Gómez.

    Por: Andrés Monroy G.* – abril 2 de 2016

    El pasado 2 de abril miles de colombianos salieron a las calles de diferentes ciudades a expresar su desacuerdo frente al gobierno de Juan Manuel Santos, especialmente por las conversaciones que actualmente se llevan a cabo con las FARC y el ELN, y por la judicialización de varios integrantes del partido político Centro Democrático.

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  • Pardoned political prisoners will work for peace

    January 26th, 2016

    On January 21st, 16 of the 30 members of the Revolutionary Armed Forces of Colombia – People’s Army (FARC-EP) were released in the peace negotiations between the guerrillas and the national government, the members having been pardoned last December.

    According to the government, these individuals have been released by virtue of the crimes for which they were condemned being political in nature, on charges of rebellion. Additionally, they were part of a group of more than 80 political prisoners whose release urgently demanded  the the FARC-EP on grounds of serious illness.

    According to Long Live the Butterflies Coalition (La Coalición Larga Vida a las Mariposas), which brings together different organizations that work with political prisoners and prisoners of conscience, the group of released prisoners is made up of 9 men and 7 women.  Of these persons, 4 will leave for Havana (Cuba) to join the negotiating team of the FARC-EP: Carlos Antonio Ochoa, Sandra Patricia Isaza, Elky Javier Caballero Rodríguez and Gloria Álvarez Mestizo.

    On behalf of those released, Ochoa recognized President Juan Manuel Santos for his “act of pardon” and emphasized that “this voluntary gesture is important”, indicating the necessity of the government to continue the release of political prisoners of the guerrillas.

    Meanwhile, Isaza stressed that “it is necessary that the country recognize the difficult situation that the political prisoners in Colombia are enduring” and indicated that, following his release, they will work “to socialize the agreements reached in Havana”.

    It is estimated that in Colombia there are more that 9,000 political prisoners and prisoners of conscience, which includes not only detained combatants of armed insurgent organizations but also political opponents, social leaders and persons detained by authorities in the framework of the protest.

    * Traducido por: Liesl Drew

  • Prisioneros políticos indultados trabajarán por la paz

    Enero 23 de 2016

    El pasado 21 de enero fueron liberados 16 de los 30 integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) que fueron indultados en diciembre pasado, dentro de las negociaciones de paz entre esa guerrilla y el Gobierno Nacional.

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  • Los negocios sucios de la agroindustria ‘verde’ en Colombia

    Plantaciones de palma aceitera de Poligrow en Mapiripán (Meta) - Foto: Mark van Dorp, SOMO.
    Plantaciones de palma aceitera de Poligrow en Mapiripán (Meta) – Foto: Mark van Dorp, SOMO.

    Por: Giuseppe Bottazzi – noviembre 8 de 2015

    Despojo de tierras, amenazas, contaminación, violación de derechos laborales. Éste es el precio que la comunidad de Mapiripán (Meta) tiene que pagar por hospedar un proyecto promovido por el gobierno de Colombia supuestamente para desarrollar actividades legales en una zona plagada por el narcotráfico y los grupos armados. La situación de este municipio de la región de la Altillanura colombiana lleva tiempo bajo la lupa de medios y organizaciones locales.

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