Categoría: Colombia

  • Útica: ¿un pueblo que desaparecerá del mapa?

    Daños cauados por la avalancha en Útica - Foto: Margarita Ángel

    Por: Christian Peñuela – julio 7 de 2011

    El pasado 18 de abril de 2011, la quebrada Negra se desbordó sobre Útica (Cundinamarca), produciendo un deslizamiento de tierra que afectó gravemente al municipio. El 25 de abril, una segunda gran avalancha arrasó el 90% del casco urbano, afectando gravemente a la Institución Educativa ‘Manuel Murillo Toro ‘ y dejando un saldo de más de 100 viviendas destruidas, 120 seriamente dañadas y unos 2.000 damnificados, la mitad de la población evacuada de esta población.

    La visita del gobernador de Cundinamarca, Andrés Gonzáles Díaz, y del presidente, Juan Manuel Santos, permitió visibilizar a este municipio como uno de los más afectados por la ola invernal a nivel nacional, junto con Gramalote (Norte de Santander). Los mandatarios se comprometieron a entregar los recursos necesarios para la reconstrucción del pueblo y para adelantar las obras necesarias para evitar nuevas tragedias, algunas de las cuales ya llevan un avance significativo.

    Sin embargo, esto no ha resuelto un problema central: los habitantes de Útica se encuentran divididos sobre qué hacer con el pueblo en el que nacieron y vieron transcurrir toda su vida. Algunos demandan la reubicación inmediata; otros exigen que se construyan las obras de mitigación y prevención, anhelando seguir en el municipio; mientras otros tantos piensan en la reconstrucción por sus propios medios, basándose en la unión, el trabajo colectivo y la solidaridad de todo el pueblo, ante la falta de soluciones de fondo por parte de los gobiernos local y nacional a una problemática que se ha presentado por décadas y sólo ahora, cuando la emergencia ha destruido casi por completo a Útica, cobra relevancia.

    Una tragedia anunciada

    En los años cincuenta, Útica aparecía en las guías turísticas como un punto obligado para los viajeros que llegaban a esta zona del centro de Colombia. Era un importante lugar de descanso, frecuentado desde entonces por extranjeros, expresidentes y la clase dirigente del país, que se transportaba en ferrocarril hasta allí, antes de la construcción de las carreteras modernas que los aludes de abril destruyeron por completo.

    Sin embargo, la construcción de la estación del tren de Útica, una de las pocas de su tipo en la región para la época, fue sedimentando el lecho del río Negro.Además, tanto la construcción de esta infraestructura ferroviaria como la de los hoteles que se fueron formando a orillas del cruce de los dos cuerpos de agua, la Quebrada Negra y el río Negro, resultaron en la deforestación de la segunda cuenca más grande de Cundinamarca, lo fue dejando a la población de Útica desprotegida ante las crecientes producidas por sucesivos inviernos.

    De acuerdo a Jorge Eduardo Ángel, habitante del municipio y afectado por la ola invernal, “así como creció esa infraestructura turística y tuvo un florecimiento económico muy grande para el municipio, el río destruyó unos quince o veinte hoteles construidos a orillas del río Negro”. El 13 de noviembre de 1988, en una época en la que el turismo que protagonizó la vida de Útica iba perdiendo su brillo, la quebrada Negra se salió de su cauce y destruyó una buena parte del pueblo, pues no existía nada que parar sus aguas, luego de que se siguiera con la tala de árboles para el cultivo de yuca, plátano y, fundamentalmente, la caña que alimenta a los trapiches de la zona para la producción de panela.

    La reubicación de la población fue la solución planteada por los gobiernos locales y departamentales hace 23 años. Según Ángel, “en esa época costaba alrededor de 33.000 millones de pesos el traslado del municipio y 5.000 millones de pesos construir una infraestructura que previniera desastres futuros y evitara la reubicación”. Hasta la tragedia de abril, no se había viabilizado ninguna de estas dos alternativas. Además, enfatiza que “si ese papel se hubiera cumplido por parte de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca y el Estado para recuperar la cuenca, no habrían tragedias como la de hace unos días. Hay una mala política de planeación y prevención de riesgo por parte del Estado y la tragedia fue anunciada durante más de 22 años”.

    Sólo algunas iniciativas del gobierno municipal y sus habitantes permitieron enfrentar las repetitivas inundaciones durante los años noventa. Por aquella época, se pusieron en marcha mecanismos de alarma desde la iglesia del pueblo para anunciar sobre situaciones de riesgo y agilizar las evacuaciones, pues distintos estudios manifestaban la situación de riesgo permanente. Según Jorge Eduardo Ángel, “hay más de veinticinco estudios de instituciones estatales, fundaciones, universidades públicas y privadas, y organizaciones civiles que aseguran situaciones de riesgo y que proponen no solamente salidas desde el punto de vista de lo técnico sino de la experiencia propia de los habitantes, que han vivido durante cien años estas situaciones de riesgo”, agregando que “hace 22 años, una investigación determinó que la quebrada La Papaya tenía nueve millones de metros cúbicos de tierra desestabilizados, con posibilidad de deslizamientos. Hoy por hoy, las administraciones locales no han hecho nada para reforestar alrededor de las quebradas”.

    La historia se repite. Los damnificados de la avalancha de hace veintidós años volvieron a correr con la misma suerte, debido a que construyeron en zonas de riesgo y no contaron con advertencias por pare de ninguna autoridad. El Estado no cumplió con una reubicación adecuada de esta población que vuelve a encontrarse con la tragedia y autoridades como la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), la Oficina de Planeación Municipal, el Comité Local para la Prevención y Atención de Emergencias y Desastres (Clopad-Útica), las Gobernación de Cundinamarca y la Oficina de Atención y Prevención de Desastres de Cundinamarca, en cabeza de Jaime Matiz desde hace quince años, tienen responsabilidades claras por la falta de planeación y seguimiento al desarrollo económico y ambiental de Útica.

    Cuatro meses después de la tragedia, los habitantes de Útica siguen esperando soluciones de fondo y temen que la historia de su pueblo, inciada en 1803, termine de la misma manera que la de Gramalote o, hace 25 años, Armero (Tolima).

  • Estado, mineras y ‘Doña Juana’: responsables por destrucción ambiental en Bogotá

    El relleno sanitario de 'Doña Juana' es uno de los principales causantes de los problemas ambientales en el sur de Bogotá - Foto: Personería Distrital

    Por: Camila Ramírez – junio 22 de 2011

    Varios de los más importantes proyectos desarrollados por las grandes empresas privadas y el Estado en el sur de Bogotá han ocasionado graves problemas sanitarios y ambientales, además de desplazamiento de campesinos, hundimiento de terrenos y fallas estructurales en barrios enteros. Así lo denunciaron más de ciento cincuenta delegados de organizaciones sociales y ambientalistas de las localidades de Usme, Ciudad Bolívar y San Cristóbal, que se reunieron el pasado 12 de junio para exigir justicia ambiental para las comunidades afectadas.

    A la audiencia, realizada en el Colegio Distrital Paulo Freire de la localidad de Usme, fue convocado por organizaciones sociales que han trabajado la problemática ambiental de la Media Luna del sur de Bogotá, donde residen tres millones de habitantes y que por años han soportado la explotación de los recursos mineros, la degradación ambiental y el Relleno Sanitario de ‘Doña Juana’. Según el Movimiento Nacional por la Salud y la Seguridad Social, los habitantes de estas zonas presentan graves enfermedades respiratorias y de la piel, y esta “afectación de la salud de los habitantes se debe a los malos olores, las plagas y la contaminación del agua”.

    Entre las denuncias de las comunidades cobró especial importancia la situación que provoca el Parque Minero Industrial del Tunjuelo, ubicado entre las localidades de Ciudad Bolívar y Usme, en el que las empresas Holcim, de capital suizo; Cemex, de capital estadounidense y mexicano; y la Fundación San Antonio, de propiedad de la Arquidiócesis de Bogotá, realizan explotación minera a cielo abierto para elaborar materiales de construcción y en esta labor desperdician grandes cantidades de agua del río Tunjuelo. Además, se hizo de conocimiento público que las profundas excavaciones han generado grietas, hundimientos, deslizamientos y han afectado las aguas subterráneas de la zona.

    La comunidad asistente denunció que las multinacionales llevan quince años explotando los recursos naturales a su conveniencia, mientras que decenas de familias de la parte alta de la localidad de San Cristóbal no cuentan con agua potable ni sistema de alcantarillado. De igual manera, se denunció que con la Operación Nuevo Usme, una de las acciones estratégicas del Plan de Ordenamiento Territorial de Bogotá, pretende construir 36.000 viviendas a partir de la expropiación del territorio de los campesinos de la localidad para construir un proyecto de expansión urbana que no contempla las necesidades de esta población. Según el gerente de Metrovivienda, Francesco Ambrosi Filardi, la empresa del distrito ya cuenta con 930 hectáreas destinadas a la construcción de vivienda, zonas comerciales, zonas industriales, espacio público y vías.

    Los delegados de las instituciones asistentes –la Secretaría de Hacienda de Bogotá, el Ministerio de Minas y Energía, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, Metrovivienda y las alcaldías locales de Usme y Ciudad Bolívar– no se comprometieron con la comunidad a suspender las actividades de explotación, pero aseguraron que están vigilando que la normatividad se cumpla. Por su parte, las empresas privadas asistentes evadieron las preguntas de la comunidad, arguyendo que están cumpliendo sus contratos con el Estado y con las disposiciones de las autoridades competentes, por lo que no estarían afectando el medio ambiente en el territorio de la Media Luna.

    Al finalizar la audiencia, las organizaciones sociales y la comunidad exigieron el cierre del botadero de basura de ‘Doña Juana’ y del Parque Minero Industrial, así como el cambio de la administración de Metrovivienda para lograr una negociación justa, justicia ambiental, un ambiente sano, una mejor calidad de vida de los habitantes del sur y que se cumpla la propuesta desarrollada por algunos campesinos de la zona rural y de las organizaciones sociales de Usme.

  • DAS y AUC: responsables de asesinatos de líderes sociales

    Alfredo Correa de Andréis - Foto: Archivo particular

    Junio 20 de 2011

    El Juzgado 11 Penal Especializado de Bogotá declaró culpable a ‘Jorge 40’, jefe paramilitar del Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), por el asesinato del sociólogo Alfredo Correa de Andréis, cometido en septiembre de 2004, y lo condenó a 26 años de prisión. De igual manera, el tribunal estableció que altos funcionarios del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) entregaron a los paramilitares listas con información sobre sindicalistas, estudiantes y activistas políticos en toda la Costa Atlántica, con el fin de que estos fueran amenazados, asesinados o víctimas de montajes judiciales, en una “alianza criminal” entre el organismo de inteligencia y las bandas de extrema derecha.

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  • Cuando a los horrores se les llama errores

    Acciones recientes del Ejército han encendido las alarmas sobre posibles nuevas modalidades de 'falsos positivos' - Foto: Javier Guáqueta

    Junio 16 de 2011

    Durante los meses de abril y mayo se presentaron en el país varios asesinatos por parte del Ejército Nacional. Tanto los grandes medios de comunicación de propiedad de los monopolios como el alto mando castrense calificaron los hechos como ‘errores militares’. Sin embargo, las incongruencias entre los informes de los uniformados involucrados en los hechos y la información recogida por la Fiscalía, entre testimonios y evidencias en los lugares de los hechos, han encendido las alarmas por lo que algunos consideran nuevas modalidades de ‘falsos positivos’.

     

    ¿Emboscada?

    El pasado 9 de mayo, soldados del Batallón de Combate Terrestre número 134 de la Fuerza de Tarea Algeciras dispararon contra un vehículo, identificado con placas CPY-695, en el que se encontraban quince civiles, cuando éstos se transportaban por la vereda El Rosal, a las afueras de San Vicente del Caguán, en el departamento de Caquetá. En el ataque resultaron heridos un niño y cuatro adultos, los cuales fueron trasladados a la clínica Mediláser de Florencia. El joven, de 18 años e identificado como Jefferson Leonardo Cuéllar Barreto, ingresó a la clínica con múltiples heridas de bala, se le practicó una cirugía y estuvo hospitalizado en cuidados intensivos durante más de dos semanas, pero murió el 28 de mayo.

    Emiro Fajardo, herido también en el ataque junto a su hijo Andrés Fajardo, asegura que, aunque gritaban que eran civiles y que habían heridos, los uniformados les dispararon desde los dos retenes ubicados sobre una curva de la vía y a cien metros de distancia uno del otro: “primero por el margen derecho y después por el margen izquierdo”. El general Henrry Torres Escalante, comandante de la IX Brigada del Ejército, aseguró que el hecho lamentablemente era un error militar y el almirante Édgar Cely, en ese momento ministro de Defensa encargado, notificó que los uniformados serían investigados penal y disciplinariamente.

    Ejecuciones extrajudiciales

    Otro hecho se presentó el 25 de abril en el Alto Corozal (Casanare), donde fue asesinado el joven Alexander Alfonso Barrera, de 22 años, por parte de tropas de la Brigada XVI del Ejército, la cual realizaba operaciones militares en la vereda Manare. Manolo Barrera, familiar de la víctima, asegura que el joven salía a acompañar a su madre a un centro hospitalario y que, cuando cruzaba a pie un retén del Ejército, fue impactado por una ráfaga de fusil. Testigos aseguran que el joven estaba en compañía de tres personas más: su hermana, su padrastro y su madre.

    El coronel Rafael Forero Gómez, comandante de la Brigada XVI, reconoció que se trató de un ‘error militar’ y en el comunicado de la Brigada se lee que “la institución ofrece disculpas sentidas a sus familiares, con la confianza absoluta en que las autoridades judiciales competentes tomarén las decisiones que en derecho correspondan”.

    Por otra parte, durante un operativo antinarcóticos realizado el 27 de abril contra un laboratorio de procesamiento de cocaína ubicado en cercanías de Belalcázar (Cauca), el Ejército abrió fuego contra un grupo de indígenas del resguardo de la Mesa de Toboima, que hizo presencia en el lugar al enterarse del ingreso de hombres armados en su territorio. Según Luis Ovidio Lis, líder indígena, los militares ordenaron a los pobladores retirarse y luego les dispararon. En el hecho murió José Aimer Medina Achipiz y resultaron heridos Néstor Lis Chaski y Dubán Darío Lis. La comunidad retuvo temporalmente a uno de los soldados y al día siguiente, en horas de la tarde, fue entregado a una comisión humanitaria, mientras el Ejército aseguraba que abriría una investigación para encontrar a los responsables del hecho.

    No son hechos aislados

    En el mes de mayo, el Programa por la Paz del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), presentó un informe en el que se demuestra la continuación de las ejecuciones extrajudiciales y las nuevas modalidades para cometer este tipo de violaciones. Según el informe, entre 2001 y 2010, se han presentado 562 casos y 1.119 víctimas. De estos casos, 887 responden a ejecuciones extrajudiciales, 87 a torturas, 36 a heridos, 41 a amenazas individuales, 63 a desapariciones forzadas y 214 a detenciones arbitrarias.

    Según el Banco de Datos de Derechos Humanos y Violencia Política del Cinep, luego del escándalo de los ‘falsos positivos’ contra los jóvenes de Soacha, se ha identificado una serie nuevas modalidades en este tipo de violaciones. Por un lado, se ha encontrado que en algunos de los casos los presuntos responsables ya no presentan a las víctimas como miembros de grupos guerrilleros sino como personas asociadas a la delincuencia común; y, por otra parte, algunos hechos se presentan como errores de operación por parte de la Fuerza Pública.

    El informe denuncia que los errores militares son ejecuciones extrajudiciales y que la mayoría de los casos son atribuidos a agentes de la Fuerza Pública. En el documento, el Cinep expone que sólo hay 146 miembros de la Fuerza Pública con resolución de acusación por investigaciones realizadas en las direcciones seccionales de la Fiscalía por estos hechos entre 2001 y 2010 y que, además, las sentencias condenatorias son apenas 54, las abstenciones de medida de aseguramiento son 90, las decisiones de preclusión son 15 y las personas beneficiadas con dicha medida 36. Sin embargo, resalta el informe que el recurso jurídico del vencimiento de términos permite que muchos militares acusados de graves violaciones al Derecho Internacional Humanitario continúen en servicio.

    Sin embargo, muchos de estos casos han pasado a la Justicia Penal Militar y allí no se asegura que efectivamente se juzgue a los responsables. Según los tribunales castrenses, en su fuero hay más de 500 casos de posibles ‘falsos positivos’ que, hasta el momento, no han mostrado resultados en las investigaciones ni condenas, al punto que tanto la oficina en Colombia de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos como la Corte Suprema de Justicia han planteado la necesidad de su paso a la jurisdicción ordinaria, donde hay más garantías a los derechos de las víctimas, y la reapertura de los casos cerrados.

    Mientras tanto, los familiares de las víctimas de estas prácticas siguen esperando que se sepa la verdad y se castigue a los responsables, superando el manto de impunidad que cubre esta atroz práctica en Colombia.

  • Miguel Ángel Beltrán, las cárceles y el conflicto en Colombia

    Miguel Ángel Beltrán fue recibido en su paso a la libertad por amigos, familiares y decenas de personas que siempre defendieron su inocencia - Foto: Diana Murillo

    Por: Andrés Gómez – junio 10 de 2011

    El Turbión entrevistó al profesor Miguel Ángel Beltrán, quien hace menos de una semana recobró su libertad después de permanecer dos años encerrado en pabellones y cárceles de máxima seguridad. El académico habla del proceso en su contra, sobre la forma en que aún es estigmatizado por algunos medios, acerca de las cárceles colombianas y del conflicto armado que vive el país.

     

    Andrés Gómez: –Mucho se ha dicho sobre lo que sucedió en México. ¿Qué fue lo que le pasó?

    Miguel Ángel Beltrán: –Fue un secuestro, no hubo ninguna captura, y me atrevería a decir que fue una desaparición forzada: durante 6 horas estuve completamente incomunicado y separado de mis seres queridos. Yo fui al Instituto Nacional de Migración por una cita a la que me convocó el subdirector de este instituto para concederme mi forma migratoria FM3. Fue realmente una trampa. Yo llegué allí, me hicieron firmar un documento porque me dijeron que era necesario firmarlo, a pesar de las mentiras que habia allí, y entonces unos guardias me detuvieron, me esposaron, me golpearon, me torturaron, me subieron a una camioneta. Luego me llevaron hasta un aeropuerto, me subieron a una avioneta y llegué aquí al aeropuerto de Catam.

    AG: –¿Qué piensa de los medios y la forma en que se trata de relacionarlo alias ‘Jaime Cienfuegos’?

    MAB: –Yo creo que el manejo que han hecho los medios de comunicación desde el principio, en el desarrollo del proceso y ahora que se ha declarado mi inocencia ha sido perverso. No se me ha respetado el buen nombre ni se me ha respetado un derecho constitucional tan simple como es la presunción de inocencia. Desde el primer momento se me presentó como si fuera ‘Jaime Cienfuegos”, durante las audiencias se silenciaron muchos aspectos y las arbitrariedades y violaciones al debido proceso nunca fueron objeto de interés para algunos medios. Finalmente, ahora que salgo libre, que la juez declaró mi inocencia, siguen declarando que salió libre ‘Jaime Cienfuegos’.

    AG: –¿Por qué tanta saña contra ud.?

    MAB: –Los medios de comunicación oficiales tratan de crear una verdad: inventaron el tema de la farcpolítica para contrarrestar la información que circulaba sobre los vínculos de muchos políticos, alcaldes y funcionarios públicos con el paramilitarismo. Pero, lo que se ha demostrado claramente es la falta de sustento jurídico [de esas acusaciones] y ahora tratan de desvirtuar todas las investigaciones, ya que los que fuimos judicializados por el computador de ‘Reyes’ estamos saliendo. A pesar de que la prueba es ilícita e ilegal, insisten en que la información es verdadera. Es un montaje judicial que se quiere mantener a toda costa.

    AG: –¿Cómo considera la actuación de la Procuraduría en el juicio?

    MAB: –Veo bastantes irregularidades. La primera inconsistencia por la que estuve luchando estos dos años es que el Inpec me negó mi condición de funcionario público y me mantuvo en un pabellón de alta seguridad con prisioneros de alta peligrosidad, con paramilitares, personas que en mis escritos denuncié en algún momento. Por otro lado, la Procuraduría me abre una investigación por reclutamiento de estudiantes sin tener ni siquiera la referencia del proceso, no se espera a una decisión sino que inmediatamente se apresura a abrir una investigación. En segundo lugar, hay una intromisión del señor procurador [Alejandro Ordóñez Maldonado] en un asunto que corresponde directamente a la Universidad [Nacional], ente que tiene su autonomía y sus mecanismos disciplinarios para sus docentes. Entonces, no tiene por qué un procurador inmiscuirse en estos asuntos, está violando la autonomía universitaria, más bien, con un afán propagandístico de condenar a las personas antes de que se produzca un fallo judicial.

    AG: –Usted tuvo una gran visibilidad desde la veeduría internacional que se estableció para su caso. ¿Qué tanto sirvieron los comités de solidaridad en el proceso?

    MAB: –Realmente, la gran ganancia de todo este proceso, más allá de lo doloroso, de lo arbitrario, de lo injusto, fue ese calor de la solidaridad que recibí de parte de estudiantes, de colegas, de profesores universitarios, de ONG y de colegas de otros países, no sólo de América Latina sino de Europa. Se pronunciaron a favor de mi inocencia, apoyaron mi libertad y solicitaron, incluso, directamente al presidente Santos que se diera mi libertad, porque no habían méritos. Esa solidaridad, ese calor y esa fuerza que se produjo no es solamente por mi caso sino que es la defensa del pensamiento crítico, de la posibilidad de que las personas podamos expresar opiniones diferentes a las oficiales.

    AG: –En estos días, presos políticos de diversas cárceles realizaron un acto de desobediencia civil. ¿Cuál es la situación que están viviendo estas personas que, como usted, viven un proceso aunque no hayan sido condenados?

    MAB: –Es una situación bastante inhumana y violatoria de derechos fundamentales, porque cuando uno está sindicando se supone que es porque está bajo una investigación y no se le puede tratar como si fuera condenado. En la Eron, donde hay presos sindicados, las medidas de seguridad son extremas: si te desplazas de un sitio a otro, a visitar al abogado, a sanidad, vas totalmente esposado y escoltado por un guardia. Todas las instalaciones y edificaciones están hechas para personas que, a juicio del Estado, tienen un alto perfil delincuencial, de manera que no se les permite el acceso a las celdas durante todo el día y, entonces, el interno debe permanecer todo el tiempo afuera, teniendo que soportar temperaturas muy bajas. Además, solamente se tiene derecho a una visita conyugal al mes durante una hora. Todos estos elementos configuran una violación a los derechos humanos fundamentales y a las normas mínimas internacionales en el tratamiento de personas privadas de la libertad.

    AG: –¿Qué significan estas cárceles para el país?

    MAB: –La venganza y la intolerancia del Estado. Las cárceles son supuestamente espacios que concebimos para la resocialización, término que no comparto, pero aún en esa misma lógica esto no existe de ninguna manera. El tratamiento que reciben los internos es despótico, autoritario. Se le niegan [al interno] sus derechos. Tampoco se le da la oportunidad de trabajar, de estudiar, de hacer talleres, eso está completamente negado, más cuando se trata de cárceles de máxima seguridad. El pretexto es siempre que son cárceles de seguridad. El interno no puede ir a un taller porque está la presunción de que puede fugarse, no puede estudiar pues los docentes no pueden asistir porque es peligroso, en fin, hay todo un discurso allí desde la seguridad para negar los derechos y la posibilidad de que esas personas puedan tener un futuro y construir un proyecto de vida diferente. Entonces, lo que uno concluye, después de haber estado en la cárcel, es que se están alimentando allí más odios, más venganzas, más situaciones degradantes, más violaciones a la dignidad humana. El sistema carcelario y la política carcelaria en Colombia tiene que replantearse desde su raíz.

    AG: –Muchas sociedades están votando últimamente por seguridad. En Colombia, el ministro del Interior y de Justicia, Vargas Lleras, promueve que se puedan encerrar jóvenes por más de una década. ¿Cuál es la salida para un país que tiene un conflicto armado y al que se le ofrece como solución las cárceles y la ‘seguridad democrática’?

    MAB: –Creo que afortunadamente ya ha pasado la era Uribe, aunque se mantienen sus principios fundamentales. Por lo menos, hoy podemos hablar de conflicto armado sin que se nos señale de terroristas; por los menos, muchos de los que en la época de Uribe callaron y se silenciaron hoy salen a decir que efectivamente hay un conflicto, pero en el momento que tenían que decirlo se quedaron callados, guardaron silencio. Creo que uno, desde un pensamiento crítico, tiene que ser consecuente, no se puede mantener el silencio y recurrir a ocultar su punto de vista. Eso tiene un costo, pero hay que asumirlo en función de buscarle salidas a ese mismo conflicto. La salida al conflicto empieza por reconocer el conflicto.

    Creo que es posible buscar una salida dialogada, pero una salida dialogada implica que todos los actores del conflicto puedan sentarse en una mesa y no se cierren las posturas. Santos dice: ‘no he botado la llave de la paz’, pero le está pidiendo a la guerrilla que entregue sus armas antes que nada. El problema es que eso debe ser producto de la negociación, no el punto de partida de una. Entonces, es posible una salida negociada y dialogada al conflicto, pero implica ceder de parte y parte: de parte del Estado serían una serie de reformas políticas, económicas y sociales que está demandado el país desde hace ya mucho tiempo, y de los grupos insurgentes mirar otras opciones para desarrollar su actividad política, incluyendo que en algún momento la lucha armada no sea ese camino. Este debe ser un punto de llegada y un punto de acuerdo. Desafortunadamente, ha habido experiencias tan negativas como lo que le pasó a la Unión Patriótica, lo que dejó un imaginario muy negativo de una posible salida y de que las FARC participen de una contienda electoral. Hablamos de cinco mil muertos. Apuesto, y siempre ha sido mi apuesta, por una salida política y dialogada al conflicto armado y social colombiano.

    AG: –¿Por qué tanto ambiente guerrerista y contra la salida negociada?

    MAB: –Una tendencia histórica que ha caracterizado al Estado colombiano es la criminalización de la protesta social. En ese sentido, todo aquel que se opone, todo el que protesta, todos los líderes sociales que tienen una opinión diferente, que luchan por unos cambios y unas transformaciones, es señalado como guerrillero. Las FARC han sido un pretexto y, en este país, todos los problemas ‘surgen’ de la guerrilla. Hay que que preguntarnos, como investigadores y como colombianos, porqué surgen las guerrillas y cuál es su origen histórico. Si entendemos cuál ha sido el desarrollo del conflicto en Colombia, podemos visualizar esa salida.

    Aquí se nos ha tratado de mostrar simplemente que la violencia viene de la guerrilla, específicamente de las FARC. También tenemos que tener en cuenta el número de víctimas y de desplazados por los grupos paramilitares que, como sabemos, fueron financiados y soportados por el mismo Estado. Hay que reconocer esa situación. Si no la reconocemos, no le vamos a dar solución a esto. Sí, las guerrillas han sido un factor de violencia, pero también ha sido un factor de violencia el Estado, también lo han sido las Fuerzas Militares. Lo que estamos pensando es cómo darle salida a esa situación, una salida que no implique más guerra, que no implique más desgaste para la nación, que no implique mayores costos, ni económicos ni humanos.

  • Decisión judicial ordena libertad de Miguel Ángel Beltrán

    El martes 7 de junio, hacia las 5pm, Miguel Ángel Beltrán salió en libertad de ‘La Nueva Picota’. Después de pagar cinco millones de pesos como “caución prendaria”, el académico permanecerá en libertad provisional hasta que la juez cuarta del Juzgado Especializado de Bogotá sustente el fallo que lo absolvió de los cargos de concierto para delinquir agravado y rebelión.

     

  • Absuelto Miguel Ángel Beltrán

    Miguel Ángel Beltrán - Foto: Andrés Gómez

    Junio 3 de 2011, 8pm

    Luego de más de dos años de prisión, el profesor Miguel Ángel Beltrán fue absuelto de los cargos por concierto para delinquir agravado y rebelión que pesaban en su contra. La decisión fue tomada por la juez cuarta de descongestión de Bogotá, al observar que ninguna de las pruebas presentadas por la Unidad Antiterrorismo de la Fiscalía permitía concluir que Beltrán y ‘Jaime Cienfuegos’, el guerrillero mencionado en los datos que la Dijín habría extraído del compuador de ‘Raúl Reyes’, fueran la misma persona.

    El fallo en justicia se emite luego de reiteradas denuncias sobre múltiples irregularidades en el proceso y de que la Corte Suprema de Justicia determinara que los datos del computador del jefe guerrillero no podían ser empleados como pruebas, pues habían sido obtenidos luego de una operación ilegal en otro país.

    Sin embargo, el fiscal encargado del caso, Ricardo Bejarano, señaló esa tarde durante su alegato final que el alto tribunal habría incurrido en ‘traición a la patria’ por no validar ese material informático como prueba y pidió la condena del intelectual por los dos cargos que se le imputaban.

    Por su parte, la delegada de la Procuraduría sugirió que la providencia de la Corte se trataba de apenas una ‘respetable opinión’ y señaló que las denuncias de distintos periodistas sobre las irregularidades en el caso constituían una ‘fantasía mediática’, antes de pedir la condena de Beltrán por el cargo de rebelión.

    Luego del alegato de la defensa, donde se señalaban las múltiples garantías violadas luego de la retención del profesor Beltrán en México, la juez encargada decidió emitir fallo absolviendo al intelectual de ambos cargos y definió que será liberado el 8 de julio,.

  • Se niega testimonio clave para la defensa de Miguel Ángel Betrán

    El proceso contra Miguel Ángel Beltrań completa ya dos años y la prueba más importante en su defensa ha sido negada por la juez encargada del caso - Foto: Andrés Gómez

    Por: Andrés Gómez – mayo 28 de 2011

    Tras dos años de juicio contra Miguel Ángel Beltrán, un ciudadano mexicano que trabajaba irregularmente para el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) atestiguó en la Oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los DD.HH. en México que el organismo de seguridad le reclutó y le pagó por seguir al catedrático y que le hizo saber a sus jefes en Bogotá que éste no es un guerrillero, recibiendo como respuesta que Miguel Ángel Beltrán era un “trofeo” para el gobierno de Uribe. Sin embargo, el pasado 27 de mayo, la juez encargada del caso negó que se escuchara la grabación en el juicio, aduciendo que el testigo no estaba lo suficientemente acreditado, lo que ha generado preocupación en todo el entorno académico que se ha solidarizado con el caso del profesor bogotano.

    Según Luis Guillermo Pérez Casas, abogado colombiano que hace parte del Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo y actualmente se desempeña como secretario general de la Federación Internacional de Derechos Humanos, el testigo mexicano cuyo testimonio fue negado en la audiencia fue reclutado por Fabio Duarte Traslaviña, excoordinador de operaciones del DAS, actualmente detenido por el escándalo de las chuzadas. El testigo, que teme por su vida y por lo tanto no quiere comparecer ante ninguna instancia colombiana, también aseguró que se infiltró en el grupo de apoyo de Beltrán para continuar sus labores de espionaje y que el DAS le pagó $120 millones –sin precisar si el pago era en moneda colombiana o mexicana– por sus labor de inteligencia en contra del académico y de otros personajes públicos, como Piedad Córdoba.

    El trofeo

    El 22 de mayo de 2009, Miguel Ángel Beltrán fue retenido y deportado de forma irregular desde México. Una vez en Colombia, la Policía lo presentó ante los medios como miembro de la comisión internacional de las FARC y el expresidente Uribe aseguró que la captura del reconocido intelectual era un duro golpe a la guerrilla.

    Numerosos medios de comunicación llenaron sus páginas con la fotografía de Beltrán y el enigmático nombre de alias ‘Jaime Cienfuegos’, dando credibilidad absoluta a la versión del comandante de la Policía Nacional, general Óscar Naranjo, y a inteligencia aportada por el DAS. Esto llevó a una fuerte presión mediática en el caso que, según la defensa, llevó a que en las audiencias de control de garantías de primera y segunda instancia no se consideraran relevantes las irregularidades en la detención del catedrático ni las anomalías en la cadena de custodia de la memoria digital que portaba al momento de su detención.

    En ese momento, el abogado Gustavo Gallardo, quien se encargó de la defensa de Beltrán durante las audiencias preliminares, en entrevista con El Turbión, manifestó su desconcierto por las decisiones de los jueces de primera y segunda instancia, que desconocieron que el académico fue secuestrado en México y porque la juez de conocimiento negara siete nulidades de un día para otro, cuando este tipo de decisiones toman de quince a treinta días. Por el contrario, se dio vía libre al proceso que en este momento se tramita actualmente en el Juzgado Cuarto de Descongestión de Bogotá, por los cargos de concierto para delinquir agravado y rebelión.

    Durante 2009 y 2010, los titulares de prensa sobre el caso relataban los presuntos hallazgos de la inteligencia colombiana en la memoria portátil del catedrático y reforzaban la idea de que Beltrán  era el contacto en México de Luis Édgar Devia Silva alias ‘Raúl Reyes’, comandante de las FARC asesinado durante el bombardeo ilegal en Sucumbíos (Ecuador) del 1 de marzo de 2008, o un supuesto reclutador de guerrilleros en las universidades públicas de Bogotá, como lo asegura el programa ‘Especiales Pirry’, del Canal RCN, del 6 de junio de 2010.

    Durante 2010, la jueza de conocimiento del caso permitió la presencia en el juicio del abogado Miguel Ándrés Fierro Pinto, presidente de la fundación Un Millón de Voces y quien dice representar a las víctimas de las Farc, a pesar de que la Fiscalía no esté presentando cargo alguno a Beltrán por delitos contra los representados por el cuestionado abogado ni se haya comprobado su pertenencia a alguna organización alzada en armas.

    A pesar de que durante la etapa probatoria del juicio la Fiscalía no ha podido comprobar que el profesor Miguel Ángel Betrán y alias ‘Jaime Cienfuegos’ sean la misma persona, la Unidad Antiterrorista del ente investigador ha sostenido las acusaciones basándose en las informaciones que se habrían encontrado en el computador de ‘Reyes’ y en la memoria USB del académico, y con los testimonios de los uniformados que participaron en la ‘Operación Fénix’ y de los analistas de inteligencia policial que custodiaron y analizaron esos datos, cuestionados luego de que la Corte Suprema de Justicia señalara que no podían usarse como pruebas en los procesos, dado que “son nulas e ilegales, por haber sido recogidas sin autorización ni participación de las autoridades de ese país [Ecuador]”, como señaló el presidente del alto tribunal, Camilo Humberto Tarquino Gallego.

    Irregularidades

    De los treinta millones de documentos encontrados en los resistentes dispositivos digitales que soportaron el bombardeo al campamento de ‘Reyes’ en Ecuador, sólo fueron ciento cincuenta los que tuvo en cuenta el capitán Ronald Coy, investigador especializado de la Dijín, para acusar a Miguel Ángel Beltrán de ser miembro de las FARC, teniendo en cuenta que sólo dos de estos archivos aportaban información sobre el caso ‘Cienfuegos’ y que en ninguno de ellos hay referencia alguna que ligue al intelectual con esa guerrilla.

    Según el detective, sólo un archivo, que pudo recuperarse apenas en una tercera parte de la memoria USB del académico, coincide con la información relevante de la investigación. De otra parte, los otros cuatro documentos que la Fiscalía aportó como pruebas, hallados en ese mismo dispositivo portátil, son en realidad comunicados públicos de partidos políticos legales de España y México, que cualquier persona podría obtener a través de Internet. Por eso, el ente acusador insiste en que sean los movimientos migratorios que ha realizado el académico por Latinoamérica los que lo liguen con el alias de “Cienfuegos”.

    Según la defensa del Miguel Ángel Beltrán, las irregularidades en el proceso van mucho más allá de la extraña retención del intelectual en México, el 22 de mayo de 2009, y de la violación de sus derechos al ser obligado a comparecer enfermo a la audiencia de control de garantías. Según el abogado defensor, José David Albarracín, el fragmento de archivo que el capitán Coy dice haber recuperado de la memoria USB no puede ser tenido en cuenta como prueba pues, como el propio analista de inteligencia de la Policía reconoció en la audiencia del pasado 2 de mayo, el dispositivo permaneció en su poder entre el 23 y 26 de mayo de 2009, cuando su tarea era la de transportarlo de un lugar a otro en la ciudad de Bogotá, lo que cuestiona la autenticidad de estos datos al haberse violado la cadena de custodia.

    Por otra parte, en la audiencia del 27 de mayo de 2011, ni la juez ni la delegada de la Procuraduría, Mónica Sánchez Medina, hicieron alusión a la providencia emitida por la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, el 18 de mayo de 2011, que inhabilita la información del computador de ‘Raúl Reyes” como material probatorio en cualquier proceso penal. En un comunicado del pasado 25 de mayo, el alto tribunal argumenta que “las autoridades que realizaron el operativo desatendieron el “debido proceso” que gobierna la producción de pruebas en el exterior, traspasaron las fronteras y, de facto, las recogieron, lo que determinó que la Sala declarara que el contenido demostrativo de esos elementos es ilegal”.

    El juicio contra Miguel Ángel Beltrán continuará el próximo viernes 3 de junio. Desde ahora, tanto la defensa del profesor como centenares de organizaciones solidarizadas con su caso han solicitado se redoble la veeduría internacional sobre el proceso.

  • “Monseñor procurador: se equivocó de profesión”

    Diversas organizaciones de mujeres exigen que Alejandro Ordóñez no esté al frente de la Procuraduría - Foto: Andrés Gómez

    Por: Andrés Gómez – mayo 11 de 2011

    Con estas palabras, el pasado martes 10 de mayo, más de cien personas manifestaron su rechazo a la gestión de Alejandro Ordóñez Maldonado al frente de la Procuraduría General de la Nación, dado su manifiesto irrespeto a los derechos fundamentales de los colombianos y colombianas. De acuerdo con los manifestantes, el jefe del Ministerio Público ha obstaculizado de manera abierta el cumplimiento de la sentencia de la Corte Constitucional que despenaliza el aborto en tres casos especiales, intentando que no se puedan realizar campañas educativas campañas educativas sobre los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Y es que, a pesar de que Colombia es un Estado laico, el procurador Ordóñez ha impulsado, desde su dogmatismo religioso, la penalización total del aborto y pretende que no se reconozcan las uniones entre parejas del mismo sexo.

    En su mayoría, quienes expresaron su rechazo a las actuaciones del procurador, justo en frente del despacho del funcionario en el centro de Bogotá, hacen parte de organizaciones de mujeres y de defensores de derechos humanos. En sus pancartas podían leerse mensajes como “quiten sus rosarios de mis ovarios”, “soy mujer y no quiero ser madre”, “yo aborté porque mi anticonceptivo no sirvió”, “con o sin decreto, yo decido sobre mi cuerpo”, “personas libres, Estados laicos”, entre otros.

    Los manifestantes también exigieron al Congreso no reelegir a Ordoñez como procurador, pues el funcionario se encontraría en plena labor de cabildeo para tener durante otro periodo de cuatro años el control del Ministerio Público. Así mismo, piden al Consejo de Estado que se le investigue por los pronunciamientos que ha hecho como servidor público y que no se apegarían a sus deberes constitucionales sino a su fe religiosa.

  • Veinte años de impunidad

    Por: Christian Peñuela – mayo 4 de 2011

    El 24 de abril de 1991 fueron asesinados los periodistas Jorge Enrique Torres y Julio Daniel Chaparro, quienes se encontraban investigando la masacre de Segovia (Antioquia), crimen de lesa humanidad en el que murieron cuarenta y tres personas y que fue perpetrada el 11 de noviembre de 1988 por paramilitares al mando de Fidel Castaño. Veinte años después del atroz crimen, la justicia colombiana adoptó una decisión polémica: la Fiscalía dictó la prescripción del caso y, con ello, la impunidad sigue reinando.

    Por los días en los que estos periodistas fueron asesinados, paradójicamente, se construía y firmaba la Constitución Política de 1991, donde se consagra el derecho de toda persona a la libertad de expresión y opinión, a la información libre y veraz y a la protección de la actividad periodística bajo condiciones de libertad e independencia profesional. Tras veinte años del asesinato de estos periodistas, presuntamente a manos de grupos paramilitares en complicidad con el Ejército, los familiares de las víctimas se enfrentan a los mecanismos usuales de impunidad.

    En la decisión, emitida por un fiscal de la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía General de la Nación, se asegura que no se encontraron motivos ni evidencias de fuerza probatoria que pudieran determinar que este doble crimen se haya ejecutado por la labor periodística que desempeñaban los comunicadores en el lugar de la masacre. Sin embargo, no quedan aún claros los elementos que se tuvieron en cuenta en la investigación del ente acusador ni qué fue exactamente lo que sucedió.

    Jorge Enrique Torres y Julio Daniel Chaparro arribaron hasta Segovia con el fin de informar acerca de uno de los capítulos más violentos de la historia reciente en Colombia. Este cubrimiento tenía la intención de hacer un trabajo de investigación con las víctimas de esta masacre, luego de la incursión del grupo paramilitar llamado Muerte a Revolucionarios del Nordeste Antioqueño, que arrasó y desplazó a decenas de familias de campesinos en la zona, con la anuencia de la Fuerza Pública. El motivo: la Unión Patriótica había echado raíces allí y había logrado ganar las elecciones locales, posesionando a Rita Tobón como alcaldesa, lo cual amenazaba, como se ha comprobado en los estrados judiciales, el poder de políticos locales de ultraderecha, como el exministro César Pérez García, quien está preso en este momento como autor intelectual del crimen de lesa humanidad.

    Haciendo gala de un periodismo comprometido y consecuente, estos periodistas arriesgaron sus vidas para informar a la opinión pública y lograr que estos hechos quedaran registrados en la memoria nacional. Sin embargo, las balas los silenciaron, al igual que a los testigos y a los presuntos victimarios, quienes corrieron la misma suerte. Nadie se salvó para dar cuenta de los verdaderos responsables de estos asesinatos y el silencio sigue reinando.

    Es evidente que el motivo del asesinato de estos periodistas tuvo origen en acallar una investigación periodística que estaban realizando bajo el título “Lo que la violencia se llevó”, en la cual cubrían varias zonas del país fuertemente afectadas por el conflicto armado, como Carmen de Chucurí (Santander), Vista Hermosa (Meta), Toribío (Cauca) y Tierralta (Córdoba). Esta investigación los condujo a Segovia, donde encontraron la muerte tras unas pocas horas de haber llegado al pueblo.

    Era indudable: representaban un objetivo militar para los paramilitares por su investigación y por trabajar para El Espectador, periódico que sufría por ese entonces de una campaña sistemática de desprestigio, amenaza y muerte por parte del Cartel de Medellín, que llegó hasta el asesinato de su director, Guillermo Cano, y a atentar con bomba contra la sede del informativo en Bogotá. Pese a estos antecedentes y sin tener en cuenta la labor peligrosa que realizaban los informadores, la justicia colombiana no encontró pruebas suficientes tras dos décadas de una investigación que no tuvo en cuenta varias de las particularidades del caso.

    En primer lugar, los presuntos victimarios, quienes fueron señalados inicialmente por la Fiscalía de pertenecer al Ejército de Liberación Nacional, fueron puestos en libertad por falta de pruebas en su contra y años más tarde también fueron asesinados. En segundo lugar, el caso fue asumido por el abogado y defensor de derechos humanos Eduardo Umaña Mendoza, quien también fue asesinado por paramilitares el 18 de abril de 1998, y la impunidad reinante en su caso ha impedido que se sepa la relación entre sus investigaciones, en casos como la masacre de Segovia y el holocausto del Palacio de Justicia, y su homicidio.

    La Comisión Interamericana de Derechos Humanos establece, en la Declaración de los Principios sobre la Libertad de Expresión, que “el asesinato, secuestro, intimidación o amenaza a los comunicadores sociales, así como la destrucción material de los medios de comunicación, viola los derechos fundamentales de las personas a estar informadas y coarta severamente la libertad de expresión. Es deber de los Estados prevenir e investigar estos hechos, sancionar a sus autores y asegurar a las víctimas una reparación adecuada”. Sin embargo, las investigaciones no avanzaron en este sentido y la suerte de estos periodistas, que murieron en cumplimiento de su deber ético y profesional, ha quedado como un claro ejemplo de que la impunidad es la norma por excelencia en este tipo de casos.

    El historiador Daniel Chaparro, hijo del periodista Julio Daniel Chaparro, considera estos dos asesinatos como un atentado directo contra la democracia que “mancilla la memoria de los periodistas asesinados y hiere profundamente a los familiares”. Por estos motivos, los familiares de los periodistas han decidido llevar el caso ante la Corte Penal Internacional, en vista de la inoperancia de la justicia colombiana.