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  • El fantasma de Osama Bin Laden

    El difunto Osama Bin Laden fue el mayor producto mediático de las últimas décadas, casi una caricatura - Foto: Sage Ross

    Mayo 5 de 2011

    Desde que, el domingo 1 de mayo, el gobierno de los Estados Unidos anunciara que sus tropas habían asesinado a Osama bin Laden, el impacto de la noticia ha sido tal que se ha convertido en el tema más mencionado por las mayores agencias de noticias y medios de comunicación del mundo. Los grandes monopolios de la información, en su mayoría, enaltecen a Obama y destacan su logro ‘heroico’, mientras continúa la invasión militar estadounidense a Irak y Afganistán, a pesar de las promesas de retiro de tropas que lo llevaron a la presidencia de la mayor potencia imperialista del mundo.

    Como un héroe de Hollywood, el gobernante aprovecha este éxito militar y se autoproclama como el mayor defensor de los valores de su país y el llamado a “hacer del mundo un lugar más seguro”, según afirmó al anunciar la muerte del líder de Al-Qaeda. Sin embargo, no puede negarse que a través de la historia los EE.UU. han defendido su seguridad sacrificando y sometiendo pueblos con el único fin de adueñarse de los principales focos de riqueza sobre la faz de la Tierra, pues son los intereses económicos de sus clases dominantes los que determinan y determinarán el rumbo de su gobierno y, muy seguramente, la muerte del hombre más buscado sólo servirá para que el modelo de intervencionismo militar sobre el que esa nación ha basado sus relaciones internacionales se perfeccione.

    De héroes y villanos

    No se puede dejar de considerar que los fantasmas de Bin Laden y Al-Qaeda, surgidos luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001, han sido uno de los mayores logros de la propaganda de guerra de EE.UU.: gracias a las alianzas del Pentágono con los principales monopolios de medios del mundo, especialmente el dirigido por el oscuro magnate Rupert Murdoch, el peligroso saudí pasó de ser héroe a villano para Occidente y su figura se clavó en el inconsciente colectivo globalizado como representación misma del mal.

    La gloria de Osama nació con la guerra de los muyahidines en Afganistán contra las tropas de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, ocurrida entre 1979 y 1989. Durante este tiempo, EE.UU. apoyó a estas guerrillas islámicas para detener el avance soviético en plena Guerra Fría. Como dato curioso, uno de los íconos del cine taquillero de Hollywood, el imbatible mercenario John Rambo, acompañaba a estos pintorescos patriotas en sus correrías contra los rusos por pedido del gobierno estadounidense, en la tercera cinta de la saga de acción, que recaudó por sí sola U$180 millones y que se estrenó justo diez días después del inicio de la retirada de las tropas ordenada desde Moscú.

    El temible villano fue un valioso aliado para Estados Unidos durante los gobiernos de Ronald Reagan y George Bush padre –ambos reconocidos por sus políticas anticomunistas en África, América Latina, Asia y Medio Oriente–, y fueron estos quienes incondicionalmente le proporcionaron armamento y entrenamiento a Osama y a su organización, a través de la CIA.

    Finalizada la Guerra Fría, con la caída de la URSS, la historia de estas alianzas terminó. Oriente Medio se caldeaba entre la el final de la primera Intifada en Palestina y el inicio de la primera Guerra del Golfo, con la que Bush padre atacaba al Irak de Saddam Hussein, y se iniciaba una nueva época de conflictos en los que los que la lucha por el petróleo iba a ser protagonista en un región en la que se multiplicaron tanto las luchas antiimperialistas como los radicalismos religiosos.

    Todo cambió para Osama y el mundo durante la Guerra del Golfo Pérsico. Bin Laden fue expulsado de Arabia Saudita por oponerse a la presencia de las tropas estadounidenses en su suelo, mientras el rey Fahd, fiel aliado de EE.UU. reconocido por su brutalidad, se sostenía gracias a la represión y se lucraba de las rentas petroleras. Bin Laden salió del país para proclamar la guerra santa desde el exilio. Con el tiempo, la organización armada que fundó al finalizar la guerra contra la URSS ya había botado raíces por numerosos países y encontraría, entre Afganistán y en Pakistán, el refugio adecuado para sus operaciones y los aliados más indicados para su fanatismo religioso.

    Los talibanes, o ‘estudiantes’, que hicieron parte de las guerrillas islámicas de Afganistán durante la Guerra Fría y que fueron apoyados por EE.UU. y Arabia Saudita, sometieron a ese país a una interpretación absolutamente retrógrada de la Sharia, la Ley Islámica, que condenaba a su población a un atraso y a una pobreza enorme. De las mismas tensiones étnicas que los EE.UU. se aprovecharon en los años 80 para fortalecer el movimiento armado financiado por la CIA, con más de U$3.000 millones, fueron de las que se beneficiaron los talibanes para subir al poder en 1996 e imponer su régimen patriarcal, represivo y de fanatismo religioso, y de las que hoy se alimentan los grupos de ultraderecha que integran a Al-Qaeda.

    La muerte del mito

    Ya son diez años de la invasión a Afaganistán y ocho años de la de Irak, ambas con resultados catastróficos para la población civil y de grandes costos humanos para criminal maquina de guerra del Pentágono, ambas enfocadas al control de las gigantescas reservas de gas y petróleo de la región –una cuarta parte del total mundial–, y ambas justificadas por el fantasma de la amenaza terrorista de Bin Laden y Al-Qaeda.

    Sin embargo, la muerte de Bin Laden no acerca el fin ni de Al-Qaeda ni del militarismo gringo, del que Obama ha demostrado ser un digno continuador. Hay que considerar que, para Washington, declarar guerras a otras naciones es parte esencial de su economía: los intereses de las petroleras en EE.UU. y la incapacidad para el recambio de sus fuentes energéticas, así como la enorme porción de la economía que ocupa la industria militar –tanto armamentística como de mercenarios–, ofrecen el combustible necesario para que, a través de nuevas alianzas internacionales, se dé continuidad al sistema belicoso que la potencia del norte ha impuesto al mundo y a estas guerras sin fin, que siguen alimentando a la ultraderecha religiosa a la que han enarbolado como máxima enemiga contemporánea.

    Sumado a esto, la muerte del hombre más buscado del mundo transformó la deslucida credibilidad del presidente estadounidense en una popularidad altísima que le garantizará, muy probablemente, la reelección en los comicios del 6 de noviembre del próximo año. Dado que Obama necesita consolidar su imagen positiva de hombre fuerte y atraer el apoyo de los grandes monopolios financieros y petroleros, cabe preguntarse cuál será el próximo blanco de Estados Unidos, pues las necesidades de un enemigo externo no sólo alimentan los negocios del país más rico del mundo sino que mantienen a su opinión pública en condiciones favorables para la manipulación mediática y para el reclutamiento sistemático de sus jóvenes en las aventuras militares que esa nación desarrolla por el mundo.

    Sin un enemigo que represente, en el imaginario colectivo, a todo el mal existente en el mundo, los EE.UU. no tienen razón de ser: ésta es la esencia de su cultura política y lo que sustenta actualmente su sistema. Falta ver qué nuevos villanos nos trae a la vista el entramado de propaganda que los monopolios de medios de ese país. De su capacidad y creatividad para construir nuevos enemigos dependerá la subsistencia del sistema que los tiene actualmente en la cima del poder global, pues con Osama Bin Laden ha muerto la máxima de sus creaciones.

  • Veinte años de impunidad

    Por: Christian Peñuela – mayo 4 de 2011

    El 24 de abril de 1991 fueron asesinados los periodistas Jorge Enrique Torres y Julio Daniel Chaparro, quienes se encontraban investigando la masacre de Segovia (Antioquia), crimen de lesa humanidad en el que murieron cuarenta y tres personas y que fue perpetrada el 11 de noviembre de 1988 por paramilitares al mando de Fidel Castaño. Veinte años después del atroz crimen, la justicia colombiana adoptó una decisión polémica: la Fiscalía dictó la prescripción del caso y, con ello, la impunidad sigue reinando.

    Por los días en los que estos periodistas fueron asesinados, paradójicamente, se construía y firmaba la Constitución Política de 1991, donde se consagra el derecho de toda persona a la libertad de expresión y opinión, a la información libre y veraz y a la protección de la actividad periodística bajo condiciones de libertad e independencia profesional. Tras veinte años del asesinato de estos periodistas, presuntamente a manos de grupos paramilitares en complicidad con el Ejército, los familiares de las víctimas se enfrentan a los mecanismos usuales de impunidad.

    En la decisión, emitida por un fiscal de la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía General de la Nación, se asegura que no se encontraron motivos ni evidencias de fuerza probatoria que pudieran determinar que este doble crimen se haya ejecutado por la labor periodística que desempeñaban los comunicadores en el lugar de la masacre. Sin embargo, no quedan aún claros los elementos que se tuvieron en cuenta en la investigación del ente acusador ni qué fue exactamente lo que sucedió.

    Jorge Enrique Torres y Julio Daniel Chaparro arribaron hasta Segovia con el fin de informar acerca de uno de los capítulos más violentos de la historia reciente en Colombia. Este cubrimiento tenía la intención de hacer un trabajo de investigación con las víctimas de esta masacre, luego de la incursión del grupo paramilitar llamado Muerte a Revolucionarios del Nordeste Antioqueño, que arrasó y desplazó a decenas de familias de campesinos en la zona, con la anuencia de la Fuerza Pública. El motivo: la Unión Patriótica había echado raíces allí y había logrado ganar las elecciones locales, posesionando a Rita Tobón como alcaldesa, lo cual amenazaba, como se ha comprobado en los estrados judiciales, el poder de políticos locales de ultraderecha, como el exministro César Pérez García, quien está preso en este momento como autor intelectual del crimen de lesa humanidad.

    Haciendo gala de un periodismo comprometido y consecuente, estos periodistas arriesgaron sus vidas para informar a la opinión pública y lograr que estos hechos quedaran registrados en la memoria nacional. Sin embargo, las balas los silenciaron, al igual que a los testigos y a los presuntos victimarios, quienes corrieron la misma suerte. Nadie se salvó para dar cuenta de los verdaderos responsables de estos asesinatos y el silencio sigue reinando.

    Es evidente que el motivo del asesinato de estos periodistas tuvo origen en acallar una investigación periodística que estaban realizando bajo el título “Lo que la violencia se llevó”, en la cual cubrían varias zonas del país fuertemente afectadas por el conflicto armado, como Carmen de Chucurí (Santander), Vista Hermosa (Meta), Toribío (Cauca) y Tierralta (Córdoba). Esta investigación los condujo a Segovia, donde encontraron la muerte tras unas pocas horas de haber llegado al pueblo.

    Era indudable: representaban un objetivo militar para los paramilitares por su investigación y por trabajar para El Espectador, periódico que sufría por ese entonces de una campaña sistemática de desprestigio, amenaza y muerte por parte del Cartel de Medellín, que llegó hasta el asesinato de su director, Guillermo Cano, y a atentar con bomba contra la sede del informativo en Bogotá. Pese a estos antecedentes y sin tener en cuenta la labor peligrosa que realizaban los informadores, la justicia colombiana no encontró pruebas suficientes tras dos décadas de una investigación que no tuvo en cuenta varias de las particularidades del caso.

    En primer lugar, los presuntos victimarios, quienes fueron señalados inicialmente por la Fiscalía de pertenecer al Ejército de Liberación Nacional, fueron puestos en libertad por falta de pruebas en su contra y años más tarde también fueron asesinados. En segundo lugar, el caso fue asumido por el abogado y defensor de derechos humanos Eduardo Umaña Mendoza, quien también fue asesinado por paramilitares el 18 de abril de 1998, y la impunidad reinante en su caso ha impedido que se sepa la relación entre sus investigaciones, en casos como la masacre de Segovia y el holocausto del Palacio de Justicia, y su homicidio.

    La Comisión Interamericana de Derechos Humanos establece, en la Declaración de los Principios sobre la Libertad de Expresión, que “el asesinato, secuestro, intimidación o amenaza a los comunicadores sociales, así como la destrucción material de los medios de comunicación, viola los derechos fundamentales de las personas a estar informadas y coarta severamente la libertad de expresión. Es deber de los Estados prevenir e investigar estos hechos, sancionar a sus autores y asegurar a las víctimas una reparación adecuada”. Sin embargo, las investigaciones no avanzaron en este sentido y la suerte de estos periodistas, que murieron en cumplimiento de su deber ético y profesional, ha quedado como un claro ejemplo de que la impunidad es la norma por excelencia en este tipo de casos.

    El historiador Daniel Chaparro, hijo del periodista Julio Daniel Chaparro, considera estos dos asesinatos como un atentado directo contra la democracia que “mancilla la memoria de los periodistas asesinados y hiere profundamente a los familiares”. Por estos motivos, los familiares de los periodistas han decidido llevar el caso ante la Corte Penal Internacional, en vista de la inoperancia de la justicia colombiana.

  • “Ahora nos toca a nosotros”

    Por: InaZafràn – mayo 4 de 2011

    En medio de una crisis social y económica profunda, cuando el desempleo asciende a los 4,9 millones de personas en toda España, más de 2.000 personas se manifestaron en Barcelona, capital catalana. Bajo la consigna “Ara ens toca a nosaltres” (“Ahora nos toca a nosotros”), diferentes colectividades de la izquierda se manifestaron en el Día Internacional de la Clase Obrera, conscientes de que la crisis creada por los bancos, las grandes empresas y los dueños de los grandes capitales la está pagando el pueblo. (más…)

  • Entrevista a Aída Quilcué

    Aída Quilcué, durante la minga de 2008 - Foto: Omar Vera

    Por: Catalina Carmona Ruiz – mayo 4 de 2011

    Aída Quilcué, ha sido una de las líderes indígenas más reconocidas en Colombia. Su mirada es certera y su voz tranquila. Es una persona a la que le gusta escuchar los pensamientos de quienes le rodean y, por esto, genera un sentimiento de admiración y respeto por su lucha y por sus pensamientos, que es compartido por muchas personas. (más…)

  • Pasto marchó por la dignidad de los trabajadores

    Los trabajadores marcharon por las calles de Pasto en su día - Foto: Luis Gabriel Dorado

    Por: Luis Gabriel Dorado – mayo 3 de 2011

    Para los trabajadores y las organizaciones políticas que creen en un verdadero cambio social, el 1 de mayo es el día en que pueden expresar todas inconformidades que tienen frente al sistema. En Pasto (Nariño), esta jornada, protagonizada por unas 3.500 personas, se vivió sin contratiempos, pues, para esta ocasión, la Policía se replegó alrededor de las calles por donde iba a pasar la marcha y esto evitó los choques y abusos que se dieron en otras ciudades del país.

     

    El sitio de concentración de la marcha del 1 de mayo fue el Sindicato del Magisterio de Nariño (Simana), el más grande que tiene este departamento y punto de encuentro obligado para las organizaciones sociales, y aunque se programó el encuentro para las 9:00am, el entusiasmo de algunos de los participantes de esta jornada hizo que empezaran a llegar más temprano. Banderas rojas, estrellas, afiches, comunicados, pancartas y periódicos alusivos a la conmemoración del Día Internacional de la Clase Obrera empezaron a pasar de mano en mano entre quienes iban llegando a la marcha y a lo lejos podía verse la llegada de sindicatos pequeños, como el de vehículos de tracción animal, que, año tras año y sin importar la lluvia o el calor, salen a demostrar que la unión hace que sigan existiendo.

    Niños que acompañan a sus padres, parejas de esposos que asisten a la marcha, mujeres que gritan en honor a la libertad, estudiantes que exigen respeto, profesores que quieren garantías, adultos mayores que buscan mejores alternativas para poder envejecer dignamente, obreros, albañiles, sindicatos, el congreso de los pueblos, cabildos populares, organizaciones políticas, sociales, campesinas, indígenas y defensores de derechos humanos, entre muchos otros, dieron inicio a la marcha del 1 de mayo 2011, cuando un leve murmullo traía a quienes se reunían allí el viejo estribillo “el pueblo unido jamás será vencido” que, con el paso de los segundos, fue tomando mayor fuerza y los llevó a todos a empezar el camino y, como dice la canción, a hacer avanzar sus banderas de unidad.

    La principales calles de la zona céntrica de Pasto se vieron invadidas por la esperanza de quienes creen en un mejor mañana y los gritos en contra de las políticas del Gobierno Nacional, Departamental y local acompañaron toda esta jornada. Durante dos horas, se caminó por las calles donde, históricamente, la clase trabajadora del departamento ha ganado varias de sus luchas y al medio día se realizó la entrada a la Plaza de Nariño, sitio donde culminó la marcha y se dio inicio a los actos conmemorativos del día de los trabajadores.

    Las primeras en entrar a la plaza fueron unas réplicas de Obama y Santos, hechas con cartón, las cuales fueron quemadas al finalizar la jornada. Al ingreso de los marchantes hacia el lugar donde se había instalado una tarima, se volvió a escuchar la vieja canción de Quilapayún “El pueblo unido jamás será vencido”, sólo que esta vez era interpretada por uno de los grupos de más prestigio en el sur del país: Solsticio. Las banderas y los puños se levantaron y sacudieron apasionadamente con el inico del programa cultural, que, como es costumbre en Pasto, se inició con el himno de la clase obrera, “La Internacional”.

    Luego de los discursos y las presentaciones musicales, hacia la 1:30pm, después de quemar las figuras alusivas al gobernante y sus planes, se dio por finalizada la jornada del 1 de mayo en Pasto, demostrando que aún hay muchas personas que creen en que se puede cambiar el orden actual.

  • Amenazada periodista en Barranquilla y limitado arbitrariamente acceso de prensa a audiencia pública

    Durante el jucio a Miguel Ángel Beltrán se prohibió fotografiar el rostro del fiscal - Foto: Andrés Gómez

    Por: Federación Colombiana de Periodistas (Fecolper) – mayo 3 de 2011

    Liney Escorcia, colega de la cadena radial Caracol en Barranquilla, fue amenazada el pasado 30 de abril por dos sujetos que se movilizaban en una moto y le exigieron dejar de informar sobre temas que no cubría habitualmente. Y, dentro de una audiencia pública en Bogotá, un fiscal y un juez impidieron el cubrimiento de una diligencia por parte del colega Andrés Gómez, editor del periódico El Turbión, el día de ayer, 2 de mayo. (más…)

  • Yuri Neira: «Es una retaliación por la sentencia en el caso de Nicolás»

    Yuri Neira se ha convertido en un símbolo de la lucha contra la brutalidad policial en Colombia - Foto: Andrés Gómez

    Por: Omar Vera – mayo 2 de 2011

    Después de su detención por parte de dos agentes de la Policía y la iniciación de un proceso penal en su contra, Yuri Neira relata las condiciones en que fue apresado y luego liberado, las presiones y agresiones en contra de  sus abogados y sus preocupaciones por ser acusado de agredir a un funcionario público. El reconocido defensor de derechos humanos asegura que esta situación hace parte de las retaliaciones en su contra por el reciente fallo judicial en el que se reconoce la responsabilidad del Estado en el asesinato de su hijo a manos de agentes del Esmad, el 1 de mayo de 2005. (más…)

  • Multitudinarias protestas del 1 de mayo culminaron a pesar de violencia policial

    Los trabajadores y trabajadoras celebraron su día luchando en las  calles - Foto: Omar Vera

    Mayo 1 de 2011

    La jornada del Día Internacional de los Trabajadores congregó a miles de personas en las principales ciudades del país para manifestar su oposición al gobierno de Juan Manuel Santos y demostrar su inconformidad con las principales medidas que implanta actualmente o tramita en el Congreso. Temas como el Plan Nacional de Desarrollo, la Ley del primer empleo, la privatización de la educación, el Plan Colombia, la inminente firma del TLC, la Ley de sostenibilidad fiscal, la crisis de la salud, el manejo de la emergencia invernal y la Ley Lleras estuvieron al centro de una jornada que en casi en toda Colombia transcurrió en calma, pero que en Bogotá, Medellín y Cali estuvo marcada por duros enfrentamientos y una brutalidad policial pocas veces vista y que deja 86 detenidos y 28 manifestantes heridos, algunos de gravedad. (más…)

  • Libia – El día que mataron a Abdul

    Lanzamiento de misiles Tomahawk de EE.UU. sobre Libia - Foto: Charles McCain

    Por: Juan Linares – abril 29 de 2011

    El hecho ocurrió el sábado 19 de marzo, en horas de la tarde. Abdul, que en árabe quiere decir “sirviente de Alá”, salió de su casa en Trípoli con sus dos hijos, Akil, que significa “inteligente, que usa la razón”, de nueve años y Annakiya, que en africano quiere decir “rostro dulce”, de siete.

    Los tres caminaban animados rumbo a la casa de la madre de Abdul, la abuela Fátima, “esposa de Alí, el musulmán”, antes del cuarto rezo de la jornada –cada musulmán debe rezar cinco veces al día en dirección a La Meca–, cuando «rostro dulce» (Annakiya) pidió a su padre detenerse brevemente en la fuente de los tres deseos, próxima al emblemático edificio Assai Al-Hamra, o “castillo rojo”, de Libia. Un acto inocente que le agregaría un detalle a la anécdota familiar.

    Nunca sabremos si alcanzaron a cumplir en vida con aquel acto, nunca sabremos si consiguieron verse reflejados en esa fuente pública o si lograron bañarse las manos y los ojos antes de ser recibidos por Alá “el grande” en el paraíso: un terrible misil Tomahawk, lanzado desde un submarino aliado instalado en las profundidades del mediterráneo, los lanzó fuera de este mundo.

    El 20 de marzo de 2003, Estados Unidos y sus aliados –los mismos países que hoy atacan a Libia– bombardearon Bagdad (Irak). Las armas de destrucción masiva que el tirano Saddam Hussein, “nieto del profeta”, escondía en secretos arsenales representaban una amenaza y un ‘peligro grave y creciente’ para la humanidad. El tridente mortal, Bush, Blair y Aznar, reunido en las Azores decidió pedir para el almuerzo un menú de sangre inocente: se calcula que entre ochocientas mil y un millón de personas, entre civiles y militares, perdieron la vida en esa aventura. Nunca se encontraron las armas. Lo único masivo que Irak tenía era su inmensa pobreza. La mente humana no tiene fronteras en la barbarie.

    Ahora, el enemigo público número uno del planeta tierra es el líder libio Muamar el Gadafi: un villano capaz de descuartizar a una mariposa con sólo mirarla, un perro infiel que, acompañado por un grupo de bestias uniformadas, sale por las noches a matar a su propia gente en las calles de Trípoli, todos borrachos de pura violencia, todos ebrios de impunidad. Ése es el hombre que tiene aterrorizado a todo el norte de África, ése es el perfil que los medios de comunicación que coproducen la realidad intentan vender al mundo.

    Todos conocemos que el grupo empresarial de guerra está formado por los sospechosos de siempre: Estados Unidos, Francia, Inglaterra, España e Italia. Todos estos países recibieron a Gadafi con honores de jefe de Estado, todos le vendieron armas de última generación para que se proteja. Todos sabemos por experiencia de qué hablan los países centrales, los dueños del mundo, cuando claman por justicia y libertad. Pero, ¿alguien sabe quiénes son los rebeldes? ¿Alguien conoce sus proyectos de país? ¿Puede un pueblo, supuestamente sometido por un tirano, tener artillería antiaérea y cañones de largo alcance? ¿Quién es el líder de esta revuelta? ¿En nombre de qué o de quién se levanta el supuesto pueblo?

    La realidad muestra que en este mundo sobreviven los países que tienen capacidad de pisotear al más débil y arrebatarle sus recursos petroleros, gente que se aprovecha de la democracia para ocupar territorio. De eso se tratan las relaciones bilaterales. Los nuevos ‘amos ausentes’ son aquellos países que pueden gobernar a otros con sólo nombrar a un perro fiel que les cuide el patio de comidas. Para los países centrales, un líder nacionalista –lo llaman populista–, que quiera beneficiar a su pueblo con las riquezas de sus propios recursos, representa una amenaza para la justicia, la libertad y la paz mundial.

    Tanto Estados Unidos como Europa vienen perdiendo, a ritmo sostenido, influencia y credibilidad sobre los países emergentes, que los escuchan pero no les creen. Nadie ignora que la economía de Estados Unidos, para que sobreviva, necesita de continuas guerras: donde sea y con quien sea.

    Nadie ignora que Inglaterra y Francia atraviesan dificultades económicas monumentales y se han visto en la necesidad de implementar reformas previsionales –aumentar la edad de la jubilación y reformas en el sistema educativo, entre otras– para poder enfrentar la crisis, pero el caso más patético es el de España, que le agregó al quiebre económico que enfrenta –casi el 21% de desempleo– un condimento moral.

    La primera medida de gobierno del presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, fue retirar las tropas de Irak. Incluso encabezó una multitudinaria manifestación en contra de la guerra, de cualquier guerra. “¡No hay guerra justa!”, gritaba desaforado, como si tuviera un taco de dinamita en los zapatos. Hoy, su postura ha cambiado radicalmente, ahora obedece a Bruselas y necesita cuadrar caja: miente sabiendo que miente. Se ha unido a la coalición de París y poco le importa que las bombas caigan en el comedor o en el dormitorio de los hogares libios. ¿Cuánto tardaremos en meditar sobre el espanto?

    Son los países centrales los que provocan el caos para poder hacer luego lo que se les antoja. Ellos son el problema y la solución. Fueron ellos los que crearon y alimentaron a pavorosos monstruos terrenales: Manuel Antonio Noriega, Saddam Hussein y a este impresentable coronel Muamar el Gadafi, al que ahora es preciso destruir para ‘asegurar la paz mundial’ –y su petróleo–.

    Bomberos tunecinos fueron los encargados de recoger los despojos calcinados de Abdul y sus pequeños hijos. No había maneras ni formas de que Abdul, «el sirviente de Alá», supiera o siquiera entendiera que el nuevo orden mundial exige subordinación total a la tecnología y al radicalismo de los países que la poseen. Ya pasó antes con Irak.

  • La invisible inconformidad

    Aunque ivisibilizadas, decenas de luchas sociales sacuden al país -  Foto: Omar Vera

    abril 29 de 2011

    Aunque el gobierno de Santos intenta minimizar el descontento ciudadano, distintos tipos de movilizaciones se vienen multiplicando por todo el país. No han valido promesas ni las sorprendentes volteretas del gobierno por evitar que se visibilicen ciertas crisis sociales producidas por las políticas que los últimos gobiernos han implementado, por la emergencia invernal y por los proyectos con los que se pretenden beneficiar los intereses de las multinacionales extranjeras en el país. A pesar de eso, decenas de pequeños estallidos han venido sacudiendo las calles colombianas y, a pesar de su dispersión y debilidad actual, son la manifestación viva de una oposición que sigue de pie en la pelea. (más…)