Etiqueta: Cuba

  • El pagador de promesa

    Por: Nuria Barbosa León* – junio 13 de 2011

    El cirujano cubano Guillermo cumple su guardia en el Centro Diagnóstico Integral de La Grita, en el estado Táchira (Venezuela). La rutina del trabajo se interrumpe con un cuerpo ensangrentado y un puñal clavado en el pecho.

    Un acompañante relata la historia: “estaba en el bar cuando se armó la pelea, no sabemos cómo recibió la puñalada”. No hizo falta otro dato. Un rápido reconocimiento en el cuerpo puso en alarma el servicio de urgencia. Era evidente la necesidad de una cirugía para taponar aquel corazón sangrante. Maniobras rápidas instalaron los equipos de monitoreo, se administró respiración artificial para evitar un shock pulmonar.

    El tiempo resultaba escaso para buscar soluciones. Se abrió la cavidad torácica y Guillermo, con un dedo colocado en el orificio sangrante del corazón, hizo presión en la medida que suturaba todo el órgano.

    No se contaba con la vida del paciente, la familia inició una promesa al Santo Cristo de la Grita, deidad patrona.

    La evolución fue favorable, pero Guillermo no lo supo porque viajó a Cuba a disfrutar de sus vacaciones. Otros médicos cubanos velaron por la recuperación de un corazón herido por un puñal. Un derrame pleural en un proceso postoperatorio tuvo que resolverse con otra intervención quirúrgica, se instaló una sonda en el tórax para drenar el líquido acumulado y evitar una infección dañina.

    La frialdad de La Grita, con su arquitectura colonial de viejos castillos y fortalezas, fue testigo de aquel pagador de promesa. Con sus propios pies entró a la iglesia, habló a su santo y lo nombró con una palabra: “Cuba”.

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    * Periodista de Radio Progreso y Radio Habana Cuba.

  • La pelea

    Boxeando contra los muros - Foto: Marshall Astor

    Por: Nuria Barbosa León* – 14 de marzo de 2011

    Fue en la Ciudad de New York donde se programó un tope bilateral de boxeo entre Cuba y Estados Unidos, allá por la década del 70.

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  • Aguafuertes cubanas

    Por: Erasmo Magoulas – 20 de abril de 2010

    Mis bien ganadas vacaciones –mi jefa no está muy convencida del asunto– las disfruté en Cuba. Como llegué tarde para la 19ª edición de la Feria Internacional del Libro, no tuve más remedio que dedicar parte de mi tiempo a auto flagelarme con el mar Caribe de Varadero. Mi habitación de hotel tenía un televisor que receptaba más de cuarenta canales: comencé con el zapping, ejercicio extraño para mí, pues no tengo aparato de televisión en mi país de residencia y, obviamente, tampoco control a distancia.

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  • Cuba, ¿la red cercada?

    Por: Amaury E. del Valle – julio 1 de 2009

    La decisión de Microsoft de bloquear para los cubanos el sistema de conversación Messenger es apenas una vuelta de tuerca más en el bloqueo tecnológico de Estados Unidos contra la Isla. La reciente decisión del todopoderoso consorcio tecnológico Microsoft de suspender su servicio de conversación on line Messenger para países como Cuba, Irán, Corea del Norte, Siria o Sudán ha levantado una polémica internacional.

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  • Obama, crisis y América Latina

    Por: Marco A. Gandásegui, hijo – diciembre 15 de 2008

    Menos de un mes después de su elección, Barack Obama despierta opiniones encontradas en cuanto a su política hacia América Latina. Destacaría tres significados globales inmediatos. En primer lugar, a partir de enero de 2009 la política exterior de Obama, sin cambiar los objetivos estratégicos de EEUU, se pondrá guantes de seda para ejecutar sus iniciativas militaristas. En segundo lugar, propondrá un plan de recuperación económica no muy diferente, reemplazando a los ‘neoliberales’ mediocres de los pasillos del poder. Tercero, ha levantado grandes esperanzas por ser miembro de la ‘minoría’ afronorteamericana.

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  • Cuartel Moncada: 55 años de rebelión cubana

    Agosto 8 de 2008

    La toma al Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba –cuyo nombre le fue otorgado para dar reconocimiento al patriota cubano Guillermo Moncada, preso en este lugar al luchar contra los colonizadores españoles–, cumplió 55 años el pasado 26 de julio, fecha importante en la historia del pueblo cubano y específicamente en el desarrollo de la Revolución de 1959. El asalto al cuartel significó un importante intento para lograr la liberación del pueblo cubano de la dictadura impuesta por Fulgencio Batista. Esta acción armada, liderada por el abogado Fidel Castro reunió a un grupo de mujeres y hombres obreros, campesinos, jóvenes y empleados en el Ejército Rebelde del Movimiento 26 de julio, para apoderarse de este recinto militar y, principalmente, de las armas allí almacenadas.

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  • Soberanía y dignidad

    Por: Juan Diego García – noviembre 8 de 2007

    En reciente discurso el presidente de los Estados Unidos ha propuesto a la comunidad internacional crear un fondo para promover la transición de Cuba a la democracia, según la particular versión que Washington tiene del término. Para sustentar su oferta Bush describe un panorama dantesco de miseria y opresión que justificaría una ingerencia humanitaria para sacar a los cubanos del supuesto infierno en que viven. La sarta de inexactitudes sobre la situación real de la isla es tal que no merece mayor comentario; muchas de las afirmaciones son tan burdas que mueven a risa si no fuera por las aviesas intenciones de quien las pronuncia. Nadie por supuesto las toma a broma y menos que nadie los propios cubanos que desde siempre han resistido a los deseos anexionistas de los Estados Unidos.

    El discurso de Bush ha sido trasmitido por la televisión cubana. Es posible imaginar la reacción de los televidentes al enterarse sobre la supuesta prohibición de escuchar radios extranjeras, leer libros sin permiso de las autoridades, cambiar de puesto de trabajo o de residencia o reunirse en grupos de más de tres personas sin autorización de la policía, entre otras sandeces por el estilo. Por supuesto, ninguna de estas cosas son ciertas y hasta pueden hacer pensar que quien le escribió el discurso a mister Bush le quiere poco, sometiéndolo al ridículo público. Hubiera sido más inteligente que el presidente estadounidense mostrara los fallos y errores que la misma Revolución reconoce y que se traducen en dificultades cotidianas, sugiriendo que el sistema actual es incapaz de solucionarlas. De esta manera Bush podría unirse como uno más al vivo debate que sobre estos temas adelantan los propios cubanos empezando por sus dos máximos dirigentes, Fidel y Raúl, y por cientos de especialistas y miles de gentes sencillas que con enorme espontaneidad y hasta con desparpajo hablan de sus problemas y la mejor manera de solucionarlos.

    Pero hacia Cuba los estadounidenses nunca han mostrado ni suspicacia ni mucha inteligencia y las voces sensatas que llaman a reflexionar sobre otros caminos nunca encuentran eco. Menos ahora con una administración que tanto debe a la minoría extremista de la colonia cubana de Miami. Las autoridades de La habana podrían pedir en este caso una muestra de reciprocidad elemental y permitir que las cadenas de televisión estadounidenses transmitan la respuesta de Cuba a la propuesta de Washington.

    No se sabe si es torpeza, ignorancia, malas intenciones o todo ello junto. Porque proponer a la población cubana ayudas para salir del atraso en educación y salud resulta demencial; precisamente en salud y educación, temas en los cuales Cuba puede dar lecciones a los propios Estados Unidos como mostrará un análisis comparado de las cifras de la UNESCO, la UNICEF y la OMS sobre educación, cuidado de la infancia y salud pública. En realidad las autoridades de La Habana si podrían ofrecer un plan de apoyo urgente para los 40 millones de estadounidenses que viven sin cobertura sanitaria, los millones de analfabetas (totales y funcionales) que hay en el país del norte, los cientos de miles de infantes sin atención y ese 30% o más de habitantes que viven en la miseria en el seno de la mayor y más rica potencia del planeta.

    Un discurso tal solo se entiende si va dirigido a una población que lo ignora todo sobre Cuba y es a la vez víctimas de una operación de manipulación mediática de grandes dimensiones; una población que en un alto porcentaje aún cree que Sadam Hussein fue responsable del ataque el 11 de septiembre, que las armas de destrucción masiva si fueron encontradas y, por supuesto, que Dios habla al oído de su presidente.

    Que se sepa, nadie en su sano juicio ha dado respaldo a la nueva locura de Bush. En el área, hasta los amigos más fieles de Washington guardan un silencio revelador y no falta quien rechaza abiertamente la propuesta por constituir una grosera ingerencia en los asuntos internos de un país soberano. El llamamiento a la desobediencia de las fuerzas armadas y en general la incitación subversiva pone en aprietos a más de uno, empezando por las llamados «disidentes» internos que señalan lo inconveniente que resulta para su imagen el descubrir de manera tan clamorosa que son financiados por una potencia extranjera. Por ese delito se encarcela en Cuba, pero también en Estados Unidos y en muchos otros países que lo consideran traición a la patria.

    Esta nueva iniciativa de la administración Bush tan solo es un paso más en una estrategia de acoso y agresión iniciados desde el mismo comienzo del proceso revolucionario. Pero en realidad habría que remontarse a los esfuerzos que a lo largo del siglo XIX hizo Washington por apoderarse de la mayor de las islas de Caribe. La intervención en la guerra contra España no tenía la menor intención de propiciar la independencia de la Isla como demostró la enmienda Platt que convertía a Cuba en poco menos que una colonia de los Estados Unidos con fachada de república. Y así fue durante la primera mitad del siglo pasado, controlando sin el menor pudor a gobiernos corruptos y sátrapas sangrientos hasta que llegaron los Rebeldes de la Sierra Maestra y «el comandante mandó a parar». Ni un solo instante se ha desistido del propósito anexionista; menos ahora que el «sueño americano» se ha vuelto más demencial y agresivo, convirtiendo en norma y ley lo que hasta hace poco era violación e imperialismo. Si durante la guerra fría el «peligro comunista» sirvió de pretexto, ahora lo han intentado todo para justificar una agresión en forma y barrer del mapa la Revolución. Acusaron a Cuba de promover el terrorismo y les fracasó; inventaron una historia rocambolesca de fabricación de armas biológicas y quedaron en evidencia; reforzaron hasta lo infinito las medidas del bloqueo a pesar de las reiteradas condenas de la Asamblea General de Naciones Unidas a esa medida criminal, y ahora (precisamente días antes de esa Asamblea y una posible nueva condena) el señor Bush aparece con esta propuesta de ingerencia grosera, violatoria de cualquier principio de legalidad internacional.

    Cuba ha salido airosa siempre y ha podido conservar su independencia. Hasta en los momentos más oscuros y las coyunturas más dolorosas su población resiste mediante un ideario nacionalista que encuentra en José Martí su mayor expresión. Para quienes tienen la patria segura, para quienes no ven peligrar bajo la bota extranjera el suelo que les vio nacer, para quienes no han visto nunca pisoteados por la soldadesca los símbolos más queridos de su identidad, el sentimiento nacionalista de los cubanos podría resultar un tanto excesivo. No, si se conocen los antecedentes; no si se tiene conciencia de las enseñanzas de la historia.

    Washington intenta reiteradamente aislar a Cuba. Pero la Isla jamás ha estado sola, ni antes ni ahora cuando es mayor el número de gobiernos que sostienen con ella relaciones normales de amistad y cooperación. Nunca como hoy su causa fue comprendida y apoyada por más gente. En los propios Estados Unidos ya no solo son los progresistas que están en contra de la política de bloqueo y agresión; se oponen también los empresarios que ven perjudicados sus intereses por las trabas absurdas al comercio libre con la Isla; discrepan igualmente un número creciente de políticos de todos los partidos sabedores de lo inútil de tal estrategia belicosa. Cuba tiene hoy amigos en todas partes mientras los Estados Unidos sufren desprestigio universal y aislamiento internacional. Su arrogancia y prepotencia, sustentada por el peso de sus armas y la amenaza de sus ejércitos ha deteriorado su imagen de cuna de las libertades y paladín de la democracia. Nadie teme a Cuba, mientras el planeta entero desconfía de los Estados Unidos y su poder sin controles.

    Y no ha faltado la nota jocosa que parece acompañar indefectiblemente al presidente Bush. Como es público y notorio que el actual inquilino de la Casa Blanca no se destaca precisamente por su destreza mental, sutileza en el análisis y facilidad de palabra, las malas lenguas sostienen que la frase final de su discurso no fue «Viva Cuba libre» sino «viva el cuba libre», un lapsus fruto de su condición de alcohólico que deja la bebida pero sigue arrastrando los problemas que los llevaron al vicio.

  • El cubano delegado

    Por: Nuria Barbosa León* – noviembre 4 de 2007

    El cubano hoy amanece inventándose el día, sortea las dificultades emanadas del bloqueo y busca su realización personal en los límites de la Isla donde el tiempo es algo más que una ola a la deriva.

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  • Verdades versus mentiras

    Por: Nuria Barbosa León* – noviembre 4 de 2007

    Un grupo de eminentes médicos norteamericanos se indignaron al conocer que el documental de John Stossel ‘¿Enfermos en EEUU, sanos en Cuba?’, divulgado por la gran cadena ABC, mentía acerca del sistema de salud pública cubano.

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  • Cuba

    Servicio noticioso número 142 – agosto 12 de 2006

    Juan Diego García

    “Las 400 empresas españolas presentes en Cuba mantienen sus planes y no esperan grandes cambios”, señala el diario El País, de Madrid, el pasado 7 de agosto. Si se deduce razonablemente que los capitalistas tienen buen olfato para estos asuntos, es posible leer sin sobresalto los artículos de catástrofe que dan la Revolución por fenecida y observar, no sin cierta sorna, las escenas de histerismo colectivo de algunos grupos del exilio cubano en Miami que ya dan a Fidel Castro por muerto.

    Ni una cosa ni la otra tienen que ver con la realidad.

    En efecto, el comandante fue operado con éxito, convalece como es de rigor y no sería extraño verle aparecer de nuevo al frente de los asuntos cotidianos del gobierno en las próximas semanas. Por supuesto, es una persona sometida, como cualquiera, a los riesgos inherentes de la condición humana y algún día el Comandante en Jefe morirá. Eso sí, dejando tras de sí una leyenda que ya lo inscribe como uno de los personajes centrales de la historia del continente. El presidente cubano se recupera y para desconsuelo de sus detractores bien podría que ser que haya Fidel para rato.

    Menos aún parece sostenible la idea según la cual la Revolución está a punto de venirse abajo y que sólo hace falta un acontecimiento como la desaparición física de Fidel para dar comienzo a un proceso político de desmantelamiento del socialismo y de regreso inevitable a la ‘democracia’.

    En realidad, nada parece indicar que el país esté próximo a un colapso. Así lo sugieren los informes de la propia oficina de intereses de los Estados Unidos en La Habana, cuyos funcionarios están entrenados, precisamente, para no confundir sus deseos con la realidad. El Vaticano, como uno de los instrumentos diplomáticos más destacables del capitalismo mundial, también parece inclinarse por este diagnóstico y, a través de la Iglesia Católica local, pide a su feligresía elevar oraciones al Altísimo por la salud de Fidel. Puede que ellos no tengan las divisiones que mencionaba Stalin en Yalta, pero sí cuentan con un servicio de espionaje de primera línea.

    No hay que ser muy perspicaz para saber que la economía cubana se ha recobrado satisfactoriamente del duro trance que significó el fin del llamado campo socialista. El “período especial” ha sido superado y la nueva correlación de fuerzas regional y mundial no hace más que debilitar el bloqueo. En estos momentos, Cuba tiene amigos claves en todas partes: el nuevo vínculo con MERCOSUR y, sobre todo, las magníficas perspectivas en las relaciones con China le permiten neutralizar fuerzas hostiles e, inclusive, prescindir de los gobiernos de una Europa ahora plegada por completo a las políticas de Washington. De hecho, el bloqueo infame de los Estados Unidos se debilita en su propia casa: cada vez son más los empresarios estadounidenses que exigen un levantamiento de esa medida anacrónica para no verse ellos mismos desalojados del comercio con Cuba, en el cual hace presencia la competencia de otros capitalistas. Por el contrario, el exilio exaltado y terrorista de Miami y sus aliados del fundamentalismo neoconservador en Washington tienen cada vez menos amigos y las medidas que agudizan el bloqueo despiertan oposición, inclusive entre sectores crecientes del propio exilio cubano.

    Nada indica, entonces, que Cuba se encuentre al borde del caos. Probablemente por ello los analistas más agudos indican que esta repentina enfermedad de Fidel no sólo muestra la estabilidad del sistema sino que sirve a las autoridades de la Isla para ensayar lo que un día, inevitablemente, tendrá que ocurrir: la partida definitiva del Comandante.

    Además, sí se confirma la existencia de petróleo en la parte cubana del Golfo de México la economía del país dispondrá de recursos claves de una potencialidad inmensa: otro factor más que desmiente la caída inminente del modelo agotado en sus propias contradicciones. En este nuevo escenario, las dificultades materiales del “período especial” se ven muy aliviadas y las perspectivas son halagüeñas para el futuro inmediato.

    Sin embargo, mucho más importante que todo esto es que resulta muy dudoso que la inmensa mayoría de la población opte por un modelo económico diferente. Les basta con hacer una comparación con los países de su entorno. ¿Cuál de ellos ofrece –con un producto interior bruto ciertamente modesto– un sistema gratuito de salud y educación de cobertura universal, la recepción asegurada de los alimentos básicos, la pensión de jubilación para todos y el derecho garantizado a la vivienda y al empleo? Las comparaciones deben hacerse con países similares, pero sí se realizan con Europa o los Estados Unidos, aún así, los cubanos no salen mal parados.

    Las limitaciones y carencias que afectan la vida cotidiana son también una realidad innegable. En parte se deben a fallos del sistema, al bloqueo gringo y sumemos a ello que Cuba es un país del Tercer Mundo, con todo lo que ello significa. Aún así, el socialismo cubano muestra sus ventajas sobre las democracias latinoamericanas que son verdaderos desiertos de pobreza y miseria, con sus oasis de riqueza extrema. Los cubanos son pobres, ciertamente, pero no les falta lo esencial para llevar una vida digna. Por desgracia, no se puede afirmar lo mismo de las ‘democracias’ más consolidadas del continente, incluyendo, en muchos aspectos, a los mismos Estados Unidos.

    Asociar, entonces, la partida temporal o definitiva de Fidel con el inicio del fin del socialismo cubano, es más el deseo de algunos que algo con fundamentos reales. Pero nada de esto significa que no vayan a ocurrir cambios. De hecho, el socialismo cubano ha estado evolucionando de forma permanente en las últimas cuatro décadas y hace frente hoy a retos estratégicos que afectan su futuro. En este contexto, resulta menos espectacular, pero de mucha mayor trascendencia, la llamada “batalla de las ideas” que promueven las autoridades cubanas y que tiene como objetivo, precisamente, hacer frente al reto del socialismo en el siglo XXI. El propio Fidel adelantó ideas directrices en un reciente y muy comentado discurso en la Universidad de La Habana, desmintiendo a quienes describen a los dirigentes cubanos, y en particular al propio Fidel, como sectarios irremediables: Castro sostuvo la necesidad de debatir amplia y públicamente sobre el futuro de la Revolución, afirmando que, si bien los enemigos externos nunca lograrían derrotarla, estaba en manos de los propios cubanos mantener y profundizar el socialismo o bien un regresar al capitalismo.

    La “batalla de las ideas” es, ciertamente, mucho más que una movilización de jóvenes para combatir la corrupción, promover el ahorro de energía o propiciar medidas medioambientales. En realidad, esta batalla tiene más características de una Revolución Cultural, puesto que busca transformar los fundamentos mismos de la conducta, es decir, la cultura cotidiana, las respuestas automáticas que se asientan en los valores más íntimos de una civilización y que sobreviven a los cambios legales o institucionales que trae consigo una revolución.

    En efecto, la producción material que asegura la misma existencia, las formas de la distribución y los modelos del consumo de la riqueza social no sólo dependen de las relaciones de propiedad y poder que se pueden transformar por decreto: están ancladas en valores y pautas que conforman la moral de trabajo y la manera de satisfacer las necesidades. Eso busca la “batalla de las ideas”: confrontar a la solidaridad social con el egoísmo, al consumo responsable con la dilapidación, al uso medido y respetuoso de los recursos con un productivismo feroz que afecta a las generaciones futuras, a una vida plena que permita el despliegue de la personalidad con la competencia tenaz del ‘todos contra todos’.

    La solución futura de este reto cultural sí ofrece elementos de interés para aventurar futuros a la sociedad cubana. Que la Isla recorra el triste camino que va del socialismo actual a ese capitalismo mafioso y gansteril que hoy predomina en lo que fue el campo socialista será una decisión autónoma de los cubanos mismos. Será la única ‘transición’ –y, sin duda, la más importante– que afectará sus vidas, con o sin Fidel. Por eso, los llamados de Washington no sólo constituyen una grosera intervención en los asuntos internos de un país soberano y una muestra más de la actual política imperialista de los Estados Unidos y quienes los secundan, sino que muestran hasta dónde van descaminados sus propósitos y hasta qué punto resultan patéticas las actitudes del exilio más exaltado y belicoso de Miami.

    Un señor Smith, último encargado de la oficina de intereses de los Estados Unidos en La Habana, señalaba hace poco en la prensa española los fallos de la política de su país frente a Cuba, cimentados precisamente en la idea equivocada según la cual la Isla es una especie de enorme cárcel, llena de presos de conciencia, ciudadanos descontentos y prestos a sacarse el yugo del comunismo a la menor oportunidad, y Castro un dictador sanguinario, odiado y temido, a cuya muerte o caída sobrevendrá la luminosa mañana de la democracia representativa. Un futuro esperanzador, según los planes ya elaborados por los estrategas gringos, los mismos que diseñaron el “caos constructor” que tan buenos resultados ha traído a Irak, Afganistán y Palestina y ahora también a Líbano.

    En síntesis, Fidel mejora y somos millones quienes, en todo el mundo, deseamos su pronta recuperación. Todo está en calma en Cuba, aunque son evidentes las muestras de preocupación de sus habitantes por la salud de su líder. El único proceso de ‘transición’ que está en marcha en la Isla, ya desde hace muchos meses, tiene que ver con la suerte misma de la Revolución y la construcción de un orden alternativo al capitalismo.