Etiqueta: guerra

  • Las nuevas guerras coloniales

    Estados Unidos gasta cada día 450 millones de dólares solamente en su invasión de Iraq - Foto: Jayel Aheram

    Por: Juan Diego García – marzo 24 de 2011

    Igual que ocurrió durante la Guerra Fría, las contradicciones entre las grandes potencias del globo se dilucidan hoy mediante conflictos bélicos en la periferia pobre del sistema. El llamado Tercer Mundo resulta el escenario donde la disputa mundial adquiere sus expresiones más crueles y si antes se trataba de una dura competencia entre Oriente y Occidente, entre ‘comunismo y democracia’, desaparecido el campo socialista –en particular la Unión Soviética– se asiste hoy a un juego mucho más complicado de fuerzas en pugna por alcanzar la hegemonía. A los protagonistas de ayer –que en la práctica permanecen en el conflicto actual– habrán de agregarse otros nuevos, todos ellos en busca de lo mismo: materias primas esenciales, áreas de influencia, control de mercados, corredores estratégicos, bases militares, gobernantes ‘amigos’ y, en el caso de los occidentales, una obsesión de vieja data que ya aparece en las formas clásicas del colonialismo, a saber, la imposición violenta de sus valores y la forzada integración de las sociedades periféricas en el nuevo orden mundial, así sea al precio de destruir culturas completas –genocidio incluido– en aras del ‘progreso de la humanidad’.

    La pugna por la hegemonía mundial aparece entonces como un transfondo insoslayable en el análisis de las guerras en curso, de los levantamientos armados espontáneos o debidamente fomentados, y de los golpes de Estado contra gobiernos no controlables o contra tiranos políticamente agotados, en medio de una dinámica creciente de inestabilidad política y desgarros sociales que dibujan de manera tan dramática el cuadro de casi todos los países del mundo pobre y dependiente.

    Por supuesto, cada conflicto tiene sus propios motivos y no es sensato reducir todo a la intervención de fuerzas extrajeras, de la misma forma que es bastante ingenuo considerar que las naciones más poderosas en pugna por el control mundial son agentes respetuosos de la soberanía y la autodeterminación de los demás, que resultan inocentes protagonistas y fieles garantes de la legalidad internacional y sobre todo que, lejos de intereses espurios, en sus ‘misiones’ tan sólo les anima un sincero amor por la humanidad y el deseo de extender la democracia por el mundo. Hasta el más ciego puede constatar como la política internacional de las naciones ricas no es otra cosa que un discurso cínico de justificación de agresiones, desembarcos, bloqueos y toda clase de medidas de fuerza bruta que nada tienen que ver con el supuesto y jamás practicado ‘derecho internacional’. No resulta entonces extraño que antes que el respeto universal por tratados y normas internacionales predomine de nuevo la ‘diplomacia de las cañoneras’ y si bien algunos gobiernos intentan conservar un lenguaje retórico de respeto por los demás, cada vez se impone con mayor claridad la expresión sin tapujos del supuesto derecho del más fuerte como origen natural del poder.

    Las guerras actuales tienen, para quienes las alimentan y promueven, ganancias de todo orden. Para el llamado Complejo Militar Industrial –que no sólo existe en los Estados Unidos, aunque allí tenga su máxima expresión– los beneficios económicos son inmediatos y seguros, con independencia de los resultados del conflicto, tal como se puede comprobar en la destrucción de Iraq, la batalla perdida de Afganistán, el atolladero de Pakistán, la bomba de tiempo que supone el conflicto en Palestina, la también perdida guerra contra las guerrillas en Colombia y la actual agresión contra Libia: los inmensos raudales de dinero que han recogido las empresas de la guerra arrojan un balance inmediato y ampliamente favorable para ellas, así sea al alto precio de propiciar otros mil conflictos y llevar a extremos inéditos las contradicciones de todo tipo, aún en sus propios países. La guerra, como ocurrió antaño, juega un papel importante en la búsqueda de salidas a la crisis del capitalismo, una suerte de mecanismo automático del sistema que opera con independencia de los riesgos inmensos que supone.

    Por supuesto, no sólo gana el Complejo Militar Industrial. Los beneficios, a mediano y largo plazo, se suponen comunes para todos los grupos de la clase dominante metropolitana. Después de la agresión inicial vienen la ocupación, el saqueo y, por supuesto, la ‘reconstrucción’, asegurándose el objetivo central de la cruzada, que no es otro que controlar los recursos naturales del país sometido, al precio más bajo y en las mejores condiciones posibles.

    El gran inconveniente de esta estrategia de nueva colonización –tal como sucedió en el pasado– es que, lejos de trascurrir en armonía y amistosa cooperación entre en las potencias interesadas, se producen inevitables roces que alimentan una dinámica de confrontación de impredecibles consecuencias. Estados Unidos aparece como la gran potencia que aspira a hegemonizar este proceso de saqueo planetario, admitiendo a Europa como una especie de socio menor, incómodo pero necesario. Pero, en el escenario mundial se mantiene Rusia que, a pesar de sus dificultades temporales, tiene un potencial nada desdeñable y sobre todo sigue siendo una potencia nuclear imposible de ignorar, al tiempo que a la palestra suben economías en ascenso como Brasil, India y sobre todo China. Algunas aspiran al menos a hegemonías regionales pero Estados Unidos y China, dadas sus dimensiones, buscan una influencia y un dominio planetarios, y tienen todas las condiciones para conseguirlo.

    Para muchos analistas, Estados Unidos es ya una potencia en declive en tanto que China lo es en ascenso, convertida ya en la segunda economía del mundo y con aspiraciones a convertirse en la primera antes de una década. Así, se dan todas las condiciones para una confrontación multipolar, que bien puede desembocar en una guerra generalizada. Todo conduce a pensar que, en lugar de una era de entendimiento y paz, lo que se está gestando es probablemente una versión nueva y más terrible de las guerras mundiales del siglo anterior. Y es así porque desplazar el enfrentamiento entre potencias a la periferia del sistema tiene sus límites: sólo es cuestión de tiempo para que el cerco militar a China, por parte sobre todo de los Estados Unidos, y la estrategia de hostilizar y desmembrar Rusia desemboquen en una confrontación directa de incalculables resultados.

    En Latinoamérica y El Caribe la confrontación no parece hoy tan aguda como en Asia y África, pero se produce igualmente: Brasil es, sin duda, el mayor obstáculo para una potencia como Estados Unidos, que debe aceptar ya la presencia de China, Rusia, Japón y Europa en una región que siempre consideró suya en exclusiva. Hay demasiados recursos en juego y procesos sociales y políticos muy agudos, que bien pueden servir para propiciar intervenciones bélicas mediante las cuales se busque recuperar protagonismo. De nuevo, antes que enfrentarse a Brasil directamente, Europa y los Estados Unidos, en particular, activan conflictos en la periferia de este coloso suramericano –en Venezuela y Colombia, de manera particular–, con la finalidad de debilitar sobre todo el proceso de integración y reducir en lo posible las nuevas relaciones con China que en países claves de la región ya reemplaza a los Estados Unidos como socio preferente. Por supuesto, se mantiene la estrategia de ahogar a Cuba por todos los medios y frustrar el posible surgimiento de experiencias similares en el área. Pero, de momento, la región se beneficia de las urgencias que otros frentes imponen a las potencias occidentales.

    Por supuesto, en todo este incierto panorama los pueblos tienen un protagonismo decisivo. Los movimientos sociales en Latinoamérica y el Caribe, los levantamientos en el mundo árabe, las luchas nacionalistas en Asia y el descontento creciente de la misma población metropolitana encierran un potencial inmenso que puede determinar una salida que no sea la guerra o convertir ésta en una oportunidad para dar nacimiento a una nueva era. Como se afirmaba entonces, existe la posibilidad de que la guerra desemboque en una revolución o que una gran revuelta ciudadana detenga la locura de la guerra.

  • Año borrascoso

    Foto: Eduardo Martín Blasco

    Por: Juan Diego García – enero 5 de 2011

    El balance del año que termina bien podría describirse con un verso del gran poeta chino Mao Tse-Tung, que en un momento de enorme incertidumbre en la Larga Marcha escribió: “Reina un gran desorden bajo los cielos. La situación es excelente”. En efecto, el desorden universal no podría ser de mayores dimensiones. La necesidad del cambio, tampoco.

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  • La guerra debería ser tema de estas elecciones

    Los documentos publicados por Wikileaks revelan graves abusos del ejército estadounidense en territorios extranjeros- Foto: Jeremiah Johnson

    Por: Amy Goodman- noviembre 1 de 2010

    A sólo días de las cruciales elecciones legislativas de mitad de mandato en EEUU, WikiLeaks, el sitio web de denuncia de prácticas ilegales, reveló la mayor filtración de información clasificada del ejército estadounidense de la historia. Casi 400.000 documentos secretos del Pentágono, relacionados con la invasión y ocupación estadounidense de Iraq, fueron publicados en la web. Los documentos, terriblemente detallados, dan muestra del cotidiano torrente de violencia, asesinatos, violaciones y torturas al que han sido sometidos los iraquíes desde que George W. Bush declaró la “misión cumplida”. Los documentos publicados por WikiLeaks, conocidos como “Registros de la Guerra de Iraq” han ocupado los primeros lugares en los titulares de Europa, pero en Estados Unidos apenas merecieron mención en los programas de entrevistas de los domingos.

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  • ¿Por qué?

    Por: Rosalba Moreno – octubre 24 de 2009

    ¿Por qué llamar conflicto a lo que guerra ha sido y guerra sigue siendo? Guerra de Baja Intensidad en un contexto global de Guerra Preventiva. Guerra al servicio del gran capital trasnacional. Guerra en Honduras, guerra en Colombia, guerra en el sur y el centro de América. Guerra amenazando derramarse desde Colombia a Venezuela, Ecuador y más allá.

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  • El final del mito del Plan Colombia

    Por: Omar Vera – 16 de abril de 2009

    El fracaso en la estrategia antidrogas y en planes no militares de intervención plantea cambios puntuales en la política del gobierno de Obama hacia Colombia.

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  • La guerra y las mentiras

    Por: Juan Diego García –  abril 10 de 2008

    Los motivos por los cuales Estados Unidos y sus aliados decidieron invadir Irak eran evidentes mentiras para todo el mundo, menos, eso sí, para la opinión pública estadounidense, manipulada convenientemente por su propio gobierno y los grandes medios de comunicación. Ahora, que se cumplen cinco años de la agresión, aquellas mentiras han dejado secuelas que vale la pena resaltar, comprobando una vez más que no se miente en vano.

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  • El principio del fin

    Por: Freddy J. Melo – abril 9 de 2008

    Se están cumpliendo cinco años de la invasión a Irak (19/03/03). Lo que la camarilla genocida de la Casa Blanca creyó un hábil movimiento en el proyecto de la ‘nueva centuria americana’ –diseñado por sus impenitentes ideólogos de extrema derecha como continuidad del siglo XX, que fue de USA mediante una combinación de agresividad económica, fuerza, cinismo, bandidaje y rapiña–, presenta signos de ser más bien el comienzo de la decadencia del Imperio. La resistencia imbatible de los iraquíes –cuyas diferencias religiosas ha tratado el invasor de azuzar bajo receta maquiavélica, incluyendo destrucción de lugares sagrados, y utiliza ante el mundo como parte de su coartada inmoral– lo mantiene empantanado de tal manera que no encuentra cómo salir ni cómo permanecer. Esas diferencias religiosas no operan en la medida que él señala, y, como lo sostienen los voceros del patio que logran hacerse oír, ni obstaculizaron la vida nacional antes, ni deterioran su capacidad combativa hoy. De modo que la resistencia es del pueblo en su inmensa mayoría, con la sola e infaltable exclusión de los apátridas.

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  • La guerra con Venezuela

    Por: Ovidio Cardona – marzo 21 de 2008

    Es absolutamente evidente que los ánimos se están caldeando en Colombia y ya en muchos círculos se está hablando de una guerra con Venezuela. Hay quienes atizan y la gran mayoría se deja arrastrar por intereses foráneos que desde las sombras han venido fraguando toda clase de artimañas para derrocar al presidente Hugo Chávez y, además, robarle el petróleo.

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  • Conflicto armado en Colombia traspasa fronteras y relaciones de poder

    Por: AJS – agosto 15 de 2007

    “Guerra es guerra: ya todos son iguales” es una de las frases que solemos escuchar y forman parte de nuestra cotidianidad y del pensamiento colectivo de los colombianos, a pesar de ser una inexacta frase de cajón. Y se ha convertido, justamente, en inexacta porque, desde la misma definición que se ha realizado del conflicto por parte de los gobernantes, de los medios de comunicación y de los distintos grupos sociales, no se ha procurado realizar una comprensión de la problemática real. Lo que se ha generado es una definición de conflicto armado de forma ambigua y no diferencial.

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  • Tigres de papel

    Por: Juan Diego García –  agosto 10 de 2007

    Poco ha durado la euforia de los profetas del ‘siglo americano’, a juzgar por las enormes dificultades que atraviesan hoy los Estados Unidos, agravadas por el torpe manejo de la actual administración.

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