La masacre de Tumaco del pasado jueves 5 de octubre demuestra no solo que la Fuerza Pública sigue dispuesta a dar trato de guerra a la protesta social sino la incapacidad del Estado para resolver por un método diferente a la violencia el grave problema de la población que sobrevive gracias a los cultivos de uso ilícito y, así, cumplir con lo acordado en La Habana.
En todo el mundo se manifiesta el rechazo a los negocios de la empresa mexicana en el muro que Israel construye en los territorios palestinos de Cisjordania.
El acoso sistemático contra el gobierno de Maduro no es más que la prolongación de la misma estrategia emprendida contra Chávez en su día. Y los motivos son los mismos: en lo interno, impedir que nuevas políticas sociales afecten los intereses de una minoría oligárquica, parasitaria e incompetente que ha usufructuado sin medida la riqueza de aquella “Venezuela la rica, Venezuela la grande” del poeta Neruda; y en lo internacional, destruir una política exterior que promueve la integración regional y la búsqueda de nuevos socios comerciales en armonía con el nuevo orden mundial, tal como lo hacen otros muchos países del área, incluyendo a México, el aliado más cercano de los Estados Unidos. Todo ello despertó de inmediato las alarmas en Washington, que ya ha visto muy disminuida su hegemonía en el hemisferio. No debe, entonces, sorprender la unidad entre las clases dominantes criollas y el gobierno de los Estados Unidos y sus aliados.
Desde el pasado 10 de mayo, el Pacífico colombiano es escenario de un paro sin precendentes que ha venido juntando a la población afrodescendiente e indígena del Chocó, Buenaventura (Valle) y Guapi (Cauca). No obstante, la protesta en Buenaventura es la que ha cobrado más relevancia porque, a pesar de que por este puerto entre y salga la mayoría de las mercancías que determinan el comercio exterior de Colombia, sus pobladores no han recibido beneficio alguno por el papel fundamental que cumple su ciudad para la economía del país y, por el contrario, sufren la privación de sus derechos fundamentales y una constante violencia por parte del Estado.
Bloqueos de vías en Venezuela. Foto: Andrés E. Azpúrua.
Por: Eduardo Tamayo G. – mayo 30 de 2017
Los grandes medios privados están construyendo un relato perverso de la violencia en Venezuela que ha penetrado en amplios sectores, incluso en algunos intelectuales progresistas. Según este relato, todos los muertos y los heridos son atribuidos al gobierno de Maduro, que es presentado como una dictadura o régimen que reprime salvajemente al pueblo.
Ni la desbocada violencia policial ha podido detener el paro cívico de Buenaventura. Foto: Kevin Andrés Sánchez.
Por: Mauricio Rodríguez Amaya – mayo 22 de 2017
El Chocó no aguantó más y desde cada casa se construyó el paro cívico. La gente salió a las calles, cerró el comercio y empezó uno de los capítulos más bellos de la lucha por la dignidad del pueblo chocoano.
«Bogotá popular se moviliza» fue el lema escogido este año para la reconocida marcha del sur de Bogotá el 1 de mayo, Día Internacional de la Clase Obrera.
Más de 20.000 personas se movilizaron este 1 de mayo por el centro de Bogotá para conmemorar el Día Internacional de la Clase Obrera, en una jornada marcada por un ambiente festivo y porque, a diferencia de años anteriores, terminó sin choques entre los manifestantes y el enorme operativo policial que las autoridades acostumbran desplegar en esta fecha.
Tras el aumento de casos de feminicidio en varias partes del mundo y con el reciente empalamiento ocurrido a Dora Lilia Galvez, mujer de 44 años de Buga (Valle), el pasado 25 de noviembre se conmemoró en Bogotá el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
El pasado 13 de octubre, en medio de la V Cumbre Mundial de Líderes Locales y Regionales en Bogotá, centenares de ciudadanos protestaron contra la gestión del alcalde Enrique Peñalosa y su proyecto privatizador de las empresas públicas de la ciudad de Bogotá.