Etiqueta: paz

  • Territorios de paz para los animales y el ambiente

    Cría de búho en Caño Cristales, La Macarena (Meta), uno de los territorios que podrían verse afectados por la explotación petrolera luego del posible desarme de la guerrilla de las FARC. Foto: Luis Alejandro Bernal Romero.
    Cría de búho en Caño Cristales, La Macarena (Meta), uno de los territorios que podrían verse afectados por la explotación petrolera luego del posible desarme de la guerrilla de las FARC. Foto: Luis Alejandro Bernal Romero.

    Por: Carlos A. Crespo C.

    Se dejan atrás las armas, se dejan atrás una cantidad inimaginable de víctimas de los conflictos que la guerra no pudo resolver y se dejan atrás también los territorios que hasta ahora han sido ocupados y controlados por la guerrilla de las FARC, y a todo esto se suman los anuncios del inicio de las conversaciones con el ELN. También vuelven a la vida ciudadana muchos que solo han conocido la guerra como proyecto de existencia y se acerca un reto gigante para el pueblo, manipulado en sus conciencias por el interés de los belicistas.


    Los otros territorios

    Por muchos años, casi los años que ha durado la guerra, fueron vastas zonas las que no contaron con la soberanía del Estado, que eran dominadas por las fuerzas irregulares de las guerrillas y donde estas eran vistas como autoridad y ley reconocida, en detrimento de un Estado desconocido o al cual solo se veía a través de la televisión. Un ente lejano que no daba respuestas ni soluciones, y que dejó a los habitantes de esos territorios en medio de todos los fuegos, legales o ilegales.

    En este contexto, resulta interesante que en los actuales diálogos de paz no se negocie el modelo económico, actitud mezquina del Estado al ser su premisa fundamental y un asunto aceptado por los grupos insurgentes.

    Los territorios controlados por el Estado, en el contexto de un sistema capitalista y neoliberal, son vistos principalmente como fuente de recursos económicos. Todo lo existente en ellos es susceptible de venta, renta, préstamo, explotación o aprovechamiento y es el gobierno quien, a libre arbitrio, dispone de lo que allí se encuentra, no siempre con el acuerdo o para beneficio de quien se supone es realmente el Estado, o sea el pueblo.

    Las comunidades que conforman el pueblo y que habitan esos territorios son quienes realmente tienen el derecho de usufructuar estos recursos que dan sustento a las necesidades de los seres vivos. Esta afirmación tiene dos acotaciones.

    La primera, que los animales no humanos, de acuerdo al enfoque antiespecista, no deben ser considerados recursos, en tanto no son propiedad de nadie más que de ellos mismos. En este sentido, como habitantes de los territorios los animales no humanos también tienen derecho a usufructuar los recursos del territorio de acuerdo a sus necesidades y, de hecho, a contar con sus propios territorios.

    La otra acotación tiene que ver con la inevitable sostenibilidad que exigen estos tiempos. Los recursos, en tanto perecederos, deben ser usados con mesura, garantizando la posibilidad de acceso para todos los seres sintientes, incluidas las generaciones futuras.

    Con o sin guerra, los animales han sido víctimas del desplazamiento y la violencia en sus territorios. Ejemplo de ello ha sido el asesinato de dos ojos de anteojos por parte de campesinos en este inicio de año, hecho en el que también estuvo implicado un concejal. Muertes causadas a animales por coexistir en territorios que los humanos hemos invadido.

    Definitivamente la guerra ha pauperizado las condiciones de vida de todos. Durante los desplazamientos las personas no solo se dirigieron a las grandes urbes sino a otros lugares donde los humanos no deberíamos tener asiento permanente, como los páramos. En estos sitios se ha estado forjando un conflicto entre estos humanos y los animales habitantes originarios de estas zonas.

    Asimismo, el conflicto deja una cantidad de preguntas, generalmente sin respuesta. ¿Cuántos animales y de cuántas especies han sido desplazados de sus territorios? ¿Cuáles son las cifras de animales asesinados en bombardeos o por efecto de las minas quiebrapatas? ¿Cuántos animales, usados como carne de cañón, han explotado a cambio de los combatientes humanos? ¿Cuántos animales han sido usados como práctica de tiro, para desensibilizar a los actores del conflicto frente a la muerte y la tortura, o como insumo para la producción de armas?

    Las guerrillas han sido participes de negocios que contribuyen a la degradación ambiental, como el cultivo extensivo de la hoja de coca, que hace que la seguridad alimentaria de los campesinos sea sustituida por unas efímeras bonanzas, en tanto las ganancias verdaderas no quedan en sus bolsillos. Esto, claro, sin hablar de la criminalización y estigmatización de esa planta tradicional. También son relevantes tanto su participación en la explotación minera del coltán, entre otros minerales, como las terribles catástrofes ambientales que dejan los atentados a oleoductos. A pesar de ello, su presencia también ha permitido que amplias extensiones permanezcan vírgenes, preservando los ecosistemas y manteniendo lejana la frontera agropecuaria o la ‘locomotora’ minero energética, pilar del gobierno del presidente Santos.

    Sin embargo, y a pesar de la destrucción que deja la guerra, entre otras la de la naturaleza, también es cierto que el control que han tenido hasta ahora las guerrillas sobre importantes extensiones de territorio ha tenido como efecto una gran limitación para que las grandes multinacionales con permiso del Estado, en el nivel macro, y los grupos de colonos, en lo micro, exploten ciertos recursos y destruyan el ambiente.

    No obstante, los cambios que han traído consigo las negociaciones de paz han dejado a los seres vivos en estos territorios en una creciente desprotección. Un ejemplo de ello es el de la atelopus farci, una rana de color olivo descubierta hace unos 30 años y que debe su particular nombre a su estrecha relación con las FARC, en tanto que existió camuflándose en zonas controladas por esa guerrilla y se extinguió cuando esa guerrilla perdió el control de los territorios por encima de los 2000 msnm donde habitaba el anfibio comedor de insectos investigado por el biólogo estadounidense John Douglas Lynch. Otro ejemplo es el del mono araña café ateles hybridus, para quien la baja en la intensidad del conflicto significó un aumento en los cultivos de palma aceitera, disminuyendo el bosque nativo donde vive.


    Paz para los animales

    El primer punto de la negociación del gobierno colombiano con las FARC sobre política de desarrollo agrario integral habla de mejoramiento de las condiciones de la población rural, reactivación del campo, distribución de la tierra y eliminación de la pobreza, todos elementos muy importantes. Lastimosamente, lo acordado queda incompleto por su sesgo antropocéntrico, pues solo se menciona tangencialmente la preservación de las zonas hasta ahora protegidas por la presencia guerrillera, viendo estos territorios más bien como una oportunidad de aprovechamiento, con toda seguridad no tanto para el beneficio de los campesinos sino para la llegada de inversión extranjera.

    Lo cierto es que con o sin guerra, con o sin negociaciones, el gobierno ha venido haciendo una feria con los recursos de los territorios, dejando muchas veces sin sustento a sus actuales habitantes humanos e impidiendo que se refuercen los por ahora utópicos proyectos de preservación y conservación de recursos para los otros animales o para las generaciones futuras. Este no es para nada un escenario para un territorio de paz, más bien es todo lo contrario.

    Sólo para citar un ejemplo que ganó una importante visibilidad recientemente, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) autorizó hace algunas semanas a la multinacional Hupecol para explotar petróleo en las inmediaciones del paradisiaco Caño Cristales, ubicado en la serranía de La Macarena, un histórico bastión de las FARC. Por fortuna, gracias a la enorme presión social que este caso ha concitado, la licencia ha sido suspendida temporalmente, a pesar de las irresponsables delaraciones del presidente de Ecopetrol, Juan Carlos Echeverry, donde destaca las ventajas que la paz traería para la extracción de hidrocarburos.


    Los animales y los acuerdos de La Habana

    Se acerca el denominado ‘posconflicto’ y, tal y como hace tres años una parte del movimiento animalista le expresó en una misiva a los grupos de negociadores de La Habana, los animales deben ser tenidos en cuenta si es que se quiere un acercamiento real al concepto de paz. Una paz sin este elemento seguirá siendo una paz incompleta, pues los animales también han sido y son víctimas.

    Así como se requiere construir territorios de paz que den cuenta de la justicia social con equidad, con protección de la vida e integridad de pobladores originarios y reincorporados para evitar repetir las dolorosas experiencias vividas en el pasado, también es necesario tener en cuenta que en Colombia no habitamos solo los humanos.

    En este sentido, es importante resaltar que cuando, en el numeral cuatro del acuerdo sobre política agraria de la negociación entre el Gobierno Nacional y las FARC en La Habana, se habla del sistema especial de seguridad alimentaria y nutricional, del fortalecimiento de mercados locales, del manejo adecuado de alimentos y de los programas contra el hambre, aquellos no tienen por qué estar ligados a la explotación de los animales.

    Al respecto, hay que decir que no son inmodificables los planes de negocio para la población vulnerable, donde invariablemente se encuentran los galpones de gallinas y los chiqueros para cerdos. Estos pueden ser replanteados a través de alternativas rentables, sustentables, colaborativas, solidarias y, sobre todo, éticas y que estén al tenor de los nuevos parámetros del biocentrismo y de los llamados de la Organización de las Naciones para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para que los Estados promuevan formas de alimentación sostenibles, especialmente la vegana.

    De otro lado, en guerrilla y gobierno han adelantado discusiones sobre el punto del fin del conflicto, llegando a un «Acuerdo sobre limpieza y descontaminación del territorio de la presencia de minas antipersona» para cuya aplicación no es necesario poner ‘en átomos volando’ a numerosas víctimas animales sino implementar la tecnología necesaria para un desminado seguro y eficiente.

    Es necesario que se extiendan por todo el país territorios de paz, pero venciendo el especismo antropocéntrico y teniendo en cuenta que para que los mismos existan no necesariamente tienen que contar con la presencia humana.

    Por esto, resulta perentorio no repetir la experiencia de animales hoy desaparecidos como la ranita atelopus farci, reestructurar la ruta del jaguar, volver a poblar los páramos y bosques de osos de anteojos y que el cóndor de los andes vuelva a alzarse imponente sin un fusil apuntando a su cuerpo. Necesitamos mantener el agua pura fluyendo para que continúe existiendo la posibilidad de vida, misma que el petróleo o los metales de las minas reducen. Debemos comprender que en los territorios de los no humanos somos nosotros los invasores. ¿Estarán el Estado y la sociedad en capacidad de mantener esos territorios despejados de la mano destructora humana?

    En resumen, es imprescindible crear por lo menos dos tipos de territorios de paz, si es que queremos un fin de la guerra que no discrimine con base en la especie. Una para aquellos seres que no han tenido contacto mayor con los humanos y cuyo entorno natural necesita ser protegido de la degradación del resto de lugares del país. Estos son los territorios que el humano debe despejar totalmente para preservar y conservar. Pero también construir territorios de paz donde se convive no solo entre humanos sino entre especies, donde todos y todas merecen y tienen derecho a ser respetados en su esencia, su vida e integridad, desarrollando sus capacidades de manera plena y siguiendo la vida que desean llevar sin ningún tipo de coerción.

    Todos tenemos responsabilidad en la construcción de la paz. Debemos afirmar que territorios de paz podemos ser cada una y cada uno de nosotros, más cuando hablamos de nuestra relación con los animales no humanos. Rememorando el bello ensayo de Hakim Bey «La zona temporalmente autónoma», la voluntad libre y decidida a crear un mundo más justo e igualitario para todos está en nuestras manos, aquí y ahora, eludiendo la estructura formal de la educación y el sistema especista.

    __________

    * Activista antiespecista, psicólogo, candidato a magíster en Bioética, integrante de Resistencia Natural (REN) y de la Red Internacional Antitauromaquia.

  • Negociar la guerra resulta más difícil que hacerla

    Frente al otro - Foto: Casa de América.
    Frente al otro – Foto: Casa de América.

    Por: Humberto Vélez Ramírez – abril 8 de 2016

    El pasado 3 de abril me preguntaba un estudiante: ‘¿Verdad, profesor, que el proceso de La Habana está muy tenso dada la radicalidad de las posturas de las partes?’. ‘Vea –le dije–, sí así está sucediendo no sabe cuánto me alegro. En estas alturas del proceso, cuando ya son más adversarios que enemigos, sería ésta una indicación fáctica de que las partes efectivamente sí tienen la mejor voluntad de ir hasta el final, pues, de lo contrario, ya estarían dando muestras de querer tirar la toalla”.

    Pero, saboreemos del proceso mismo. Hace ya casi 4 años, cuando se inició una discusión que duró cinco meses sobre el primer tema de la agenda, el del desarrollo rural integral, así se presentó el escenario: las dos partes llegaron con posturas iniciales duras y extremas: “que haya una reforma agraria que cubra el conjunto del latifundio”, fue lo que dijeron los farianos, mientras que los del gobierno respondieron “nada de reforma agraria”. Se inició así un largo proceso de discusión, reflexión y análisis en el que, de modo progresivo, fueron aflorando tanto las necesidades como los intereses de parte y parte, y, al final –no obstante las 14 reservas que quedaron–, hubo un primer acuerdo básico: habría una reforma de la estructura de tenencia y del uso social de la tierra, que afectaría, ante todo, al latifundio improductivo.

    Como para aprender, entonces, del proceso: en toda negociación, sean las que sean su naturaleza, temas o dimensiones, siempre hacen presencia y juego dialéctico tres factores: iniciales posturas duras que, en la marcha, se van morigerando bajo la acción de las necesidades –el por qué cada uno está negociando– así como de los intereses –el cómo cada uno queda en el resultado final–. Respetando las especificidades, complejidades e importancias de cada tema, en estos cuatro años, con una metodología similar de negociación, se han producido acuerdos totales o parciales en puntos como el ya señalado, en el de la definición del modelo de justicia transicional a aplicar y en el de asumir los derechos de las víctimas como disco duro de la negociación.

    En teoría, los 6 temas de la agenda son importantes, evidenciando cada uno un evidente nivel de complejidad, pero en la práctica, evacuado un tema o dimensión del mismo, el siguiente se eleva como el más importante y decisivo si es que se quiere avanzar. Ahora, en abril del 2014, se está frente al último que, por ser decisivo para poder hacer la dejación de las armas y para delimitar el espacio institucional en el que las FARC y el ELN –¡bienvenidos!– podrían hacer política democrática, en la coyuntura se nos transparenta como el más importante de todos.

    Hemos dicho que, con frecuencia, es más fácil hacer la guerra que negociarla. Y decimos esto por la sencilla razón de que, cuando guerra y negociación son estudiadas a partir de los discursos de los actores o de la gente en general, todo el mundo espera y se representa, y se imagina que las posturas de la partes deben ser menos duras y agresivas en materia de negociación que de guerra. Pero, en la realidad parecería suceder lo contrario. En materia de guerra, todo el mundo acepta que las partes, por ser enemigas, se tiren duro no solamente con las balas sino también con afiladas palabras; pero, en materia de negociación, todo el mundo espera que las posturas no sean tan duras y extremas, pues la misma palabra es como una invitación a estrechar manos y corazones.

    Lo que sucede es que casi nadie alcanza a conceptuar que en una negociación las únicas duras y extremas son las posturas iniciales, pues cada parte está esperando sacar el máximo provecho del tema que se está negociando, pero que en el camino aquellas empiezan a morigerarse bajo la presión de las necesidades e intereses de las partes, siendo esto lo que en la actualidad está sucediendo en La Habana.

    Pero, esperemos a ver qué sucederá dentro de tres o cuatro meses.

    __________

    * Docente e investigador de la Universidad del Valle.

  • ¿Dónde salta el Conejo?

    El corregimiento Conejo, de Fonseca (La Guajira), visitado por voceros de las FARC hace pocos días, ha sido fuertemente golpeado por la pobreza y el paramilitarismo - Foto: La Plena.
    El corregimiento Conejo, de Fonseca (La Guajira), visitado por voceros de las FARC hace pocos días, ha sido fuertemente golpeado por la pobreza y el paramilitarismo – Foto: La Plena.

    Por: Diego Marín – marzo 3 de 2016

    En un departamento como La Guajira, que no es conocido en Colombia por ser especialmente democrático, un diario local registró lo sucedido en el corregimiento Conejo, ubicado en el municipio de Fonseca, con más equilibrio que otros medios:

    Conejo es un pueblo campesino y somos los primeros que anhelamos la paz porque estamos entre la espada y la pared, porque somos los paganos de todo. Ése fue el tema que ellos trajeron. Vinieron a hablarnos de cómo iba el proceso de paz y por eso fuimos a la reunión […] Ellos sólo vinieron hablar de paz, pero no se metieron con nadie, ni ofendieron a nadie. Eran los 30 guerrilleros armados, entre ellos unas 20 mujeres, el resto eran de civil y no tenían armas.

    El diario local continúa con otro artículo que reseña como todo el mundo sabía lo que pasaría en Conejo. Con la franqueza caribeña que tanto molesta a los cachacos, los mismos pobladores aclaran que el miércoles en la noche se retiraron los militares y el jueves en la mañana entraron los guerrilleros. Los periodistas, que llegaron de varias partes del Caribe, afirman que el protocolo y la logística estuvieron mejor que en las entidades gubernamentales.

    Un habitante continúa, señalando que todo el pueblo la pasó mejor que en los días del carnaval local y sin trago, en paz. Otro remata diciendo: “que vuelva la guerrilla para que el gobierno nos atienda”. Esto es lo que debe causar tanto ardor en el ego de la godarria de saco y corbata, y por eso no se registra en la prensa nacional, ocupada de morbosos escándalos homofóbicos y del próximo partido de la selección de fútbol.

    Yo sigo examinado los titulares de la versión electrónica del diario guajiro, rodeado de nieve a las 4:30 am hora local de Oslo (Noruega), y el calor caribeño que irradian las fotografías contrasta con los escalofríos que produce la realidad regional: “Robo millonario en el Banco Popular de Riohacha”, “Afrodescendientes reclaman inclusión en programas del gobierno”, “Asesinado de un tiro en la cabeza menor de tres meses en Ríohacha”, “Con la llegada de las FARC se movió la economía en el corregimiento de Conejo”. Me acuerdo de mis amigos costeños […] y me avergüenzo de lo lejos que hemos dejado a estos pueblos en la historia y los corazones del resto del país.

    Es allá, en esos pueblos, donde el país debe aprender de reconciliación y paz, dejando a un lado la doble moral y la mojigatería de la política tradicional. El sábado pasado, luego de un debate en el festival de cine documental de Oslo al que me invitaron para hablar de Colombia, me preguntaba un periodista noruego sobre las posibilidades de la paz y el fuerte rechazo de los colombianos a las negociaciones. Sin haber visto los vídeos de La Plena, le respondí lo que hoy deja ver el diario guajiro: la famosa oposición de las ciudades es la radicalidad irresponsable de los que no han vivido la guerra, en las regiones, en los pueblos que sí la han padecido, es donde entienden mejor el cuento de la paz.

    Imposible no hacer una pausa para recordar como hace diez años teníamos que lidiar con el mismo radicalismo pero de parte de algunos que, con el rollo de la insurrección, enredaron a más de uno en las cafeterías de Bogotá, mandándolos para el monte o dividiendo la izquierda. Hasta el día de hoy, jamás se les vio con el overol puesto y ahora andan de embajadores de la paz, o acomodados en Bogotá con salarios millonarios y varios posgrados debajo del brazo.

    A la gente en las regiones no se les puede ‘meter conejo’, menos a los de Conejo que, como muchos otros, han visto correr la sangre por disparos de fusiles de uno y otro bando. Espero que, al menos, tanto los indignados por el ‘atrevimiento’ de las FARC como los que festejamos estos ejemplos de paz se hayan tomado el trabajo de mirar en el mapa donde fue que saltó el conejo. Todo el que cuente con la fortuna de tener amigos costeños, especialmente guajiros, reconocerá la zona de inmediato, gracias a los interminables debates sobre el vallenato al que nos tienen acostumbrados. Conejo queda en la esquina nororiental del eje Valledupar San Juan Fonseca, con Villanueva incluido. Es como un embudo al revés, que se cierra hacia La Guajira y se abre hacia el Magdalena, incrustado en la geografía colombiana entre la Sierra Nevada y la Serranía del Perijá. Conejo queda recostado contra esta última, haciendo frontera con Venezuela.

    No hay pueblo de esa zona que no esté nombrado en un vallenato famoso. Diomedes Díaz nació por allí, en La Junta, y por allí queda también Badillo, el pueblo de la custodia famosa de Escalona, mejor dicho, es la propia meca de la cultura vallenata. Pero es también un foco candente del paramilitarismo, por ese embudo invertido hacia el interior del país se vertió gran parte de la violencia de la motosierra y las masacres, subiendo contra corriente por el cauce del río Magdalena. También por eso es que arman tanto escándalo compatriotas como los del Centro Democrático, los de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegan) y el procurador. Como se dice popularmente, se le metieron a la cocina, hicieron fiesta y no se dieron cuenta ni cuándo salieron. A los amantes de la guerra, enemigos del proceso de La Habana le pasaron la paz por las narices, demostrando que allá, en su patio trasero, también la gente quiere la paz y que su discurso de guerra es un embeleco oportunista e irresponsable desde las alturas de la capital.

    Allí reside, para mí, la verdadera importancia estratégica de lo que sucedió en Conejo. Es un golpe de mano de la paz a los señores de la guerra. ¿Cómo se explica que en la propia cuna del paramilitarismo y cuando todos sabían lo que pasaba, nadie diera aviso oportuno a la caverna de Medellín y Bogotá? ¿Dónde quedaron las filtraciones del Ejército hacia el Centro Democrático y Uribe? Esta vez nadie reveló coordenadas, nadie alertó del movimiento de tropas ni de la presencia de la guerrilla. Por primera vez en la historia del gobierno de Juan Manuel Santos, quedó demostrada una real unidad de mando y total acatamiento de la autoridad presidencial: no hubo ni ministros, ni oficiales, ni soldados ni funcionarios que le hicieran el juego al procurador Ordóñez o a Uribe. Esta vez se quedaron solos. Cabe anotar que ‘coincidencialmente’ el presidente Santos también estaba en La Guajira.

    Esta historia quedará marcada por el espíritu macondiano del que tanto nos enorgullecemos, y es que, como diría Trespalacios ‘El Propio’: no puede haber paz sin bacanería. La paz es una cuestión de bacanes y bacanas. Pero, en el fondo, lo que sucedió en Conejo fue el primer gran ejercicio público de confianza y coordinación entre las FARC y el Ejército colombiano, de cara a un cese de fuegos bilateral y definitivo. Fue también un golpe de alto valor simbólico para demostrar el apoyo popular a la paz y, sobre todo, fue un golpe a la imagen y la moral de los enemigos del proceso de paz, quienes cada vez están más solos y con mayores dificultades para atajar el tren de la paz, aunque éste atraviese por sus propias fincas.

  • La paz con todos

    Ángela MAría Robledo, Donka Atanassova, Víctor de Currea-Lugo, Luis Sandoval e Iván Cepeda durante la rueda de prensa en la que llamaron a las partes a mantener los diálogos de paz - Foto: Omar Vera.
    Ángela María Robledo, Donka Atanassova, Víctor de Currea-Lugo, Luis Sandoval e Iván Cepeda durante la rueda de prensa en la que llamaron a las partes a mantener los diálogos de paz – Foto: Omar Vera.

    Por: Marcela Zuluaga – febrero 8 de 2016

    Parlamentarios, organizaciones sociales y académicos llamaron, el pasado 3 de febrero, al Gobierno Nacional y al Ejército de Liberación Nacional (ELN) a iniciar inmediatamente la fase pública de los diálogos de paz.

    (más…)

  • Prisioneros políticos indultados trabajarán por la paz

    Enero 23 de 2016

    El pasado 21 de enero fueron liberados 16 de los 30 integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) que fueron indultados en diciembre pasado, dentro de las negociaciones de paz entre esa guerrilla y el Gobierno Nacional.

    (más…)

  • “Pedimos paz con justicia y paz sin desaparecidos”

    Galería de la memoria a las víctimas de desaparición forzada - Foto: Camila Ramírez.
    Galería de la memoria a las víctimas de desaparición forzada – Foto: Camila Ramírez.

    Por: Camila Ramírez – diciembre 23 de 2015

    Los familiares de desaparecidos ven con esperanza el reciente acuerdo firmado entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) y el Gobierno Nacional frente a la búsqueda de las víctimas de este crimen, pero saben que para conocer la verdad de lo ocurrido con sus familiares se necesita de voluntad política por parte del Estado o, de lo contrario, estos casos continuarán en la impunidad.

    (más…)

  • Obstáculos en el proceso de paz

    Colombia completa casi cinco décadas en guerra - Foto: Claudio Cáceres.
    Colombia completa casi cinco décadas en guerra – Foto: Claudio Cáceres.

    Por: Juan Diego García – noviembre 22 de 2015

    Son muchos los aspectos positivos que generan optimismo acerca de un desenlace feliz en los diálogos entre el gobierno colombiano y las FARC-EP en La Habana, pero no son pocos ni menores los factores negativos, de suerte que el proceso oscila entre grandes anuncios de inminente arreglo final y negros nubarrones que presagian lo peor: el rompimiento definitivo.

    (más…)

  • Acuerdo de justicia: ¿fin de la impunidad?

    Juan Manuel Santos en La Habana - Foto: Juvenal Balán, periódico Granma
    Juan Manuel Santos en La Habana – Foto: Juvenal Balán, periódico Granma.

    Por: Gearóid Ó Loingsigh – octubre 31 de 2015

    El acuerdo sobre justicia firmado entre las FARC y el gobierno colombiano el pasado 23 de septiembre fue anunciado con bombos y platillos. Al igual que con los otros acuerdos, estalló un gran regocijo entre las ONG, el gobierno, una parte de la prensa y los llamados intelectuales. Olvidaron por completo que las FARC, en un comunicado de 2014, había declarado que no se someterían a la justicia, pero, como todo lo dicho por las organizaciones insurgentes en distintas partes del mundo, lo que anuncian que no harán es el más claro indicio de lo que piensan hacer. Así, tenemos un acuerdo sobre justicia.

    (más…)

  • «Es hora de que nos veamos como somos»

    Por: El Turbión e Investig’Action – octubre 3 de 2015

    Durante las negociaciones de paz entre la guerrilla de las FARC-EP y el gobierno de Pastrana, Judith Simanca Herrera decidió unirse a la insurgencia y cambiar su nombre por el de Victoria Sandino. Hoy no sólo hace parte de la comandancia de esa guerrilla sino que hace parte de la delegación de paz de la misma desde el comienzo de las negociaciones en la Habana (Cuba).

    (más…)

  • Un salto hacia la paz

    Juan Manuel Santos, 'Timoleón Jiménez' y Raúl Castro se dan la mano en La Habana - Foto: César Carrión, presidencia
    Juan Manuel Santos, ‘Timoleón Jiménez’ y Raúl Castro se dan la mano en La Habana – Foto: César Carrión, presidencia.

    Septiembre 25 de 2015

    El apretón de manos entre el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y el comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), ‘Timoleón Jiménez’, tras el anuncio de un preacuerdo en materia de justicia transicional y reparación a las víctimas en el marco de los actuales diálogos de paz, es sin duda alguna una de las noticias más importantes para el país en medio siglo, puesto que hace latente la posibilidad de que se firme un acuerdo final y, con ello, de que las nuevas generaciones sean las primeras en vivir sin estar involucradas en la guerra, pero deja abiertas múltiples preguntas en torno a los términos de lo acordado y al rumbo que, en adelante, debemos tomar como sociedad.

    (más…)