Etiqueta: Estados Unidos

  • Si el dólar baja el petróleo sube

    Por: Luis Humberto Hernández* – mayo 1 de 2008

    “Del arte de las finanzas podría decirse lo mismo que del gobierno, o sea, que si un ciudadano medio alguna vez se diera cuenta de cómo es administrado, probablemente se llevaría un buen susto” – Davis

    En esta ecuación se expresa la actual situación que tiene con los pelos de punta a la economía mundial y cuyo desenlace es aún impredecible, pues hasta tanto no toque fondo la devaluación del dólar no se detendrá la oleada alcista de los recursos petroleros y las consecuencias que su alza acarrea en el resto de la economía mundial.

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  • Las Casandras

    Por: Amylkar D. Acosta M. – abril 24 de 2008

    A raíz del empantanamiento de la ratificación del TLC suscrito entre Colombia y los Estados Unidos en el Congreso de este último, abundan los agoreros del desastre, para quienes su no aprobación le acarrearía al país inenarrables desgracias. Empezando porque, según sus presagios, las exportaciones colombianas se vendrían al traste, dado que los EEUU son, hoy por hoy, nuestro principal mercado externo –30%, al cierre de 2007– y, por esta vía, los auspiciosos índices de crecimiento que ha acusado el PIB en los últimos años se verían seriamente afectados y, de contera, se revertiría la tendencia a la baja del desempleo. Mejor dicho, ello sería el desastre. Se parte de una premisa falsa: asumen que el TLC, con sus entuertos y enmiendas inconsultas, tal y como fue presentado por el presidente Bush al Congreso de los EEUU y ratificado en volandas por el envilecido y vapuleado Congreso de Colombia, es la panacea. Cuando apenas se negociaba su texto, en el filo de la discusión y en el paroxismo de su defensa a ultranza se llegó a afirmar que el TLC “será un plan de desarrollo para los próximos 50 años” (El Tiempo, marzo 11 de 2004).

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  • La guerra y las mentiras

    Por: Juan Diego García –  abril 10 de 2008

    Los motivos por los cuales Estados Unidos y sus aliados decidieron invadir Irak eran evidentes mentiras para todo el mundo, menos, eso sí, para la opinión pública estadounidense, manipulada convenientemente por su propio gobierno y los grandes medios de comunicación. Ahora, que se cumplen cinco años de la agresión, aquellas mentiras han dejado secuelas que vale la pena resaltar, comprobando una vez más que no se miente en vano.

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  • El principio del fin

    Por: Freddy J. Melo – abril 9 de 2008

    Se están cumpliendo cinco años de la invasión a Irak (19/03/03). Lo que la camarilla genocida de la Casa Blanca creyó un hábil movimiento en el proyecto de la ‘nueva centuria americana’ –diseñado por sus impenitentes ideólogos de extrema derecha como continuidad del siglo XX, que fue de USA mediante una combinación de agresividad económica, fuerza, cinismo, bandidaje y rapiña–, presenta signos de ser más bien el comienzo de la decadencia del Imperio. La resistencia imbatible de los iraquíes –cuyas diferencias religiosas ha tratado el invasor de azuzar bajo receta maquiavélica, incluyendo destrucción de lugares sagrados, y utiliza ante el mundo como parte de su coartada inmoral– lo mantiene empantanado de tal manera que no encuentra cómo salir ni cómo permanecer. Esas diferencias religiosas no operan en la medida que él señala, y, como lo sostienen los voceros del patio que logran hacerse oír, ni obstaculizaron la vida nacional antes, ni deterioran su capacidad combativa hoy. De modo que la resistencia es del pueblo en su inmensa mayoría, con la sola e infaltable exclusión de los apátridas.

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  • El ‘buen gobierno’ en las elecciones de EE.UU.

    Por: Marco A. Gandásegui, hijo* – abirl 9 de 2008

    En la campaña política norteamericana se destaca el hecho de que los candidatos no presentan programas y no analizan los problemas de su país en sus discursos o en los debates. Los problemas económicos no son tratados y las guerras en que se encuentra involucrado EEUU no son objeto de análisis.

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  • Soberanía y dignidad

    Por: Juan Diego García – noviembre 8 de 2007

    En reciente discurso el presidente de los Estados Unidos ha propuesto a la comunidad internacional crear un fondo para promover la transición de Cuba a la democracia, según la particular versión que Washington tiene del término. Para sustentar su oferta Bush describe un panorama dantesco de miseria y opresión que justificaría una ingerencia humanitaria para sacar a los cubanos del supuesto infierno en que viven. La sarta de inexactitudes sobre la situación real de la isla es tal que no merece mayor comentario; muchas de las afirmaciones son tan burdas que mueven a risa si no fuera por las aviesas intenciones de quien las pronuncia. Nadie por supuesto las toma a broma y menos que nadie los propios cubanos que desde siempre han resistido a los deseos anexionistas de los Estados Unidos.

    El discurso de Bush ha sido trasmitido por la televisión cubana. Es posible imaginar la reacción de los televidentes al enterarse sobre la supuesta prohibición de escuchar radios extranjeras, leer libros sin permiso de las autoridades, cambiar de puesto de trabajo o de residencia o reunirse en grupos de más de tres personas sin autorización de la policía, entre otras sandeces por el estilo. Por supuesto, ninguna de estas cosas son ciertas y hasta pueden hacer pensar que quien le escribió el discurso a mister Bush le quiere poco, sometiéndolo al ridículo público. Hubiera sido más inteligente que el presidente estadounidense mostrara los fallos y errores que la misma Revolución reconoce y que se traducen en dificultades cotidianas, sugiriendo que el sistema actual es incapaz de solucionarlas. De esta manera Bush podría unirse como uno más al vivo debate que sobre estos temas adelantan los propios cubanos empezando por sus dos máximos dirigentes, Fidel y Raúl, y por cientos de especialistas y miles de gentes sencillas que con enorme espontaneidad y hasta con desparpajo hablan de sus problemas y la mejor manera de solucionarlos.

    Pero hacia Cuba los estadounidenses nunca han mostrado ni suspicacia ni mucha inteligencia y las voces sensatas que llaman a reflexionar sobre otros caminos nunca encuentran eco. Menos ahora con una administración que tanto debe a la minoría extremista de la colonia cubana de Miami. Las autoridades de La habana podrían pedir en este caso una muestra de reciprocidad elemental y permitir que las cadenas de televisión estadounidenses transmitan la respuesta de Cuba a la propuesta de Washington.

    No se sabe si es torpeza, ignorancia, malas intenciones o todo ello junto. Porque proponer a la población cubana ayudas para salir del atraso en educación y salud resulta demencial; precisamente en salud y educación, temas en los cuales Cuba puede dar lecciones a los propios Estados Unidos como mostrará un análisis comparado de las cifras de la UNESCO, la UNICEF y la OMS sobre educación, cuidado de la infancia y salud pública. En realidad las autoridades de La Habana si podrían ofrecer un plan de apoyo urgente para los 40 millones de estadounidenses que viven sin cobertura sanitaria, los millones de analfabetas (totales y funcionales) que hay en el país del norte, los cientos de miles de infantes sin atención y ese 30% o más de habitantes que viven en la miseria en el seno de la mayor y más rica potencia del planeta.

    Un discurso tal solo se entiende si va dirigido a una población que lo ignora todo sobre Cuba y es a la vez víctimas de una operación de manipulación mediática de grandes dimensiones; una población que en un alto porcentaje aún cree que Sadam Hussein fue responsable del ataque el 11 de septiembre, que las armas de destrucción masiva si fueron encontradas y, por supuesto, que Dios habla al oído de su presidente.

    Que se sepa, nadie en su sano juicio ha dado respaldo a la nueva locura de Bush. En el área, hasta los amigos más fieles de Washington guardan un silencio revelador y no falta quien rechaza abiertamente la propuesta por constituir una grosera ingerencia en los asuntos internos de un país soberano. El llamamiento a la desobediencia de las fuerzas armadas y en general la incitación subversiva pone en aprietos a más de uno, empezando por las llamados «disidentes» internos que señalan lo inconveniente que resulta para su imagen el descubrir de manera tan clamorosa que son financiados por una potencia extranjera. Por ese delito se encarcela en Cuba, pero también en Estados Unidos y en muchos otros países que lo consideran traición a la patria.

    Esta nueva iniciativa de la administración Bush tan solo es un paso más en una estrategia de acoso y agresión iniciados desde el mismo comienzo del proceso revolucionario. Pero en realidad habría que remontarse a los esfuerzos que a lo largo del siglo XIX hizo Washington por apoderarse de la mayor de las islas de Caribe. La intervención en la guerra contra España no tenía la menor intención de propiciar la independencia de la Isla como demostró la enmienda Platt que convertía a Cuba en poco menos que una colonia de los Estados Unidos con fachada de república. Y así fue durante la primera mitad del siglo pasado, controlando sin el menor pudor a gobiernos corruptos y sátrapas sangrientos hasta que llegaron los Rebeldes de la Sierra Maestra y «el comandante mandó a parar». Ni un solo instante se ha desistido del propósito anexionista; menos ahora que el «sueño americano» se ha vuelto más demencial y agresivo, convirtiendo en norma y ley lo que hasta hace poco era violación e imperialismo. Si durante la guerra fría el «peligro comunista» sirvió de pretexto, ahora lo han intentado todo para justificar una agresión en forma y barrer del mapa la Revolución. Acusaron a Cuba de promover el terrorismo y les fracasó; inventaron una historia rocambolesca de fabricación de armas biológicas y quedaron en evidencia; reforzaron hasta lo infinito las medidas del bloqueo a pesar de las reiteradas condenas de la Asamblea General de Naciones Unidas a esa medida criminal, y ahora (precisamente días antes de esa Asamblea y una posible nueva condena) el señor Bush aparece con esta propuesta de ingerencia grosera, violatoria de cualquier principio de legalidad internacional.

    Cuba ha salido airosa siempre y ha podido conservar su independencia. Hasta en los momentos más oscuros y las coyunturas más dolorosas su población resiste mediante un ideario nacionalista que encuentra en José Martí su mayor expresión. Para quienes tienen la patria segura, para quienes no ven peligrar bajo la bota extranjera el suelo que les vio nacer, para quienes no han visto nunca pisoteados por la soldadesca los símbolos más queridos de su identidad, el sentimiento nacionalista de los cubanos podría resultar un tanto excesivo. No, si se conocen los antecedentes; no si se tiene conciencia de las enseñanzas de la historia.

    Washington intenta reiteradamente aislar a Cuba. Pero la Isla jamás ha estado sola, ni antes ni ahora cuando es mayor el número de gobiernos que sostienen con ella relaciones normales de amistad y cooperación. Nunca como hoy su causa fue comprendida y apoyada por más gente. En los propios Estados Unidos ya no solo son los progresistas que están en contra de la política de bloqueo y agresión; se oponen también los empresarios que ven perjudicados sus intereses por las trabas absurdas al comercio libre con la Isla; discrepan igualmente un número creciente de políticos de todos los partidos sabedores de lo inútil de tal estrategia belicosa. Cuba tiene hoy amigos en todas partes mientras los Estados Unidos sufren desprestigio universal y aislamiento internacional. Su arrogancia y prepotencia, sustentada por el peso de sus armas y la amenaza de sus ejércitos ha deteriorado su imagen de cuna de las libertades y paladín de la democracia. Nadie teme a Cuba, mientras el planeta entero desconfía de los Estados Unidos y su poder sin controles.

    Y no ha faltado la nota jocosa que parece acompañar indefectiblemente al presidente Bush. Como es público y notorio que el actual inquilino de la Casa Blanca no se destaca precisamente por su destreza mental, sutileza en el análisis y facilidad de palabra, las malas lenguas sostienen que la frase final de su discurso no fue «Viva Cuba libre» sino «viva el cuba libre», un lapsus fruto de su condición de alcohólico que deja la bebida pero sigue arrastrando los problemas que los llevaron al vicio.

  • Plan México

    Por: Juan Diego García – noviembre 4 de 2007

    Ni el Plan Colombia ni el que será, con bastante probabilidad, el Plan México constituyen iniciativas de cooperación internacional destinadas a combatir el crimen organizado. No es ése, al menos, su principal objetivo y, vistos los resultados en Colombia, tampoco se avala su eficacia como instrumento para combatir a las mafias. En Colombia se abandona pronto el objetivo antidroga para centrarse en el combate a la insurgencia y la represión de la protesta social. Desde un principio quedó claro cuál era el verdadero objetivo y fue evidente que la lucha contra el crimen organizado era tan sólo una excusa. Por otra parte, en Colombia ni se ha logrado someter a la insurgencia armada, ni se acallan las protestas sociales –cada vez más amplias– ni el comercio de la droga disminuye. Los datos de la DEA, la ONU y las autoridades nacionales difieren sensiblemente, pero en ningún caso permiten optimismo alguno. En pocas palabras, el Plan Colombia, en todas sus versiones y renovaciones, ha resultado básicamente un rotundo fracaso.

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  • Abu Ghraib: uno de los méritos de Alberto Gonzales

    Por: Amy Goodman* – septiembre 20 de 2007

    La repentina renuncia de Alberto Gonzales como Fiscal General de Estados Unidos no ocurrió lo suficientemente a tiempo. Las políticas y la politización de la justicia, que han sido su sello personal, permanecen. Gonzales ha sido un pertinaz ejecutor y defensor de las más nefastas políticas de la administración Bush Cheney: desde la práctica de la tortura y las escuchas telefónicas sin órdenes judiciales hasta la destitución de fiscales estadounidenses y la ampliación de los poderes del Ejecutivo.

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  • Psicólogos en fase de negación de la tortura

    Por: Amy Goodman* – septiembre 11 de 2007

    La semana pasada, la Asociación de Psicólogos de Estados Unidos (APA – American Psychological Association) rechazó una propuesta de moratoria que hubiera prohibido que los psicólogos miembros participen en interrogatorios en centros de detención de EE.UU. tales como la base de Guantánamo y las prisiones secretas de la CIA, conocidas como ‘black sites’ y repartidas por todo el mundo. En lugar de eso, la organización, que cuenta con 148.000 miembros, aprobó, en su reunión anual en San Francisco, una resolución que prohíbe a los psicólogos participar en interrogatorios en los que se usen ciertas técnicas agresivas. Muchos psicólogos de la propia APA opinan que la resolución no es suficiente.

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  • La justicia de los halcones

    Por: Rafael Rincón Patiño * – septiembre 11 de 2007

    Alberto Gonzales, ex procurador general de Estados Unidos —una especie de ministro de Justicia—, promovió una doctrina ‘jurídica’ mediante la cual corrompió políticamente la justicia, lesionando su independencia y caros principios liberales.

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