Etiqueta: AUC

  • A 16 años del terror en la Universidad del Atlántico

    La sede antigua de la Universidad del Atlántico en Barranquilla fue escenario de un plan de exterminio de estudiantes, profesores y trabajadores desarrollado por paramilitares con el apoyo de autoridades de la institución y miembros del DAS. Foto: Jdvillalobos.
    La sede antigua de la Universidad del Atlántico en Barranquilla fue escenario de un plan de exterminio de estudiantes, profesores y trabajadores desarrollado por paramilitares con el apoyo de autoridades de la institución y miembros del DAS. Foto: Jdvillalobos.

    Por: Aidén Salgado Cassiani – mayo 19 de 2017

    El pasado 28 de abril se cumplieron 16 años del desplazamiento a la ciudad de Bogotá de ocho estudiantes de la Universidad del Atlántico, seis de los cuales éramos militantes de la organización estudiantil Alma Máter y los otros eran simpatizantes de la misma.

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  • Acallaron la vida de un necio

    Reinaldo Serna López, líder estudiantil de la Universidad del Atlántico asesinado por paramilitares con apoyo de agentes estatales.
    Reinaldo Serna López, líder estudiantil de la Universidad del Atlántico asesinado por paramilitares con apoyo de agentes estatales.

    Por­: Aidén Salgado Cassiani – noviembre 17 de 2016

    El 9 de noviembre de 2002 en la ciudad de Barranquilla acallaron la vida de Reinaldo Serna.

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  • El día que nos arrebataron tu risa, Reinaldo

    Reinaldo Serna López.
    Reinaldo Serna López.

    Por: July Henríquez  – noviembre 9 de 2016

    Llega el 9 de noviembre y con él los recuerdos que remueven los sentimientos de tristeza, rabia y dignidad. Han pasado 14 años desde que fue marcada la vida de muchas y muchos estudiantes, trabajadores y maestros en la Universidad del Atlántico, entre ellas la mía. ¿Cómo olvidar el 9 de noviembre del año 2002? Imposible, quizá podremos perdonar, ¡pero jamás olvidar!

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  • 11 años sin los 12 de Buenaventura

    Conmemoración de la masacre de Punta del Este en Buenaventura. Foto: John Erick Caicedo.
    Conmemoración de la masacre de Punta del Este en Buenaventura. Foto: John Erick Caicedo.

    Por: Christian Peñuela – mayo 15 de 2016

    El pasado 19 de abril se reunieron en Buenaventura (Valle del Cauca) diferentes organizaciones defensoras de derechos humanos y familiares de las víctimas para conmemorar los 11 años de la desaparición, tortura y posterior asesinato de 12 jóvenes por parte de paramilitares en el barrio Punta del Este.

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  • Luis José Torres: la persistencia del recuerdo

    Recuerdos - Ilustración: Felipe Ramírez

    Por: Francisco Javier Bergaño – junio 29 de 2014

    A las tres y treinta de la tarde del 4 de marzo de 2004, Celina Martínez, compañera de Luis José Torres y madre de sus seis hijos, recibió una llamada de su cuñada informándole que Luis José estaba en el Hospital de Barranquilla; no a causa del dolor en las piernas con el que había amanecido, había sido baleado y  fallecido en ese centro asistencial. Le tocó, entonces, acudir a la morgue para identificar el cadáver.

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  • El despojo: otro crimen de Estado

    Declaraciones del Movice a cargo de Fredy Rodríguez Corrales, Iván Cepeda y Luis Jairo Ramírez - Foto: Camila Ramírez

    Por: Camila Ramírez – marzo 6 de 2012

    El Movimiento Nacional de Victimas de Crímenes de Estado (Movice) dio inicio a las jornadas de movilización del 6 de marzo con una rueda de prensa, el lunes 5, en las ciudades de Bogota y Medellín. A pesar de las dificultades, un significativo número de organizaciones sociales se ha sumado a la movilización del Día Mundial de las Víctimas de Crímenes de Estado en Colombia, que este año se realiza para exigir una restitución real e integral de tierras, y para denunciar la alarmante cantidad de asesinatos y amenazas que han recibido los líderes de quienes hoy reclaman las tierras que tomaron por la fuerza los grupos paramilitares.

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  • Veinte años de impunidad

    Por: Christian Peñuela – mayo 4 de 2011

    El 24 de abril de 1991 fueron asesinados los periodistas Jorge Enrique Torres y Julio Daniel Chaparro, quienes se encontraban investigando la masacre de Segovia (Antioquia), crimen de lesa humanidad en el que murieron cuarenta y tres personas y que fue perpetrada el 11 de noviembre de 1988 por paramilitares al mando de Fidel Castaño. Veinte años después del atroz crimen, la justicia colombiana adoptó una decisión polémica: la Fiscalía dictó la prescripción del caso y, con ello, la impunidad sigue reinando.

    Por los días en los que estos periodistas fueron asesinados, paradójicamente, se construía y firmaba la Constitución Política de 1991, donde se consagra el derecho de toda persona a la libertad de expresión y opinión, a la información libre y veraz y a la protección de la actividad periodística bajo condiciones de libertad e independencia profesional. Tras veinte años del asesinato de estos periodistas, presuntamente a manos de grupos paramilitares en complicidad con el Ejército, los familiares de las víctimas se enfrentan a los mecanismos usuales de impunidad.

    En la decisión, emitida por un fiscal de la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía General de la Nación, se asegura que no se encontraron motivos ni evidencias de fuerza probatoria que pudieran determinar que este doble crimen se haya ejecutado por la labor periodística que desempeñaban los comunicadores en el lugar de la masacre. Sin embargo, no quedan aún claros los elementos que se tuvieron en cuenta en la investigación del ente acusador ni qué fue exactamente lo que sucedió.

    Jorge Enrique Torres y Julio Daniel Chaparro arribaron hasta Segovia con el fin de informar acerca de uno de los capítulos más violentos de la historia reciente en Colombia. Este cubrimiento tenía la intención de hacer un trabajo de investigación con las víctimas de esta masacre, luego de la incursión del grupo paramilitar llamado Muerte a Revolucionarios del Nordeste Antioqueño, que arrasó y desplazó a decenas de familias de campesinos en la zona, con la anuencia de la Fuerza Pública. El motivo: la Unión Patriótica había echado raíces allí y había logrado ganar las elecciones locales, posesionando a Rita Tobón como alcaldesa, lo cual amenazaba, como se ha comprobado en los estrados judiciales, el poder de políticos locales de ultraderecha, como el exministro César Pérez García, quien está preso en este momento como autor intelectual del crimen de lesa humanidad.

    Haciendo gala de un periodismo comprometido y consecuente, estos periodistas arriesgaron sus vidas para informar a la opinión pública y lograr que estos hechos quedaran registrados en la memoria nacional. Sin embargo, las balas los silenciaron, al igual que a los testigos y a los presuntos victimarios, quienes corrieron la misma suerte. Nadie se salvó para dar cuenta de los verdaderos responsables de estos asesinatos y el silencio sigue reinando.

    Es evidente que el motivo del asesinato de estos periodistas tuvo origen en acallar una investigación periodística que estaban realizando bajo el título “Lo que la violencia se llevó”, en la cual cubrían varias zonas del país fuertemente afectadas por el conflicto armado, como Carmen de Chucurí (Santander), Vista Hermosa (Meta), Toribío (Cauca) y Tierralta (Córdoba). Esta investigación los condujo a Segovia, donde encontraron la muerte tras unas pocas horas de haber llegado al pueblo.

    Era indudable: representaban un objetivo militar para los paramilitares por su investigación y por trabajar para El Espectador, periódico que sufría por ese entonces de una campaña sistemática de desprestigio, amenaza y muerte por parte del Cartel de Medellín, que llegó hasta el asesinato de su director, Guillermo Cano, y a atentar con bomba contra la sede del informativo en Bogotá. Pese a estos antecedentes y sin tener en cuenta la labor peligrosa que realizaban los informadores, la justicia colombiana no encontró pruebas suficientes tras dos décadas de una investigación que no tuvo en cuenta varias de las particularidades del caso.

    En primer lugar, los presuntos victimarios, quienes fueron señalados inicialmente por la Fiscalía de pertenecer al Ejército de Liberación Nacional, fueron puestos en libertad por falta de pruebas en su contra y años más tarde también fueron asesinados. En segundo lugar, el caso fue asumido por el abogado y defensor de derechos humanos Eduardo Umaña Mendoza, quien también fue asesinado por paramilitares el 18 de abril de 1998, y la impunidad reinante en su caso ha impedido que se sepa la relación entre sus investigaciones, en casos como la masacre de Segovia y el holocausto del Palacio de Justicia, y su homicidio.

    La Comisión Interamericana de Derechos Humanos establece, en la Declaración de los Principios sobre la Libertad de Expresión, que “el asesinato, secuestro, intimidación o amenaza a los comunicadores sociales, así como la destrucción material de los medios de comunicación, viola los derechos fundamentales de las personas a estar informadas y coarta severamente la libertad de expresión. Es deber de los Estados prevenir e investigar estos hechos, sancionar a sus autores y asegurar a las víctimas una reparación adecuada”. Sin embargo, las investigaciones no avanzaron en este sentido y la suerte de estos periodistas, que murieron en cumplimiento de su deber ético y profesional, ha quedado como un claro ejemplo de que la impunidad es la norma por excelencia en este tipo de casos.

    El historiador Daniel Chaparro, hijo del periodista Julio Daniel Chaparro, considera estos dos asesinatos como un atentado directo contra la democracia que “mancilla la memoria de los periodistas asesinados y hiere profundamente a los familiares”. Por estos motivos, los familiares de los periodistas han decidido llevar el caso ante la Corte Penal Internacional, en vista de la inoperancia de la justicia colombiana.

  • «No hay sitio seguro»

    El ICBF amenaza con lanzar a la calle a 11 familias de desplazados de todo el país, quienes reclaman soluciones dignas de parte del gobierno - Foto: Plaxy

    Andrés Gómez – 23 de febrero de 2011

    Once familias que han sufrido el desplazamiento forzado en Colombia viven, desde el 24 de agosto de 2008, en un edificio donado al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) en Bogotá. La necesidad de un techo y la inacción del Estado motivaron a esas personas a tomarse el inmueble ubicado en el barrio Santafé, que se encontraba abandonado y era usado como cambuche y depósito de basuras por habitantes de calle. Desde entonces, el ICBF sólo ha pedido la restitución de la edificación, sin aclarar lo que pasaría con sus 51 ocupantes. Desde el pasado 3 de febrero, ellos permanecen alerta, luego de la última amenaza de desalojo.

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  • Nuevo paramilitarismo busca tomarse Bogotá

    Los nuevos 'paras' ocupan hoy puntos estratégicos de la capital, controlando diversos negocios ilícitos - Foto: Plaxy

    Por: Fermín Romero – 30 de enero de 2011

    Desde la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), hace siete años, se le ha dicho al país que los grupos paramilitares han dejado de existir. Inclusive, el comandante de la Policía Nacional, general Óscar Naranjo, define los ejércitos que se mueven por el país como bandas criminales, o bacrim, afirmando que “sería un gran error premiar a los narcos dándoles ropaje político”. Sin embargo, informes de organizaciones de derechos humanos señalan que estos ejércitos siguen desplazando comunidades y cometiendo asesinatos selectivos, manteniendo algunos de ellos alianzas con políticos regionales y estrecha relación con el narcotráfico. La capital del país no es ajena a esta realidad nacional y está sometida al control de estos grupos en algunas zonas, los altos índices de impunidad así lo evidencian.

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  • Córdoba y las joyas de la corona mafiosa

    "La corona mafiosa" - Ilustración: Ficciorama

    Por: Omar Vera – 20 de enero de 2011

    A Mateo Matamala y Margarita Gómez los mataron los paramilitares de San Bernardo del Viento (Córdoba) por hacer las preguntas que nadie debe hacer en un lugar como el Golfo de Morrosquillo y por resultar su presencia incómoda para los cuidadores de los intereses que dominan en esta zona del país llena de historia.

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