
Por: Omar Vera – marzo 22 de 2013
Una ciudad pensada en que la disfrute sólo el que pueda pagarla, con sistema de transporte inadecuado para los sectores populares, que ignora su amplia ruralidad, que consume gran parte de los recursos naturales de la región y no protege su importante patrimonio hídrico es la herencia de trece años de aplicación del actual Plan de Ordenamiento Territorial (POT) en Bogotá. Una arriesgada apuesta política de la actual administración del Distrito Capital, que pretende incluir una amplia participación ciudadana, puede significar la clave para una transformación profunda de la ciudad en los años por venir.