
Por: Nicolás Camargo – 4 de octubre de 2010
Durante los últimos quince años de sus setenta y dos de vida, don Ignacio ha vivido de los acordes de su vieja y astillada guitarra color marrón. También de la caridad de quienes transitan por la carrera tercera de la ciudad de Ibagué, entre el edificio de la Gobernación del Tolima y la Catedral. Desde que fue desplazado por paramilitares, don Ignacio no encontró otra forma de sobrevivir y su historia se ha marcado por la indiferencia.