Por: Marcos Silva Martínez – septiembre 30 de 2007
Ríos de tinta y de babas siguen corriendo, a lo largo y ancho del país, sobre las causas y fórmulas para la solución del conflicto político, social y económico colombiano. Intérpretes, augures y pontífices del engaño, en forma general, no logran hacer una lectura correcta de la problemática por pereza, ignorancia, perversidad y hasta ingenuidad, en determinados casos.