Por: Carlos Crespo – octubre 23 de 2015
La abolición de la tauromaquia es un clamor mundial y las nuevas éticas dejaron de ver con buenos ojos que los humanos nos divirtamos con la tortura, desmembramiento y asesinato público de un animal. A las corridas de toros se les agotó su época y el pequeño sector que desea mantenerlas se vale de las más oscuras artimañas del poder para retrasar lo inevitable.