
Por: Camila Ramírez – octubre 12 de 2011
Los corteros de caña trabajan de doce a trece horas diarias. Se levantan a las cuatro de la mañana, llegan al campo de trabajo a las seis y sólo salen de allí hacia las seis o siete de la noche. No cuentan con un horario para almorzar y usualmente consumen sus alimentos fríos o, en ocasiones, descompuestos por los intensos rayos del sol. Además, las condiciones en las que laboran son precarias e injustas: no se les reconoce el peso de la caña que cortan, se les niega el derecho a la salud, se exponen a mordeduras de serpientes, usan herramientas inseguras y, cuando se organizan para protestar, son judicializados. Esta clase de atropellos es propiciada por las Coperativas de Trabajo Asociado (CTA) relacionadas con el negocio de la caña, entidades que ahorran miles de millones de pesos a los ingenios azucareros y que les permiten explotar a miles de trabajadores en condiciones de esclavitud moderna.
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