
Por: Fernán Medrano – enero 30 de 2018
Yo no estoy seguro de que por el simple hecho de que a un puñado de escritores, columnistas y artistas le gusten las corridas de toros signifique que este espectáculo de sangre derramada violentamente en la arena sea una actividad artística o bella. Y, puesto que el arte contribuye a elevar el espíritu, la condición más profunda del ser humano, por eso yo no logro entender cómo es posible que sea bello y, por ende, ennoblezca el espíritu humano el deporte de torturar y luego matar toros con el fin de arrancarle los aplausos a un público sediento de sangre, gente aficionada al juego macabro, a la monstruosa crueldad animal, al sadismo deportivo, a una práctica que, a todas luces, no deja de ser un show abominable y bestial.