
Por: María Julia Giménez – julio 14 de 2016
Desde la realización de los Juegos Panamericanos en Río de Janeiro en 2007, pasando por el Mundial de Fútbol en 2014, hasta los Juegos Olímpicos de este año, movimientos populares y colectivos organizados contra los impactos de los megaeventos deportivos han denunciado el aumento de la violencia contra la población, con desalojos y crecimiento de la militarización en las favelas, y la falta de transparencia en la gestión de la preparación de las ciudades sede, generando desequilibrio en el presupuesto público y negando a la población el derecho a servicios básicos.