Por: Malely Linares – 29 de enero de 2011
Durante los días dos y tres de noviembre, gran parte de los mexicanos recuerdan a sus muertos a través de las ofrendas: ellas les permiten volver a sus seres queridos, iluminando el camino desde el inframundo hasta la tierra por hileras de velas que les indican la ruta a seguir. El humo del incienso escapa por las rendijas de las puertas y ventanas, el aroma de las flores de cempoalxóchitl rodea las calles del Distrito Federal mexicano. “Huele a muertito”, dicen algunos transeúntes cuando pasan cerca de las panaderías.