Etiqueta: diálogos de paz

  • «También en el Perú se requiere un proceso de paz»

    El gobierno peruano mantiene una política de persecución contra quienes reclaman una amnistía para los presos políticos. Foto: Fudepp.
    El gobierno peruano mantiene una política de persecución contra quienes reclaman una amnistía para los presos políticos. Foto: Fudepp.

    Por: Geraldina Colotti – marzo 17 de 2017

    ¿Es posible que Perú transite un camino similar al de Colombia, que ha vivido un largo conflicto armado durante más de 50 años?

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  • Retos para los revolucionarios en Colombia

    "Lo que la humanidad necesita es la revolución". Foto: Ernesto Che Mercado Jones.
    «Lo que la humanidad necesita es la revolución». Foto: Ernesto Che Mercado Jones.

    Por: Juan Carlos Jaime Fajardo – agosto 24 de 2016

    Es evidente que en Colombia está culminando un periodo de la revolución que había iniciado en la década de los años 60 del siglo pasado y que hoy asistimos a la apertura de uno nuevo.

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  • ¿Paz en Colombia?

    Javier Giraldo es uno de los más destacados defensores de derechos humanos en Colombia. Foto: Sara Rojas.
    Javier Giraldo es uno de los más destacados defensores de derechos humanos en Colombia. Foto: Sara Rojas.

    Por: Javier Giraldo M. – agosto 15 de 2016

    Colombia ha vivido en los últimos 4 años una búsqueda de acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), luego de sesenta años de conflicto armado que ha dejado muchos millones de víctimas y han llevado a la degradación progresiva de la guerra en muchos aspectos.

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  • En Colombia no se admiten las aventuras golpistas

    En un video blog conocido recientemente, el general (r) Harold Bedoya Pizarro insinúa que los militares activos deben sublevarse contra los diálogos de paz.
    En un video blog conocido recientemente, el general (r) Harold Bedoya Pizarro insinúa que los militares activos deben sublevarse contra los diálogos de paz.

    Por: Maureen Maya Sierra – agosto 8 de 2016

    El general (r) Harold Bedoya Pizarro ha burlado la acción de la justicia durante décadas: no sólo fue señalado de coordinar la Triple A, como era conocida la Alianza Americana Anticomunista en su versión colombiana, y de participar activamente en el asesinato de varios dirigentes de la Unión Patriótica sino que también fue acusado, tiempo atrás y en repetidas oportunidades, de tener estrechos vínculos con el paramilitarismo y de haber ordenado torturas y asesinatos cuando fue comandante del Batallón de Inteligencia y Contrainteligencia ‘Charry Solano’.

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  • Colombia: en la salida del laberinto

    Miles de personas celebraron en toda Colombia la firma del cese el fuego definitivo entre el Gobierno Nacional y as FARC-EP. Foto: Omar Vera.
    Miles de personas celebraron en toda Colombia la firma del cese el fuego definitivo entre el Gobierno Nacional y as FARC-EP. Foto: Omar Vera.

    Por: Guillermo Baquero* y Andrés Gómez** – julio 29 de 2016

    La guerra en Colombia entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) y el Estado ha durado cinco décadas, un periodo de política con armas en el que aparatos militares y paramilitares del Estado e insurgencia han trabado una lucha a muerte.

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  • Un ‘asalto’ a los diálogos de paz

    Helicóptero militar. Foto: Juan Camilo Gómez Alzate.
    Helicóptero militar. Foto: Juan Camilo Gómez Alzate.

    Por: Andrés Gómez – julio 21 de 2016

    El pasado 8 de julio se presentó un grave incidente entre el Ejército y guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en la vereda Candilejas del municipio de La Uribe (Meta) que, por un momento, puso en riesgo la confianza entre las partes en los actuales diálogos de paz.

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  • La paz con todos

    Ángela MAría Robledo, Donka Atanassova, Víctor de Currea-Lugo, Luis Sandoval e Iván Cepeda durante la rueda de prensa en la que llamaron a las partes a mantener los diálogos de paz - Foto: Omar Vera.
    Ángela María Robledo, Donka Atanassova, Víctor de Currea-Lugo, Luis Sandoval e Iván Cepeda durante la rueda de prensa en la que llamaron a las partes a mantener los diálogos de paz – Foto: Omar Vera.

    Por: Marcela Zuluaga – febrero 8 de 2016

    Parlamentarios, organizaciones sociales y académicos llamaron, el pasado 3 de febrero, al Gobierno Nacional y al Ejército de Liberación Nacional (ELN) a iniciar inmediatamente la fase pública de los diálogos de paz.

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  • Balance provisional de los diálogos de paz

    'Ricardo Téllez' e 'Iván Márquez' de las FARC-EP; Tone Allers, del gobierno de Noruega; Carlos de Cossio, del gobierno de Cuba; Humberto de la calle y Sergio Jaramillo, del gobierno de Colombia, durante la instalación de los diálogos de paz en Oslo - Foto: Claudia Polo

    Por: Juan Diego García – agosto 29 de 2014

    Las conversaciones entre el gobierno de Santos y las FARC-EP parecen haber llegado a un punto de no retorno, aunque en este tipo de procesos no es posible ni prudente adelantar acontecimientos, sobre todo considerando los muchos factores que operan en su contra y, más aún, pensando en las dificultades para poner luego en práctica lo acordado, de manera que no se repitan las situaciones del pasado que frustraron la solución política al conflicto armado colombiano.

    Hay todavía diferencias por zanjar, pero los avances son significativos. Los acuerdos previos sobre la cuestión agraria no satisfacen el programa de la guerrilla pero sí son un avance considerable y, en líneas generales, coinciden con las demandas de los campesinos. La reforma política es de gran significación, dado el rol que en el conflicto tienen la exclusión y la violencia del sistema contra las fuerzas opositoras. De aplicarse, sería un paso importante para hacer de la democracia del país algo más que una frase hueca. El acuerdo sobre los llamados ‘cultivos ilícitos’ abre perspectivas para una solución que satisfaga los intereses nacionales e internacionales, sobre todo cuando la llamada ‘guerra contra las drogas’ ha fracasado rotundamente y voces muy autorizadas dentro y fuera del país abogan por soluciones muy similares a las acordadas entre autoridades e insurgentes en La Habana.

    Hay, además, elementos nuevos que sustentan los pronósticos favorables. El encuentro de las víctimas del conflicto con los insurgentes y el gobierno supone la apertura de escenarios de reconciliación y del fomento de una nueva cultura de la convivencia en un país literalmente envenenado por las campañas de guerra psicológica auspiciadas por los grandes medios, con honrosas excepciones, todos en línea con la versión oficial de los hechos.

    No menos destacable es la creación, a petición reiterada de los insurgentes, de una comisión de expertos académicos que entregarán en los próximos meses un análisis de las causas históricas del conflicto armado. No se trata de una ‘comisión de la verdad’, que funcionará en el futuro, pero sus aportes académicos servirán de punto de referencia para el análisis sopesado y, sobre todo, ofrecerán a la sociedad colombiana puntos de vista divergentes pero constructivos por su valor científico, permitiendo entonces un debate ajeno a las pasiones y distante de la versión interesada.

    Ha sido, igualmente, de gran relevancia la presencia en La Habana de una delegación de las Fuerzas Armadas de muy alto nivel, comitiva que trató con los insurgentes los aspectos relativos a la dejación de las armas –y, como se pactó, no entrega de las mismas– y de los mecanismos de seguridad que el Estrado ofrecerá a quienes abandonen la lucha armada y se conviertan en movimiento político legal.

    ¿Cuál sería el balance provisional que se podría hacer a estas alturas del proceso? ¿Quién gana y quién pierde? ¿Cuáles son las perspectivas del futuro inmediato para el país en su conjunto? Sin duda, la gran beneficiada es la ciudadanía misma. Pero, ¿cómo afecta de forma directa a los principales actores del conflicto?

    Las FARC pueden estar muy satisfechas si los acuerdos previos alcanzados se convierten en realidad. Ninguna fuerza de izquierda puede presentar hasta hoy un balance más favorable para los intereses populares que lo acordado en Cuba. Además –en contraste con la imagen oficial que se mantiene y en ocasiones se intensifica según convenga, que presenta a la guerrilla como un grupo de bandidos sin discurso, sin programa y sin vínculo alguno con la población–, las propuestas llevadas por la insurgencia a la mesa de diálogo no sólo tienen una enorme coincidencia con las demandas campesinas y de la oposición sino que muestran un manejo muy sólido de las problemáticas del país –con independencia de que se esté o no de acuerdo con ellas–, un lenguaje de altura y una disposición realista al tratamiento de los asuntos a debate.

    De ingresar a la legalidad a la insurgencia le queda un enorme reto: ganar en las urnas el apoyo de buena parte de ese 60% o más de abstencionistas, mayoritariamente de los sectores populares, los mismos que en los últimos años inundan calles y plazas exigiendo cambios substanciales en el orden político y económico del país, y reconquistar a sectores amplios de las clases medias que ahora le resultan hostiles. Como primer paso puede contribuir a la formación de una amplio frente de izquierda que aspire al poder en las elecciones presidenciales de 2018. Las elecciones municipales del año próximo serían una primera prueba de fuego. Es probable que para entonces ya exista el acuerdo de paz y, en consecuencia, todo será sin duda más favorable.

    Al presidente Santos se le presentan retos igualmente grandes. Ante una posible recaída de la economía mundial su estrategia de exportar materias primas como principal fuente para financiar sus proyectos se puede ver seriamente comprometida. Tampoco está en su agenda una nueva política fiscal que dote al Ejecutivo de recursos suficientes. En este contexto, cumplir con la promesa de promover la equidad apenas tiene elementos sólidos que la sustenten. Además, con un Estado raquítico y corroído por la corrupción el presidente colombiano tendrá enormes problemas para cumplirle a la guerrilla y satisfacer a los movimientos populares.

    Santos tiene que defenderse, además, de los feroces enemigos de la paz que anidan en sus propias filas, debe gestionar el proceso sin contar con un Estado moderno y eficaz, y ha de mantener el apoyo de la clase dominante que le sirve de sustento, la misma que puede abandonarlo si considera que el gobierno ha ido demasiado lejos en las concesiones a la guerrilla. No menores deben ser sus preocupaciones respecto a Washington, habida cuenta de su enorme influencia en los cuarteles y sus sólidos vínculos con la misma oligarquía que le llevó al poder y le ha dado el visto bueno a sus estrategia de paz. Si a unos y otros no les satisfacen los términos del posible acuerdo este apoyo puede terminar. Por menos echaron del poder a Zelaya en Honduras.

    En este complejo escenario Santos tiene armas suficientes para neutralizar, al menos, a los agentes más activos de la extrema derecha. Puede empezar por dividir su movimiento: políticos corruptos que pueden ceder fácilmente a los halagos del poder y dar pleno apoyo a los muchos procesos penales, por todo tipo de delitos, que cursan contra Uribe Vélez y su entorno. Tampoco es imposible neutralizar a las Fuerzas Armadas. Es una cuestión de habilidad y, sobre todo, de propósito.

    Si se logra la paz la suerte de la extrema derecha estaría echada, aunque por eso mismo son enormes los riesgos de ver a Uribe y los suyos impulsando medidas desesperadas –el golpe militar incluido–. No es pequeño el margen de acción que tiene la extrema derecha, más aún si el proceso de paz se concreta en los términos descritos y, por ende, cuenta con un respaldo social considerable.

    Los países de la región han dado siempre su respaldo al proceso de paz, más ahora cuando se vislumbra un resultado exitoso. Queda como incógnita qué harán los Estados Unidos cuando el acuerdo haga innecesaria su presencia en la ‘guerra contra las drogas’ y su directa participación en la lucha contra una insurgencia guerrillera que ha terminado. ¿Optarán, entonces, por asegurar al menos sus bases militares aquí y convertir a las Fuerzas Armadas locales en una especie de prolongación de las propias y a Colombia en un emplazamiento privilegiado de su geoestrategia regional?

    Por fortuna para el país, Estados Unidos ya no es la potencia hegemónica de antaño. Corren nuevos vientos en el continente y no debería descartarse que, al menos a mediano plazo, este país andino alcance un estatus en sus relaciones con la potencia del norte que lo haga más armónico con el proceso de integración de América Latina y el Caribe, y más cercano al ejercicio efectivo de la soberanía nacional.

  • ¿Quién le quiere poner un ojo a la gestión del gobierno?

    Improvisación teatral rompiendo opresiones - Foto: Christopher Schild

    Por: Salmona – agosto 28 de 2014

    El pasado 7 de Agosto en Hamburgo (Alemania), se llevó a cabo un plantón político y artístico por la paz en Colombia y en el mundo.  El plantón al que se le llamó: «¿Quién le quiere poner un ojo a la gestión del gobierno?», convocó a personas de todas las nacionalidades, que el día de la acción se reunieron en vía pública y a través de diferentes expresiones artísticas, en un escenario popular multilingüe de discusión, para representar las diferentes problemáticas que afronta Colombia.

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  • La reforma política

    Manos - Foto: Ruurmo

    Por: Juan Diego García – julio 11 de 2013

    En los diálogos de La Habana entre el gobierno de Colombia y las FARC se inicia el debate sobre el segundo punto de la agenda, la reforma política. Y, tal como sucedió al comienzo, el gobierno intenta reducir los acuerdos a su mínima expresión, mientras la esa guerrilla busca darles el mayor alcance posible. Santos hace una interpretación muy restrictiva de la reforma política que, en la práctica, se reduce a garantizar a la guerrilla la participación electoral sin cambiar las reglas de juego, mientras la guerrilla propone aprovechar la ocasión para emprender cambios de mucho mayor alcance.

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