Por: Ómar Alejandro Gutiérrez* – enero 31 de 2012
El prolífico escritor Uruguayo Eduardo Galeano, en uno de los apartes finales de su libro «Patas arriba: la escuela del mundo al revés», nos induce a imaginarnos un escenario hipotético donde la Iglesia dictará un nuevo mandamiento –que, por cierto, se le había olvidado a Dios–: «Amarás a la naturaleza, de la que formas parte». Pensándolo bien, esta idea no estaría del todo mal, sobre todo si de esta forma entran en razón quienes destruyen a la Madre Naturaleza, Gaia, Pachamama o como bien se la quiera llamar, con el fin de aumentar la relación costo beneficio de sus lucrativos negocios e inversiones. Sin embargo, no creo que a los testaferros de Dios en la tierra les interese pronunciarse al respecto y menos en un escenario como el planteado el pasado diciembre en la COP17 ó XVII Conferencia del Cambio Climático, realizada en la cuidad de Durbán (Sudáfrica). Las grandes potencias no aceptaron que se pusiera sobre la mesa una nueva discusión frente al efecto que produce el gas metano, el cual es veinte veces más contaminante y genera un efecto invernadero más fuerte que otras sustancias de procedencia y características similares.
