Por: Carlos Noriega – octubre 14 de 2024
Los tres días de velorio y el entierro del dictador Alberto Fujimori se convirtieron en una operación de lavado de cara de los crímenes de la dictadura. Han sido días de un montaje de alabanzas al personaje que envileció la política peruana, de silencios sobre las violaciones a los DDHH y la gran corrupción de su régimen. Una afrenta a la memoria histórica del país, a la democracia y a las víctimas de la dictadura. Como en los tiempos de la autocracia fujimorista, los grandes medios -con alguna excepción- fueron parte muy activa de esa operación.
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