Por: Óscar Gutiérrez – junio 25 de 2007
“Prefiero perder un amigo que una tripa” – mi abuelo Jesús María Flórez.
Veinticuatro de noviembre de mil novecientos noventa. Hacía un año o dos que había caído el muro de Berlín, y con él, como un castillo de naipes, se vino abajo el imperio ruso que conformaban los países de la llamada ‘Cortina de Hierro’: Hungría, Polonia, Rumania, Eslovenia, Yugoslavia, Checoslovaquia, etc. Se convertía en gas lo que antes parecía tan sólido como el hierro y yo, testigo de excepción, me encontraba en un palco, contemplando con mis ojos –todavía de niño– cómo cambiaba el mundo.