Por: Manuela Torres – agosto 27 de 2012
“En ningún momento me he arrepentido de haberlo hecho. Es más, me siento reivindicada”, declara Isabel, de 43 años, refiriéndose a la acción de tutela que interpuso por despido sin justa causa y en estado de incapacidad, la misma que ganó y que obligó a la empresa a reintegrarla a su puesto de trabajo.