
Por: Nelton Rivera – marzo 14 de 2017
Cualquier morgue en cualquier lugar del mundo es, con seguridad, el último lugar al que cualquier ser humano querría ir a parar. Tampoco nadie querría enfrentar el momento terrible de entrar a una sala de autopsia para reconocer la identidad de un cuerpo, permanecer horas o días para hacer los trámites y esperar que el cuerpo de su ser querido le sea devuelto.
