Por: Ingrid Storgen – noviembre 2 de 2007
Hace pocos días, una foto recorrió el mundo: reflejaba la imagen del espanto imposible de describir. Era la foto de un niño, Julián Vélez, quien yacía con su camisita rota y sus tremendos ojazos sin vida mirando al cielo, como preguntando algo que nadie podría responder: ¿por qué?