Etiqueta: Libia

  • Venezuela: la Libia de América Latina

    Desechos de explosivos usados en la guera civil en Libia. Foto: Iason Foounten. ONU.
    Desechos de explosivos usados en la guera civil en Libia. Foto: Iason Foounten. ONU.

    Por: Martín Pastor – febrero 6 de 2019

    Nueve meses le tomó a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), liderada por Estados Unidos, para destruir la sociedad libia. En tan poco tiempo, el país más rico del continente africano pasó a ser un Estado fallido, sumido en una guerra civil que continúa desde 2011. Ante la nueva ofensiva imperial contra Venezuela, este caso debe ser visto como una advertencia para el futuro de la región.

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  • La crisis del sistema

    Crisis - Foto: David Blackwell.
    Crisis – Foto: David Blackwell.

    Por: Juan Diego García – diciembre 3 de 2015

    Sólo por razones de conveniencia se dan por buenas las versiones oficiales que anuncian el fin de la crisis económica.

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  • Nada nuevo bajo el sol

    "Dron" - Foto: Don McCulloughPor: Rubén Flores Rivera – abril 8 de 2015

    El presidente de Estados Unidos, Barack Hussein Obama, mediante una acción ejecutiva, acaba de declarar que la República Bolivariana de Venezuela es “una inusual y extraordinaria amenaza a la seguridad nacional y a la política exterior” de su país. Así, el principal comprador de petróleo venezolano acusó a funcionarios de Venezuela de “violar los derechos humanos”.

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  • Occidente a la reconquista de África

    Militares de Estados Unidos pasan revista a las fuerzas armadas de Malí - Foto: Ken Bergmann

    Por: Mohamed Hassan – enero 29 de 2014

    Desde los años 70, el capitalismo está en crisis. La reacción de los dirigentes mundiales del capitalismo en los años 80 consistió en una política ultraliberal y una ofensiva ideológica encarnizada contra el comunismo. En África, en Asia y en América Latina esta política fue formulada en los famosos programas de adaptación estructural, que debilitaron enormemente a los Estados y barrieron todo lo que todavía quedaba de las infraestructuras y de los servicios sociales. En el mundo capitalista, todas las reglas fueron suprimidas, sobre todo –y de la forma más radical– en el mundo bancario. La legislación laboral, la seguridad social y los derechos sindicales fueron igualmente cuestionados.

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  • De Gadafi a Al Qaeda, gracias a la CIA

    Combatiente Libio durante el levantamiento contra Gadafi que apoyaron las potencias occidentales - Foto: Natalia Margarita Parada

    Por: Marc Vandepitte – enero 15 de 2014

    ¿Estados Unidos está verdaderamente en guerra contra el terrorismo en África o, por el contrario, lo suscita para servir a sus intereses?

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  • Esos islamistas apoyados por Occidente

    Islamistas y tuaregs armados, con el apoyo de EE.UU., consolidan su poder en Malí - Foto: Magharebia

    Por: Mohamed Hassan – noviembre 21 de 2013

    La primavera árabe, presentada como una transformación revolucionaria que iba a barrer todas las dictaduras del mundo árabe, nunca existió como tal. Sin embargo, a principios de 2011, hubo dos erupciones volcánicas verdaderas en Egipto y en Túnez. Se trataba de unas explosiones de ira popular porque la injusticia social se había convertido en algo insoportable. Pero a esos movimientos les faltaba una dirección y una orientación revolucionarias, de manera que fueron recuperados rápidamente por partidos islámicos supuestamente moderados: el partido Ennahda en Túnez y los Hermanos Musulmanes en Egipto.

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  • Libia – El día que mataron a Abdul

    Lanzamiento de misiles Tomahawk de EE.UU. sobre Libia - Foto: Charles McCain

    Por: Juan Linares – abril 29 de 2011

    El hecho ocurrió el sábado 19 de marzo, en horas de la tarde. Abdul, que en árabe quiere decir “sirviente de Alá”, salió de su casa en Trípoli con sus dos hijos, Akil, que significa “inteligente, que usa la razón”, de nueve años y Annakiya, que en africano quiere decir “rostro dulce”, de siete.

    Los tres caminaban animados rumbo a la casa de la madre de Abdul, la abuela Fátima, “esposa de Alí, el musulmán”, antes del cuarto rezo de la jornada –cada musulmán debe rezar cinco veces al día en dirección a La Meca–, cuando «rostro dulce» (Annakiya) pidió a su padre detenerse brevemente en la fuente de los tres deseos, próxima al emblemático edificio Assai Al-Hamra, o “castillo rojo”, de Libia. Un acto inocente que le agregaría un detalle a la anécdota familiar.

    Nunca sabremos si alcanzaron a cumplir en vida con aquel acto, nunca sabremos si consiguieron verse reflejados en esa fuente pública o si lograron bañarse las manos y los ojos antes de ser recibidos por Alá “el grande” en el paraíso: un terrible misil Tomahawk, lanzado desde un submarino aliado instalado en las profundidades del mediterráneo, los lanzó fuera de este mundo.

    El 20 de marzo de 2003, Estados Unidos y sus aliados –los mismos países que hoy atacan a Libia– bombardearon Bagdad (Irak). Las armas de destrucción masiva que el tirano Saddam Hussein, “nieto del profeta”, escondía en secretos arsenales representaban una amenaza y un ‘peligro grave y creciente’ para la humanidad. El tridente mortal, Bush, Blair y Aznar, reunido en las Azores decidió pedir para el almuerzo un menú de sangre inocente: se calcula que entre ochocientas mil y un millón de personas, entre civiles y militares, perdieron la vida en esa aventura. Nunca se encontraron las armas. Lo único masivo que Irak tenía era su inmensa pobreza. La mente humana no tiene fronteras en la barbarie.

    Ahora, el enemigo público número uno del planeta tierra es el líder libio Muamar el Gadafi: un villano capaz de descuartizar a una mariposa con sólo mirarla, un perro infiel que, acompañado por un grupo de bestias uniformadas, sale por las noches a matar a su propia gente en las calles de Trípoli, todos borrachos de pura violencia, todos ebrios de impunidad. Ése es el hombre que tiene aterrorizado a todo el norte de África, ése es el perfil que los medios de comunicación que coproducen la realidad intentan vender al mundo.

    Todos conocemos que el grupo empresarial de guerra está formado por los sospechosos de siempre: Estados Unidos, Francia, Inglaterra, España e Italia. Todos estos países recibieron a Gadafi con honores de jefe de Estado, todos le vendieron armas de última generación para que se proteja. Todos sabemos por experiencia de qué hablan los países centrales, los dueños del mundo, cuando claman por justicia y libertad. Pero, ¿alguien sabe quiénes son los rebeldes? ¿Alguien conoce sus proyectos de país? ¿Puede un pueblo, supuestamente sometido por un tirano, tener artillería antiaérea y cañones de largo alcance? ¿Quién es el líder de esta revuelta? ¿En nombre de qué o de quién se levanta el supuesto pueblo?

    La realidad muestra que en este mundo sobreviven los países que tienen capacidad de pisotear al más débil y arrebatarle sus recursos petroleros, gente que se aprovecha de la democracia para ocupar territorio. De eso se tratan las relaciones bilaterales. Los nuevos ‘amos ausentes’ son aquellos países que pueden gobernar a otros con sólo nombrar a un perro fiel que les cuide el patio de comidas. Para los países centrales, un líder nacionalista –lo llaman populista–, que quiera beneficiar a su pueblo con las riquezas de sus propios recursos, representa una amenaza para la justicia, la libertad y la paz mundial.

    Tanto Estados Unidos como Europa vienen perdiendo, a ritmo sostenido, influencia y credibilidad sobre los países emergentes, que los escuchan pero no les creen. Nadie ignora que la economía de Estados Unidos, para que sobreviva, necesita de continuas guerras: donde sea y con quien sea.

    Nadie ignora que Inglaterra y Francia atraviesan dificultades económicas monumentales y se han visto en la necesidad de implementar reformas previsionales –aumentar la edad de la jubilación y reformas en el sistema educativo, entre otras– para poder enfrentar la crisis, pero el caso más patético es el de España, que le agregó al quiebre económico que enfrenta –casi el 21% de desempleo– un condimento moral.

    La primera medida de gobierno del presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, fue retirar las tropas de Irak. Incluso encabezó una multitudinaria manifestación en contra de la guerra, de cualquier guerra. “¡No hay guerra justa!”, gritaba desaforado, como si tuviera un taco de dinamita en los zapatos. Hoy, su postura ha cambiado radicalmente, ahora obedece a Bruselas y necesita cuadrar caja: miente sabiendo que miente. Se ha unido a la coalición de París y poco le importa que las bombas caigan en el comedor o en el dormitorio de los hogares libios. ¿Cuánto tardaremos en meditar sobre el espanto?

    Son los países centrales los que provocan el caos para poder hacer luego lo que se les antoja. Ellos son el problema y la solución. Fueron ellos los que crearon y alimentaron a pavorosos monstruos terrenales: Manuel Antonio Noriega, Saddam Hussein y a este impresentable coronel Muamar el Gadafi, al que ahora es preciso destruir para ‘asegurar la paz mundial’ –y su petróleo–.

    Bomberos tunecinos fueron los encargados de recoger los despojos calcinados de Abdul y sus pequeños hijos. No había maneras ni formas de que Abdul, «el sirviente de Alá», supiera o siquiera entendiera que el nuevo orden mundial exige subordinación total a la tecnología y al radicalismo de los países que la poseen. Ya pasó antes con Irak.

  • El ajedrez libio

    "No son aviones, son buitres los que sobrevuelan Libia" - Ilustración: Sergio Serrano

    25 de marzo de 2011

    Nada justifica que Gadafi bombardee y reprima salvajemente a su propio pueblo. Tampoco nada justifica que las potencias bombardeen Libia para adueñarse de sus gigantescas reservas petroleras. La ayuda humanitaria llega hoy a Libia cargada de explosivos, a toda velocidad, en aviones de Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Dinamarca, España y otros países del primer mundo que, demostrando la superioridad de la democracia occidental, ya dejan a más de cien civiles muertos en las principales ciudades de este país del norte de África. (más…)