Por: Javier Orozco Peñaranda, Yuveli Muñoz Pardo, Yuri Neira Salamanca – junio 12 de 2012
Treinta mil soldados colombianos, que juraron defender la patria y los intereses de los ciudadanos, recorren sudorosos y cargados de armas, compradas en Estados Unidos, España o Israel, las selvas y territorios donde las empresas extranjeras extraen petróleo oro, carbón, plata o maderas. Algunos consiguen ser enviados como mercenarios a proteger los pozos de las mismas compañías en el Medio Oriente. Allá hacen lo mismo, pero reciben la paga en dólares: cuidan oleoductos para evitar atentados, vigilan a los nativos siempre inconformes, siempre dispuestos a sublevarse contra el saqueo.