Etiqueta: masacre de Segovia

  • César Pérez García, el acusado

    Julio 8 de 2011

    El pasado 15 de marzo, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia llamó a juicio a César Pérez García, al hallar pruebas que lo señalan como el autor intelectual de la masacre de Segovia (Antioquia), ocurrida el 11 de noviembre de 1988. Pérez, quien fundó en 1964 la Universidad Cooperativa de Colombia y se desempeñaba como rector y presidente del Consejo Superior de esa institución, es acusado de los delitos de homicidio múltiple agravado, lesiones personales múltiples agravadas, concierto para delinquir y daño en bien ajeno.

     

    El cacique liberal y la masacre de Segovia

    El político paisa era uno de los más votados en Antioqua a mediados de los años ochenta. Sin embargo, en 1988 la Unión Patriótica (UP) ganó las elecciones locales en varios municipios del Nordeste Antioqueño, siendo Segovia, Remedios, Apartadó, Mutatá y Yondó los que aportaron la mayor votación. Ese año Pérez García perdió de forma breve su poder político, especialmente en Segovia, municipio que produce la mayor cantidad de oro en el país, donde siete concejales y la alcaldesa pertenecían a la Unión Patriótica.

    Según declaraciones del paramilitar Alonso de Jesús Baquero Agudelo alias ‘Vladimir’, fue Pérez García el impulsor del grupo paramilitar Muerte a Revolucionarios del Nordeste (MRN), que actuaba a su antojo en la región y fue responsable de la masacre de Segovia, donde asesinaron a cuarenta y tres personas con la anuencia de la Policía. El 10 de enero de 1996, ‘Vladimir’ aseguró, ante un fiscal de la Unidad de Derechos Humanos, que “referente a la participación del político Cesar Pérez García, él fue quien coordinó con Fidel Castaño y pidió toda la ayuda para sacar a la UP de Segovia porque había perdido las elecciones”.

    El 8 de agosto de 1995 fue capturado por estos hechos, pero los cargos en su contra fueron retirados por un fiscal de Medellín por falta de pruebas, el proceso terminó a su favor el 29 de agosto de 2000, cuando fue absuelto de los cargos.

    Conflictos de intereses

    El cacique liberal logró recuperar el terreno perdido en 1992, luego de que cientos de miembros de la UP fueran asesinados, tanto en el Nordeste Antioqueño como en todo el país, siendo elegido para la Cámara de Representantes, donde llegó a ser presidente de la corporación.

    Pero no duró mucho en el cargo: el 18 de enero de 1994 el Consejo de Estado le despojó de su investidura por violación del régimen de conflicto de intereses. La Sala Plena comprobó que el parlamentario impulsó y participó en la votación para sacar adelante la Ley general de educación, o Ley 30 de 1992, siendo uno de los creadores del Artículo 132, con el cual se estableció la destinación del 50% de los recursos de las cooperativas a centros docentes de economía solidaria, como el de propiedad de Pérez García. Es decir, el congresista legisló en beneficio propio.

    Además de perder su investidura, el 20 agosto de 2008, César Pérez García fue hallado culpable de celebración indebida de contratos, peculado por apropiación y falsedad en documento público, delitos cometidos en 1998 mientras ejercía como presidente de la Asamblea de Antioquia. El entonces diputado Bernardo Alejandro Guerra Hoyos fue quien lo denunció y a Pérez se le halló responsable de construir una nómina fantasma. El reconocido político liberal recibió una condena de nueve años de cárcel, una multa de treinta salarios mínimos mensuales y fue inhabilitado para desempeñar cargos públicos. Por ser mayor de sesenta años se le otorgó el beneficio de la detención domiciliaria.

    A pesar de esto, el cacique no se quedó quieto. El 7 de noviembre de 2009, la Procuraduría General de la Nación lo destituyó e inhabilitó de la Asamblea Departamental de Antioquia por violar el régimen de inhabilidades. Según el Ministerio Público, el político se inscribió a elecciones, fue votado y se posesionó como diputado para el periodo entre 2008 y 2011, a pesar de haber perdido la investidura como congresista en enero de 1994 y de la condena recibida en agosto de 2008.

    El proceso inició el 27 de enero de 2008 con la denuncia de Raúl Bustamante y está contenido en el expediente 080-64-64 de la Procuraduría Regional de Antioquia, que inhabilitó a César Pérez García para ejercer cargos públicos durante quince años. Sorpresivamente, el 16 de marzo de 2010, el político liberal recuperó su curul en la asamblea de Antioquia, cuando la Procuraduría Regional dejó provisionalmente sin efecto la sentencia.

    La última avionada de César Pérez García se dio a conocer el pasado 18 de junio, cuando salió a la luz pública que el destituido excongresista cobró puntualmente su pensión de parlamentario, entre enero de 2008 y diciembre de 2010 por un valor de $18,5 millones mensuales, al mismo tiempo que cobraba $10 millones al mes como diputado. En diciembre de 2010 fue descubierto por directivos del Fondo de Pensiones del Congreso (Fonprecón), que afirmaron que, de acuerdo a la Ley, no podía obtener los dos ingresos de la Nación. Por eso, se le exigió la devolución de $249 millones y Pérez terminó negociando un acuerdo de pago con Fonprecón y devolviendo lo que había cobrado como diputado.

    En mayo del año pasado, el controvertido político se adhirió a la campaña Santos Presidente, en un acto realizado en la Asamblea Departamental de Antioquia, donde ofreció al actual mandatario el apoyo de toda su maquinaria en el Nordeste Antioqueño. Durante la segunda vuelta presidencial, realizada el 30 de mayo de 2010, Juan Manuel Santos obtuvo 1’227.089 votos en ese departamento, de los cuales 27.494 correspondieron a la región con mayor poderío electoral de Pérez García, según la Registraduría.

    Fiebre de oro

    El Nordeste Antioqueño tiene grandes explotaciones de oro, por lo cual allí se volvió de especial importancia la relación entre algunas de las principales empresas dedicadas a esta actividad y el paramilitarismo. Municipios como Tarazá, Cáceres, Caucasia, Nechí, San Roque, Zaragoza y Segovia tuvieron una fuerte influencia del Bloque Minero de las AUC, bajo el mando de Ramiro Vanoy Murillo alias ‘Cuco Vanoy’ y son muchas las denuncias de habitantes de la región y organizaciones defensoras de derechos humanos en torno a las alianzas existentes, desde mediados de los noventa, entre políticos, empresarios y ejércitos privados.

    En 2008, fiscales de Justicia y Paz hallaron en la finca ‘Lago Grande’, ubicada en Olaya (Antioquia) y de propiedad de Cesar Pérez, una fosa con los posibles restos de Franklin Aurelio y Guillermo Cuartas, jóvenes desaparecidos por las AUC en febrero de 1997, mientras viajaban hacia Frontino (Antioquia) a pagar una deuda. María Elena Toro, madre de Franklin, asegura que su familia había sido amenazada y varios de sus miembros asesinados por paramilitares de la región. En torno a este caso las investigaciones no han avanzado significativamente ni se ha verificado la relación que el excongresista pueda tener con los hechos.

    Por otro parte, en una diligencia de versión libre en Medellín, Raúl Hasbún Mendoza alias ‘Pedro Bonito’, excomandante del Frente ‘Arlex Hurtado’ de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, señaló que, entre los años 2001 y 2003, fue socio de la empresa Full Apuestas SA, creada en el Urabá antioqueño por Cesar Pérez García. El paramilitar aseguró que viajó a Medellín en compañía de Byron Alfredo Jiménez Castañeda alias ‘Mono Pepe’ y de Mauricio Enríquez, en donde se reunieron con Pérez y acordaron su participación en la empresa de chance en Urabá. Investigadores de VerdadAbierta.com encontraron que varios funcionarios de la Universidad Cooperativa de Colombia estaban entre quienes constituyeron la empresa de apuestas que el político habría negociado con los criminales.

    Hoy, la reapertura del expediente de la masacre de Segovia por parte de la Corte Suprema de Justicia, que acepta que allí se cometieron crímenes de lesa humanidad, tiene al político privado de su libertad, luego de que, el 22 de julio de 2010, el Cuerpo Técnico de Investigaciones (CTI) de la Fiscalía lo capturase en Medellín. César Pérez García espera el resultado del jucio, al igual que centenares de víctimas del paramilitarismo que han esperado durante veintitrés que se haga justicia y se sepa la verdad sobre los responsables de uno de los más recordados hechos de violencia en la historia de Colombia.

  • Veinte años de impunidad

    Por: Christian Peñuela – mayo 4 de 2011

    El 24 de abril de 1991 fueron asesinados los periodistas Jorge Enrique Torres y Julio Daniel Chaparro, quienes se encontraban investigando la masacre de Segovia (Antioquia), crimen de lesa humanidad en el que murieron cuarenta y tres personas y que fue perpetrada el 11 de noviembre de 1988 por paramilitares al mando de Fidel Castaño. Veinte años después del atroz crimen, la justicia colombiana adoptó una decisión polémica: la Fiscalía dictó la prescripción del caso y, con ello, la impunidad sigue reinando.

    Por los días en los que estos periodistas fueron asesinados, paradójicamente, se construía y firmaba la Constitución Política de 1991, donde se consagra el derecho de toda persona a la libertad de expresión y opinión, a la información libre y veraz y a la protección de la actividad periodística bajo condiciones de libertad e independencia profesional. Tras veinte años del asesinato de estos periodistas, presuntamente a manos de grupos paramilitares en complicidad con el Ejército, los familiares de las víctimas se enfrentan a los mecanismos usuales de impunidad.

    En la decisión, emitida por un fiscal de la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía General de la Nación, se asegura que no se encontraron motivos ni evidencias de fuerza probatoria que pudieran determinar que este doble crimen se haya ejecutado por la labor periodística que desempeñaban los comunicadores en el lugar de la masacre. Sin embargo, no quedan aún claros los elementos que se tuvieron en cuenta en la investigación del ente acusador ni qué fue exactamente lo que sucedió.

    Jorge Enrique Torres y Julio Daniel Chaparro arribaron hasta Segovia con el fin de informar acerca de uno de los capítulos más violentos de la historia reciente en Colombia. Este cubrimiento tenía la intención de hacer un trabajo de investigación con las víctimas de esta masacre, luego de la incursión del grupo paramilitar llamado Muerte a Revolucionarios del Nordeste Antioqueño, que arrasó y desplazó a decenas de familias de campesinos en la zona, con la anuencia de la Fuerza Pública. El motivo: la Unión Patriótica había echado raíces allí y había logrado ganar las elecciones locales, posesionando a Rita Tobón como alcaldesa, lo cual amenazaba, como se ha comprobado en los estrados judiciales, el poder de políticos locales de ultraderecha, como el exministro César Pérez García, quien está preso en este momento como autor intelectual del crimen de lesa humanidad.

    Haciendo gala de un periodismo comprometido y consecuente, estos periodistas arriesgaron sus vidas para informar a la opinión pública y lograr que estos hechos quedaran registrados en la memoria nacional. Sin embargo, las balas los silenciaron, al igual que a los testigos y a los presuntos victimarios, quienes corrieron la misma suerte. Nadie se salvó para dar cuenta de los verdaderos responsables de estos asesinatos y el silencio sigue reinando.

    Es evidente que el motivo del asesinato de estos periodistas tuvo origen en acallar una investigación periodística que estaban realizando bajo el título “Lo que la violencia se llevó”, en la cual cubrían varias zonas del país fuertemente afectadas por el conflicto armado, como Carmen de Chucurí (Santander), Vista Hermosa (Meta), Toribío (Cauca) y Tierralta (Córdoba). Esta investigación los condujo a Segovia, donde encontraron la muerte tras unas pocas horas de haber llegado al pueblo.

    Era indudable: representaban un objetivo militar para los paramilitares por su investigación y por trabajar para El Espectador, periódico que sufría por ese entonces de una campaña sistemática de desprestigio, amenaza y muerte por parte del Cartel de Medellín, que llegó hasta el asesinato de su director, Guillermo Cano, y a atentar con bomba contra la sede del informativo en Bogotá. Pese a estos antecedentes y sin tener en cuenta la labor peligrosa que realizaban los informadores, la justicia colombiana no encontró pruebas suficientes tras dos décadas de una investigación que no tuvo en cuenta varias de las particularidades del caso.

    En primer lugar, los presuntos victimarios, quienes fueron señalados inicialmente por la Fiscalía de pertenecer al Ejército de Liberación Nacional, fueron puestos en libertad por falta de pruebas en su contra y años más tarde también fueron asesinados. En segundo lugar, el caso fue asumido por el abogado y defensor de derechos humanos Eduardo Umaña Mendoza, quien también fue asesinado por paramilitares el 18 de abril de 1998, y la impunidad reinante en su caso ha impedido que se sepa la relación entre sus investigaciones, en casos como la masacre de Segovia y el holocausto del Palacio de Justicia, y su homicidio.

    La Comisión Interamericana de Derechos Humanos establece, en la Declaración de los Principios sobre la Libertad de Expresión, que “el asesinato, secuestro, intimidación o amenaza a los comunicadores sociales, así como la destrucción material de los medios de comunicación, viola los derechos fundamentales de las personas a estar informadas y coarta severamente la libertad de expresión. Es deber de los Estados prevenir e investigar estos hechos, sancionar a sus autores y asegurar a las víctimas una reparación adecuada”. Sin embargo, las investigaciones no avanzaron en este sentido y la suerte de estos periodistas, que murieron en cumplimiento de su deber ético y profesional, ha quedado como un claro ejemplo de que la impunidad es la norma por excelencia en este tipo de casos.

    El historiador Daniel Chaparro, hijo del periodista Julio Daniel Chaparro, considera estos dos asesinatos como un atentado directo contra la democracia que “mancilla la memoria de los periodistas asesinados y hiere profundamente a los familiares”. Por estos motivos, los familiares de los periodistas han decidido llevar el caso ante la Corte Penal Internacional, en vista de la inoperancia de la justicia colombiana.

  • Masacre de Segovia: 22 años de impunidad

    Por: Andrés Gómez – 16 de noviembre de 2010

    Hace 22 años, la Unión Patriótica (UP) ganó las elecciones a la alcaldía del municipio de Segovia (Antioquia) y Rita Yvonne Tobón se posesionó como alcaldesa de la población que produce la mayor cantidad de oro en Colombia. Sin embargo, un comando paramilitar del entonces autodenominado “Muerte a Revolucionarios del Nordeste Antioqueño” cambió los destinos de esa población al asesinar a 43 personas y herir a más de un centenar.

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