Por: Juan Diego García – julio 15 de 2007
Cuando al nuevo presidente de Francia le hablan de cultura, no saca su pistola pero sí se apresura a prometer que borrará del país toda huella de la herencia de Mayo del 68, aquel levantamiento obrero y estudiantil que revolucionó el país en paralelo con revueltas semejantes en México, China, Alemania y los Estados Unidos, y, en menor medida, en otras latitudes del planeta.