Por: Juan Diego García – noviembre 4 de 2007
Ni el Plan Colombia ni el que será, con bastante probabilidad, el Plan México constituyen iniciativas de cooperación internacional destinadas a combatir el crimen organizado. No es ése, al menos, su principal objetivo y, vistos los resultados en Colombia, tampoco se avala su eficacia como instrumento para combatir a las mafias. En Colombia se abandona pronto el objetivo antidroga para centrarse en el combate a la insurgencia y la represión de la protesta social. Desde un principio quedó claro cuál era el verdadero objetivo y fue evidente que la lucha contra el crimen organizado era tan sólo una excusa. Por otra parte, en Colombia ni se ha logrado someter a la insurgencia armada, ni se acallan las protestas sociales –cada vez más amplias– ni el comercio de la droga disminuye. Los datos de la DEA, la ONU y las autoridades nacionales difieren sensiblemente, pero en ningún caso permiten optimismo alguno. En pocas palabras, el Plan Colombia, en todas sus versiones y renovaciones, ha resultado básicamente un rotundo fracaso.
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