Por: Hugo Eduardo Ramírez & Andrés Felipe Otálvaro – enero 18 de 2012
Venezuela, como todos los países latinoamericanos, recibió una pesada y siniestra herencia colonial: el latifundio. Fue a través de las modalidades de la hacienda, destinada por lo general a productos agrícolas como el cacao y el café; y el hato, concentrado en la ganadería, que las élites coloniales perpetuaron su estatus y poder económico. Además, la esclavitud fue una de las condiciones necesarias para el desarrollo de la gran propiedad sobre la tierra, que se define, por lo tanto, como una estructura de terror y violencia.