
Por: Mauricio Duarte – octubre 5 de 2015
Cada que tengo la oportunidad de ir a cine a ver un film apocalíptico o posapocalíptico espero poder sentarme al lado del espectador ideal para éste, es decir, de un idiota, de un hombre que roce los treinta y tantos años de edad y que, tan sorprendido en el desarrollo de la película, moleste constantemente a otros espectadores con durísimas exclamaciones como: “¡estamos llegando al fin del mundo!” o “ésta es la realidad en la que vivimos”.