Por: Juan Diego García – junio 26 de 2012
Los componentes del drama paraguayo son más o menos los mismos de siempre en este continente: una oligarquía feroz y antidemocrática, unas instituciones políticas de pacotilla carentes de legitimidad y unas mayorías sociales hundidas en la pobreza y la desesperanza, mientras las clases dominantes que detentan todos los poderes se regodean en su riqueza y opulencia, y defienden, con uñas y dientes, sus muchos privilegios.