
Por: Daniela King Reyes – octubre 23 de 2019
Chile vive en estos días las movilizaciones más radicales, masivas e ininterrumpidas desde el regreso a la democracia en 1990.
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Por: Daniela King Reyes – octubre 23 de 2019
Chile vive en estos días las movilizaciones más radicales, masivas e ininterrumpidas desde el regreso a la democracia en 1990.
Leer MÁsPor: Patricio Malatrassi A*. – mayo 12 de 2013
El proceso electoral chileno concita, en estos momentos, una parte importante del interés de las fuerzas progresistas de América Latina, toda vez que Chile aparece como una economía donde el modelo neoliberal pareciera ser exitoso. A primera vista, todo parece reducirse a la lucha por el poder de bloques monolíticos: uno de derecha y otro de centro que es levemente de izquierda. Ambas coaliciones se disputarán el poder en las próximas elecciones parlamentarias y presidenciales este año. Ésta, como siempre, es la apariencia del fenómeno abstraído de sus condiciones reales que, como toda realidad concreta, es mucho más compleja.
Por: Pedro Echeverría V. – octubre 9 de 2011
Un pueblo como el chileno, masacrado en 1973 por el golpe de Estado fascista de Pinochet, que provocó miles de asesinados y encarcelados, azotado por una criminal dictadura y luego de cuatro gobiernos pactados y temerosos, ¿cómo tiene ahora a decenas de miles de estudiantes dignos en las calles, junto con sus padres, para luego agruparse, organizarse y convertirse hoy en el modelo y el ejemplo de lucha para América Latina? ¿Cuál ha sido esa estrategia política que ha obligado al gobierno derechista de Sebastián Piñera a retroceder, a pesar de no haber dejado de reprimir con brutalidad y crueldad? ¿Por qué 38 años antes, con el golpe de Estado asesino, los estudiantes de entonces y sus padres no tuvieron la conciencia necesaria para bloquear las calles y evitar la terrible masacre preparada por el gobierno yanqui de Nixon y su canciller Kiessinger? ¿Qué cambió? ¿Cuál fue el comportamiento de estos sectores hoy en lucha?
El resultado de las elecciones en Chile rompió la prolongada administración de la Concertación en el país austral, coalición política a la que Pinochet cedió el poder al final de la dictadura y que no promovió cambios sustanciales en el país. Por el contrario, perfeccionó medidas de represión y políticas económicas neoliberales que la dictadura había implementado.