Por: Martín Almada – septiembre 4 de 2020
En 1975 se produjo un pacto criminal entre los países dictatoriales del Cono Sur de América Latina para el intercambio de información de inteligencia. Formaron una asociación ilícita para delinquir: una vez que el servicio de inteligencia ubicaba al subversivo, el siguiente paso era su detención y traslado a otro país, lo que implicaba tortura y ejecución. Todo ello, supuestamente, para salvar la civilización occidental y cristiana de las garras del comunismo.
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