Etiqueta: poesía

  • Rubén Darío: poeta de poetas

    Rubén Darío.
    Rubén Darío.

    Por: Freddy J. Melo – febrero 20 de 2017

    El 18 de enero de 1867, ciento cincuenta años ha, nació en Metapa, hoy Ciudad Darío, Nicaragua, uno de los personajes más entrañables que han visto la luz en nuestra América morena. Bien vale hacer un alto en el comentario político para rememorar su paso por la tierra. No propiamente un alto, pues tanto en su obra como en su circunstancia vibra, a veces oculto entre frialdades marmóreas, un hondo latido de calidez humana y pasión de justicia, capaz de hacer frente a los bárbaros fieros con su verbo de dimensión universal.

    Félix Rubén García Sarmiento, quien elevó a la condición de príncipe de la belleza literaria el nombre de Rubén Darío, fue un mestizo que respondió a los conquistadores hispanos convirtiéndose en conquistador y reflorecedor de la lengua en decadencia y del secreto de la poesía. España se le rindió y los mejores escritores y poetas de la Península acataron su magisterio, aunque a ello era renuente, pues proclamaba una “estética acrática”, por lo que no pretendía ”marcar el rumbo de los demás”.

    El Romanticismo devenido en sensiblería impotente, el verso rutinario y la palabra acartonada vieron nacer, desde el más humilde fondo del continente que una vez formó el imperio donde no se ponía el sol, un deslumbrante río de música, color, armonía, luz y fuerza vivificante, cuyo raudal barrió los detritos de un idioma y un arte que habían perdido los contactos raigales con los Cervantes, los Quevedos y los Góngoras. Nacía en América para todo el ámbito hispánico el Modernismo, en cuyo alumbramiento había también la impronta de otra voz mayor nuestra, la del grandioso cubano José Martí, así como la de otros precursores.

    Azul fue su toque de inicio: una selección de cuentos frescos y poemas con versos, estrofas y vocablos renovados; Prosas Profanas lo llevó a su mayor esplendor sonoro y plástico, recreando un mundo aristocrático y sensual en el que el poeta refugiaba su desdén por el tiempo sombrío y sin valores que le tocó vivir; y Cantos de vida y esperanza le dio un vuelco hacia el interior profundo, mostrando al hombre de “carne viva”, su alma “sensible y sensitiva” y su toma de conciencia sobre la realidad circundante y sobre “el futuro invasor”. Otros libros potenciaron su encanto.

    De Azul:

    Es algo formidable que vio la vieja raza;
    robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
    salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
    blandiera el brazo de Hércules
    o el brazo de Sansón.

    Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
    pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
    lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
    desjarretar un toro o estrangular un león.

    De Prosas Profanas:

    La marquesa Eulalia, risas y desvíos
    daba a un tiempo mismo para dos rivales:
    el vizconde rubio de los desafíos
    y el abate joven de los madrigales.
    […]
    ¡Ay de quien sus mieles y frases recoja!
    ¡Ay de quien del canto de su amor se fíe!
    Con sus ojos lindos y su boca roja,
    la divina Eulalia ríe, ríe, ríe.

    O:

    La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
    Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
    que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
    La princesa está pálida en su silla de oro,
    está mudo el teclado de su clave sonoro
    y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

    […]

    Con ese deslumbrante modo de crear y decir, la poesía rubendariana paseó como una reina por los caminos de América y Europa. Dondequiera que el poeta ponía su planta era idolatrado, acaso como se ve hoy con los astros del cine y el deporte, salvo por las persecuciones que su nueva etapa de consciente humanismo le deparaba, por ejemplo, en México en 1910, cuando el centenario del Grito de Dolores, gran fiesta patria, Darío no fue admitido en la capital por presiones imperiales sobre Porfirio Díaz. En vano protestaron las muchedumbres. Hubo de quedarse en la costa, aclamado por multitudes en Veracruz, Jalapa y Teocelo, pero desairado –para fortuna suya, en realidad– por el dictador acobardado y próximo a ser barrido por la revolución, el mismo que había dicho «¡Pobrecito México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos!».

    La muerte del eximio compatriota de Sandino, 6 de febrero de 1916, fue un doloroso golpe tanto para los cultores de la palabra poética como para las personas más sencillas de dos mundos. Citemos al gran Antonio Machado:

    Que en esta lengua madre su clara historia quede.
    Corazones de todas las Españas, llorad.
    Rubén Darío ha muerto en Castilla del Oro;
    esta nueva nos vino atravesando el mar.
    Pongamos, españoles, en un severo mármol
    su nombre, flauta y lira y una inscripción no más:
    nadie esta lira taña si no es el mismo Apolo,
    nadie esta flauta suene si no es el mismo Pan.

    Y mi modesto homenaje en verso:

    De la encina templada por los vientos
    que fuera casa de águila y paloma,
    con polvo enamorado y sin carcoma,
    con Cid, Quijote y grávidos momentos,
    iban quedando mustios, somnolientos
    la luz de las palabras y su aroma,
    en dilución la sangre del idioma,
    sin nervios el poema y sin acentos.

    Y entonces fue el azul de la revancha…
    Con voz profana de esperanza y vida
    pusiste el sol de América en la cancha.

    Algo de Francia y Grecia, mas la esencia
    fue, Rubén, la canción reflorecida
    y el alma nueva en carne y en conciencia.

    Rubén Darío, gloria de Nicaragua y Nuestra América, poeta de poetas, debe ser conocido por los pueblos revolucionarios de hoy.

  • Campesino asalariado

    Campesino - Foto: Damián DomínguezPor: Jairo Alberto Uribe – marzo 31 de 2014

    Ésta es una historia convertida en palabras: la del asesinato de uno de mis tíos en los límites entre Amalfi y Vegachí (Antioquia). Allí falleció de manera muy triste, como lo cuenta el poema, el señor Carlos Uribe Lopera.

    (más…)

  • José Emilio Pacheco ha muerto

    José Emilio Pacheco - Foto: Octavio Nava

    Por: Harold Alvarado Tenorio – enero 28 de 2014

    Uno de los más versátiles escritores de los últimos tiempos, José Emilio Pacheco (México, 1939-2014), trabajó con varia y singular fortuna diversos géneros literarios donde combina la protesta social y un lejano cosmopolitismo, suma, quizás, de su fascinación por las culturas de la antigüedad clásica, los símbolos y rituales que han sobrevivido a la historia y la paradójica continuidad del pasado en el presente, que aprendió, sin duda, en Octavio Paz.

    (más…)

  • Ernesto Cardenal recibe el Reina Sofía

    Ernesto Cardenal - Foto: Adri LagunesPor: Harold Alvarado Tenorio – junio 12 de 2012

    Ernesto Cardenal nació en Granada (Nicaragua) en 1925. Fue uno de los líderes de la llamada «Generación de 1940», que recoge las experiencias del grupo de vanguardia y a la que pertenecen otros grandes poetas como Carlos Martínez Rivas y Ernesto Mejía Sánchez –a quienes tanto calcaría Álvaro Mutis–. La poesía de Cardenal representó, desde sus inicios, una reacción contra las tradiciones literarias nicaragüenses. Aun cuando escribiera poemas amorosos o luchara contra la dictadura de Somoza, quería siempre una poesía lúcida y objetiva, que pudiera y que debiera caracterizarse por su interés en la realidad de la vida cotidiana de Centroamérica.

    (más…)

  • UNO DE MAYO

    Por: Elisena

    Una enorme fuerza mueve al mundo
    a la construcción y la destrucción,
    al amor y al odio.

    Recorremos laberintos oscuros,
    recónditos, luminosos;
    con llantos, con risas.
    Este mundo se limita a un ¿cuánto vale?
    ¿Cuánto cuesta? ¿Cuál es el precio?
    De esto y aquello de ti, de mí.
    La necesidad limita la libertad,
    obligándonos a succionar
    una miserable teta marchita…
    llamada trabajo.
    ¡Tal como es hoy!
    Traba-bajo,
    traba que adoro
    en mi universo bajo.
    Y me enmugro y me limpio,
    niego, me afirmo,
    pierdo, encuentro,
    muelo, pico, macero, golpeo,
    selecciono, sirvo, miento, aguanto,
    craneo olvido, odio, rechazo, fatigo…
    oigo la voz del patrón, tan humano,
    que me pide, por favor,
    tan miserable que me obliga por la fuerza
    que me explota por la ley
    y en el trabajo, bajo,
    me reclaman y reclamo,
    más bajo que alto,
    tan alto hasta cerca de morir,
    cuanto más alto clamo
    y convincente reclamo
    no sólo por mí, sino por miles
    que con militancia
    me hacen revivir, volver a reclamar,
    a pesar del miedo y que me
    convencieron de no rezongar
    porque la culpa es mía.
    Pienso una vez más, un siglo más:
    ¿y si él no existiera
    si el patrón no robara
    lo que de mi bajo trabajo queda
    y pudiera ser libre?
    En este tiempo, en este universo.

  • Murallas

    Por: Constantino P. Kavafis
    (Traducción: Andrés Gómez y Caroll Marulanda)

    Sin consideración, sin piedad, sin vergüenza
    Han construido murallas fuertes y altas a mi alrededor
    Y ahora, sentado aquí, contemplo y desespero
    Mi mente esta gastada, con meditaciones sobre mi destino:
    Tenía tantas cosas por terminar.

    Ah, ¡Porqué no me di cuándo las construyeron!
    Pero nunca llegó un sonido de construcción, un eco
    Fuera del mundo, insensiblemente, me encerraron.

  • UNIÓN

    Por: Julio Henrí­quez Chacín

    En el silencio y frío de la noche
    escribo,
    mis antepasados me dieron esta arma
    y también las herramientas
    marcaron el camino a la vida.

    (más…)