Etiqueta: pueblos indígenas

  • Glencore: ‘No estábamos al tanto’

    Por: Andrés Gómez – julio 31 de 2023

    Los altos mandos de Glencore optan por las evasivas cuando se trata de enfrentar cuestionamientos por violaciones de derechos humanos, laborales y ambientales. Sus acciones en Colombia, envueltas en controversia, parecen ser solo un reflejo de una práctica más amplia y preocupante que se extiende por donde tienen operaciones en el mundo.

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  • La paradoja sueca antidrogas en Colombia

    Por: Andrés Gómez – noviembre 12 de 2020

    Las mujeres del pueblo Awá, originarias del pacífico amazónico colombiano, han vivido los rigores del conflicto armado y temen por el nuevo rumbo del gobierno: retomar la guerra contra las drogas, es decir militarización y la fumigación con glifosato, un veneno muy nocivo para el delicado ecosistema amazónico y para su salud.

    Esta realidad está conectada a Suecia en dos vías: primero, respalda la lucha contra las drogas y la criminalización de toda la cadena productiva; y segundo, porque al mismo tiempo apoya el proceso de paz colombiano, lo que implica atacar el problema desde la judicialización a traficantes y aplicando programas de prevención de consumo y sustitución voluntaria de cultivos.

    La paradoja sueca de apoyar la guerra y la paz en el país hoy se hace relevante. El premio a los defensores de derechos humanos, organizado por la Embajada de Suecia en Colombia y la Iglesia Sueca y Diakonia, ha nominado a varias personas líderes, entre ellas Claudia Jimena Paí, líder del pueblo Awá y quien nos habla de los nuevos conflictos que ha traído la guerra contra las drogas.

    La coca en territorio

    Claudia Jimena Pai, líder del pueblo Awá que tiene la investidura de Consejera de Mujer y Familia en la organización UNIPA, que representa a más de 20 mil indígenas Awá en Colombia, y recuerda que cuando era niña, antes de finales de la década de 1990, podía caminar tranquila en la selva:

    Mi abuelo siempre [me mostró] los linderos (…) cazaban ratón de monte, miraba cómo estaban los animales (…) y yo iba contenta con mi canasto mientras él revisaba la trampa.

    A finales del siglo, indica que las cosas cambiaron:

    (…) antes usted podía ir caminando y metiendo la cabeza en cualquier riachuelo,  pero desde el año 1999 que llegó la tala de árboles, [y] en el 2.000 los cultivos de uso ilícito, empezaron las afectaciones.

    Terminando el año 2.000, miles de personas del vecino departamento del Putumayo huían de la guerra contra las drogas que se materializaba en fumigaciones, bombardeos y militarización. Muchas personas encontraron refugio en el pacífico nariñense, y a pesar de ser una zona con un déficit en recursos básicos, decidieron asentarse y tomaron tierras para cultivar coca. Además, la guerrilla de las FARC-EP convirtió la zona en una retaguardia estratégica y empezó a intervenir la economía de esta droga a través de impuestos y normas de control social.

    Para 2.001 el cultivo se expandió,  no solamente por los que huían de la guerra, sino por la necesidad de suplir recursos básicos, Martha García, la Consejera de Administración y Finanzas de la UNIPA lo recordó así:

    Por una arroba de maíz [no pagan] más de $ 2, si usted saca a vender un racimo de plátano grande : $1.8, $ 2, la gallina, se levanta, se saca a vender al pueblo pero no le dan todo lo que le toco a usted para criar, si le dan $ 4 [o]  $ 5 [y] eso no es suficiente(…) al llegar el cultivo ilícito al territorio, la gente lo que miraba era que tenía un poquito más , de plata, porque lo que sembraba en el campo no les daba, es decir no faltaba la comida pero a veces querían comprar otras cosas, como ropa (…)

    Cambio sociales en la comunidad

    Los cambios sociales creados por el cultivo de coca y la guerra han hecho que la violencia contra las mujeres aumente. La violencia sexual se convirtió en un grave problema, las mujeres awa empezaron a alertar a las niñas sobre la presencia del Ejército Nacional y las FARC-EP, algo que Dalia Bolaños, mujer awa de 21 años que trabaja con la Consejería de Mujer y Familia recuerda: “mi abuelo, mi mamá, mis tíos, tías, [nos decían] que no nos debíamos acercar a ellos [ejército o guerrillas] porque ellos eran mala gente, incluso nos decían que nos podían violar”.

    La vida se volvió peligrosa. Dalia recuerda que cuando niña no solo temía de todos los que tuvieran armas, también temía de la aviación colombiana:

    mire que pasaban avionetas [y siempre nos decían] que nos metiéramos a la casa por lo que decían que eso era peligroso, que de pronto tiren una bomba, siempre era uno prevenido, o cuando iba uno caminando y salía de repente una avioneta o un helicóptero siempre nos quedábamos quieticos en el árbol.

    La militarización por parte del ejército resultó en combates con las FARC-EP, minas antipersonales, confinamiento, asesinatos y masacres. Pero, una de las estrategias militares del Estado colombiano que más ha afectado a las mujeres han sido las fumigaciones con glifosato. Claudia lo recuerda como un tiempo en el que desaparecieron alimentos y plantas medicinales:

    En 2004 [y] comienzos del 2005 [comenzaron] a fumigar y  fue bastante duro porque habían enfermedades de piel como dermatitis y [las]compañeras en embarazo [tuvieron] hijos con deformidades; algunas plantas tradicionales también desaparecieron, [y]productos del pan coger como  plátano,  chile,  maíz que es muy sensible para estos químicos, muchas frutas; también los pescados y todo el ecosistema [se afectó], la biodiversidad, los ríos, quebradas, los sitios sagrados (…), cuando vinieron las fumigaciones, con el señor Álvaro Uribe con el Plan Colombia, nos perjudicó mucho el buen vivir, y la convivencia con  la naturaleza

    Dalia, una niña en ese tiempo, recuerda que esos años fueron de hambruna, enfermedad, muerte y desplazamiento:

    (…) había mucha escasez, no teníamos qué comer, mi familia decía: nos toca salir hacía la costa para poder sobrevivir y buscar alimentos (…)  en esa época murieron las plantas que tenían sembrado maíz, entonces nos vimos muy afectados y las enfermedades, yo no sabía por qué nos enfermábamos y la desnutrición, en esa época murieron muchos niños, algunas familias salieron y se fueron a vivir a otro lado, eso fue lo  más duro para mí.

    Pero el narcotráfico y la guerra no solo ha afectado a las mujeres awa por la destrucción ambiental, los daños a su soberanía alimentaria y la violencia sexual, ocasionada especialmente por las Fuerzas Militares. Los hombres Awa también han cambiado, como lo recuerda Claudia:

    A los hombre ahora les importa la plata, el que más bebe, el que más tiene mujeres, ha influido el narcotráfico, la mafia, que nuestros jóvenes también se estén suicidando por problemas de reclutamiento, por problemas de pareja, el consumo de sustancias psicoactivas, el alcoholismo, el que piensen que el ser hombres es tener muchas cervezas o el pegar, entonces esto [nos] ha afectado mucho.

    Marta García, la Consejera de Administración y Finanzas, también recuerda con tristeza los cambios

    Los hombres cambiaron, algunos dejaron a sus mujeres porque tenían plata, iban al pueblo y miraban mujeres y se fueron, independientemente de los hijos que tengan, incluso algunos sacaron [a sus parejas] de donde habían vivido y llevaban a la otra mujer, cosa que esa mujer se quedaba volando sin saber a dónde ir, le tocó ir con sus hijos por allá a trabajar, , los hombres  se desordenaron, no todos, pero si en su mayoría, incluso [hubo] enfermedades de transmisión sexual porque algunos hombres [iban a] prostíbulos  y después vinieron a estar con sus mujeres.

    Sustitución voluntaria

    Claudia Pai, quien considera que se debe optar por otras alternativas a la militar y en la que se incluya la “consulta previa con pueblos indígenas”, tal como lo exige el Convenio  Número  169  de  la  OIT.

    Para Marta García, de volver a la fumigación se repetiría la historia, el pueblo Awá enfermaría, no tendría comida, y las personas con ahorros los gastaban en alimentos que antes producían. Cree, que la guerra contra las drogas no es una solución y pone como ejemplo el proceso de paz:

    Yo diría que la mejor solución sería [el] diálogo, porque cuando estuvo el presidente Santos, hubo unos acuerdos que llegaron y yo digo que dialogando se pueden solucionar las cosas

    Su posición va acorde a lo pactado en el acuerdo de paz entre las FARC-EP y el Estado Colombiano con la creación del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS).

    En 2020, según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNDOC), entidad que supervisa la efectividad del PNIS, “casi 100.000 familias vinculadas en 56 municipios de 14 departamentos erradicaron 40.506 hectáreas, un nivel de cumplimiento de 95%. Además, el nivel de resiembra solo alcanzó 0.4%”. Demostrándose que son las estrategias de sustitución las que logran un cambio, ya que nunca la fumigación había conseguido dicha reducción.

    Sin embargo, a pesar del éxito del PNIS, este programa fue suspendido y el Estado colombiano en febrero de 2020 detuvo el funcionamiento de UNDOC. Así, el diálogo y la sustitución no parecen ser la ruta que ha escogido el gobierno de Duque.

    Enfrentando el exterminio

    Aunque el PNIS constituye una política de avanzada, el pueblo Awá no había hecho parte del Programa porque no hubo proceso de consulta previa y las disidencias de las antiguas FARC-EP ejercen presión para que las comunidades no lo acepten.  Sin duda la situación del pueblo originario es dramática, y la guerra contra las drogas solo la agrava: como lo reconoció en 2011 la Corte Constitucional al declarar que el Pueblo Awá “se encuentra en peligro de exterminio físico y cultural”.

    Claudia Paí, indica que para que no se consume el genocidio contra su pueblo, su identidad como mujer awa ofrece formar de pervivir y crear:

    Lo que podemos dar [las mujeres awa] al mundo es decirles que estamos en defensa de nuestros derechos pero también de la madre naturaleza que ya se está quejando y ella sabe y tiene su momento y que si no miramos a nuestra naturaleza, van a llegar  momentos muy duros y afectaciones [como] el cambio climático, como mujeres tenemos que aportarle a la parte ambiental en defensa de nuestro Katsa su, nuestro territorio y la naturaleza.

    La pregunta para Suecia es: va a apoyar la vía del presidente de Colombia Iván Duque, con el respaldo del gobierno estadounidense, con la militarización y la fumigación, o  cuestionará la efectividad de esa estrategia que ha demostrado ser ineficaz.

    Siendo un país que aboga por el dialogo y con una agenda feminista, debería considerar la opinión de Dalia, Marta y Claudia y la experiencia de Colombia con el PNIS y tener en cuenta que la reducción de producción de coca es posible, siempre y cuando se cuente con la experiencia y participación de las comunidades, especialmente de los pueblos originarios.


  • La fiebre del litio amenaza a los pueblos indígenas

    Indígenas del salar de Uyuni (Bolivia). Foto: Yan Boechat.
    Indígenas del salar de Uyuni (Bolivia). Foto: Yan Boechat.

    Por: Luis Martín-Cabrera – abril 7 de 2018

    No hace falta ser experto en energía para darse cuenta de que es imperativo buscar alternativas a los combustibles fósiles, entre otras cosas, porque estamos llegando al principio del fin de la producción de petróleo, pero sobre todo porque los efectos destructivos que provocan los combustibles fósiles –agotamiento permanente de las fuentes de agua, deforestación, inundaciones, vertidos tóxicos, incendios, huracanes, subida de los niveles del mar,  etc.– son cada vez más palpables para la mayoría de la población mundial.

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  • Manuel Teodoro debe disculparse con la sociedad

    "Todo era mentira" - Foto: Mercedes Blanco.
    «Todo era mentira» – Foto: Mercedes Blanco.

    Por: Andrés Monroy Gómez -febrero 8 de 2016

    Son innumerables las páginas escritas sobre el acoso judicial como mecanismo de presión contra la prensa independiente. Ahora, en la víspera del Día del Periodista en Colombia, un nuevo fallo de tutela revive el debate por la tensión entre la libertad de expresión y los derechos de las personas que pueden verse afectadas por el primero.

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  • La resistencia indígena sigue caminando

    Por: Omar Vera – agosto 26 de 2014

    Los pueblos indígenas de Colombia han resistido más de cinco siglos de agresiones, extendidas desde la Conquista, pasando por la Colonia, hasta una era republicana que se sigue manteniéndoles sometidos a la negación de sus tradiciones y a difíciles condiciones de vida, que ponen en riesgo su supervivencia.

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  • El pueblo uwa detiene explotaciones petroleras

    Comunidad uwa, entidades de control y Gobierno Nacional - Foto: Marcela Zuluaga

    Por: Marcela Zuluaga – julio 9 de 2014

    Para el pueblo uwa el año 2014 se ha caracterizado por una fuerte lucha contra los proyectos de extracción petrolera en su territorio ancestral.

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  • El buen vivir

    El Buen Vivir significa, para los pueblos originarios de Los Andes, armonía social entre los seres humanos y de éstos con la nauraleza - Foto: Omar Vera

    Por: Juan Diego García – mayo 13 de 2011

    La actual constitución ecuatoriana establece el principio del Buen Vivir como un instrumento que permitiría tanto armonizar el orden social como alcanzar una relación sana con la naturaleza, inspirándose inicialmente en las propias tradiciones indígenas pero con el propósito de sintetizar éstas con las culturas europea y africana, todas ellas presentes en el complejo tejido multiétnico del país.

    Armonizar el orden social comienza con la redistribución de la riqueza, garantía material de un Buen Vivir, dando de esta manera satisfacción universal a las necesidades básicas de la población. Socialmente, el Buen Vivir supone el fin de toda suerte de exclusión, algo fundamental en una sociedad con un alto porcentaje de población discriminada por su origen racial. De igual forma, el sistema político haría compatibles la democracia representativa con formas nuevas de participación directa de las comunidades en el manejo de los asuntos públicos. La armonía con la naturaleza exigiría un modelo de producción esencialmente diferente al actual y el fin de toda forma de consumismo.

    El Buen Vivir de Ecuador guarda estrecha relación con orientaciones similares en Bolivia y Venezuela, y es compartido por muchos movimientos sociales en la región. En palabras del presidente Chávez, por ejemplo, el objetivo de la Revolución Bolivariana no es hacer a todos más ricos sino permitir el pleno despliegue de las potencialidades individuales y colectivas, algo que se riñe con la idea tradicional que vincula el simple crecimiento económico con el desarrollo. La idea del Buen Vivir tampoco resulta ajena a otros conceptos corrientes hoy en sociedades que ponen en tela de juicio las relaciones de propiedad y poder, así como el vínculo entre su modo de vida y el impacto que éste produce en el medio natural. El énfasis en la dimensión cuantitativa, tan ligada al sentido mismo de la sociedad del consumo, parece dar paso a consideraciones mas cercanas a la calidad de vida, al cuidado de la naturaleza, a cálculos menos restringidos sobre la explotación de los recursos y a la responsabilidad con las futuras generaciones.

    Ahora bien, cualquiera de estas estrategias del Buen Vivir –o del consumo responsable y el rompimiento con el mito de asociar automáticamente crecimiento con progreso y desarrollo– lleva indefectiblemente a cuestionar el sistema mismo, es decir, a preguntarse si un cambio tan radical en el orden social –casi un cambio de civilización– es compatible con el capitalismo y, de no ser así, cuáles serían entre otras consideraciones, las relaciones de propiedad y poder, la participación ciudadana y el tipo de producción y distribución de la riqueza social en ese nuevo ordenamiento. La respuesta en el Nuevo Mundo es cada vez más clara: los movimientos sociales, en el poder o en la oposición, mayoritariamente desconfían del capitalismo y proponen en su lugar un socialismo acorde con sus propias condiciones y más cercano a la idea del Buen Vivir. ¿Un vínculo, acaso, con la tradición del movimiento socialista? En particular, con ese “ocio creador” que tan magistralmente plasmó en su folleto “El derecho a la pereza” el propio yerno de Karl Marx, casualmente el cubano Paul Lafargue.

    Los retos que enfrenta esta búsqueda de alternativas al capitalismo no son pocos. Si en el mundo rico algo similar al Buen Vivir supondría drásticos cambios en los patrones de producción y de consumo, en la periferia pobre del sistema las dificultades se multiplican porque no sólo se trata de cambiar el modelo capitalista por otro sino satisfacer primero muchas de las tareas históricas que su capitalismo raquítico, deformado y dependiente nunca resolvió. Una reducción de la actividad económica o, en todo caso, un reordenamiento y racionalización de la misma resulta más cómodo cuando se cuenta con múltiples recursos de capital, conocimientos, tecnología y una población cualificada y que mayoritariamente tiene resueltas sus necesidades básicas, pero no sucede así en las difíciles condiciones del atraso. Los recursos de todo orden que permitieron el desarrollo del capitalismo metropolitano o no existen o se presentan de manera muy precaria en los países pobres.

    La estrategia del Buen Vivir en países como Ecuador, Venezuela, Bolivia y similares tiene, entonces, la urgente necesidad de intensificar la producción y no sólo de propiciar mecanismos de redistribución que mejoren la vida cotidiana de las inmensas mayorías de la población. Tareas obvias, como democratizar la propiedad rural mediante una profunda reforma agraria, industrializar, construir las infraestructuras necesarias, universalizar la educación y la salud, en pocas palabras, acceder a la modernidad, suponen imponer una dinámica y un esfuerzo productivo de dimensiones considerables que exigen abolir los actuales privilegios de las elites –un acto de enorme y revolucionaria violencia en todos los órdenes– y traen consigo un impacto sobre el medio natural que, si no median alternativas realizables, seguiría los mismos o similares caminos de la modernidad en Occidente. Nada de esto resulta compatible con el Buen Vivir. Seguir el ejemplo de China o India resulta bastante alejado de este ideal y muestra que el camino clásico parece indisolublemente ligado a una explotación atroz de los trabajadores y a producir un impacto considerable sobre la naturaleza.

    ¿Es posible la industrialización y la modernización de la agricultura sin generar altísimos impactos en el medio ambiente? ¿Es viable lograrlo sin hacer uso de los mismos métodos de superexplotación del trabajo, típicos de la acumulación primitiva del capitalismo? Ésta es una cuestión central en el debate y constituye un reto no sólo teórico sino práctico cuando se asumen responsabilidades de gobierno. Si reformar el capitalismo dependiente ha sido hasta ahora tarea imposible ante las resistencias oligárquicas locales e imperialistas externas, no resultará nada fácil desmantelar el sistema mismo y construir otro en su lugar. Las medidas de corte keynesiano podrían ser, en todo caso, una respuesta parcial al actual capitalismo salvaje, pero es muy dudoso que sirvan igualmente para dar satisfacción a los interrogantes centrales que plantea una estrategia como la del Buen Vivir.

    Además, contra el Buen Vivir y contra el desarrollo en general actúa el modelo ‘extractivista’, tan típico de los países periféricos –y Ecuador, Bolivia y Venezuela lo son– en los cuales una parte considerable de sus recursos proviene precisamente de la minería, la extracción de petróleo y gas, y otras actividades similares que impactan de manera muy agresiva en el medio ambiente y no generan acumulación interna de capital, pues principalmente se benefician las empresas transnacionales. Al mundo pobre se deja, en todo caso, la industria más contaminante y de menos valor agregado, y se le impone un desarrollo agrícola basado en la gran explotación moderna, enemiga acérrima del medio ambiente y que ni siquiera está dirigida prioritariamente al mercado nacional.

    De esta forma, la economía ‘extractivista’ actúa de lleno contra las intenciones de superar la naturaleza depredadora del industrialismo. Además, y esto resulta de importancia estratégica, el modelo actual no hace más que prolongar en estos países su carácter de economías subsidiarias, complementos menores de las economías metropolitanas, es decir, eterniza la relación de dependencia y agota recursos que serán claves para su desarrollo futuro.

    Alcanzar el consenso social necesario para que una estrategia del Buen Vivir cuente con apoyos suficientes no es sencillo cuando se trata de las llamadas ‘clases medias’ acostumbradas al consumismo, sobre todo en sus estratos más altos, y reacias por tanto a cualquier cambio que suponga renuncias y sacrificios. No por azar, allí se anida la mayor reacción contra los gobiernos de progreso. La oligarquía criolla, aún siendo tan minoritaria –no pasará del 1% de la población– consigue en estos estratos su clientela electoral, a la que se suma, por lo general, el sector social más atrasado políticamente, manipulable por el clero conservador y los monopolios de medios en manos de multinacionales. Pero las mayorías tampoco están a resguardo de esta cultura del consumismo tan diferente al Buen Vivir, sujetas como están a la manipulación que identifica bienestar y consumismo, felicidad y modo de vida metropolitano.

    El sistema cuenta, entonces, con la ventaja de la cultural predominante, extraña por principio a la idea del Buen Vivir. El sueño de alcanzar los niveles de consumo que observan en la clase dominante y sobre todo el que se transmite por los medios de comunicación puede llegar a dificultar la aceptación de una idea como la del Buen Vivir, aunque, considerando el grado de pobreza de las grandes mayorías –inclusive de sectores crecientes de la pequeña burguesía empobrecida por el neoliberalismo y sumida en la desesperanza por la actual crisis–, es de suponer que para el pobrerío de estos países será siempre más realista optar por un ideario que se traduce en la satisfacción real de sus necesidades básicas –aunque sólo sea eso, ya es mucho– que permanecer indefinidamente viviendo del sueño irrealizable de una vida dorada en el capitalismo.

    El apoyo mayoritario de la población, la fuerza que adquieren ideas como las del Buen Vivir, será probablemente la clave del apoyo electoral mayoritario que hasta hoy ha permitido a los presidentes Correa, Morales y Chávez sortear con éxito el juego tramposo que supone la democracia burguesa: ‘con cara gano yo, con cruz pierdes tú’.

  • Las contradicciones en la izquierda latinoamericana

    Minga - Foto: Andrés Gómez

     

    Por: Immanuel Wallerstein* – 4 de octubre de 2010

    A nivel mundial, la primera década del siglo XXI ha sido para la historia de la izquierda en América Latina un tiempo de éxito. Esto es cierto en dos sentidos: el primero y más ampliamente observado, es que la izquierda o los partidos de centro e izquierda han ganado una notable serie de elecciones durante la década; y, colectivamente, los gobiernos latinoamericanos han tomado por primera vez un grado significativo de distancia frente a los Estados Unidos. América Latina se ha convertido en una fuerza geopolítica relativamente autónoma en la escena mundial.

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  • TPP indígena: resistencia y autonomía

    Julio 29 de 2008

    La audiencia final indígena del Tribunal Permanenten de los Pueblos, realizada en Atánquez (Cesar) los días 18 y 19 de julio, concluyó las cinco pre audiencias que reunieron las denuncias de las macro regiones en las que se dividen los pueblos indígenas. Las denuncias recibidas por los jueces durante los dos días incluyeron una gran cantidad de asesinatos y desplazamientos de los que son victimas por parte del Estado y los grupos armados que operan en cercanías de los resguardos. También se expuso la relación de las transnacionales con los paramilitares y las políticas que favorecen los negocios de las primeras en Colombia.

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  • Condenados paramilitares en Guatemala por genocidio de la etnia Achí

    Junio 27 de 2008

    El pasado 29 de mayo en Guatemala fueron condenados cinco integrantes de las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) por un tribunal de ese país. Los familiares de las víctimas y algunos de los sobrevivientes, que no habían sido escuchados ni atendidos y que por el contrario estaban atemorizados, tomaron esta sentencia como uno de los más grandes avances a nivel humanitario, ya que es la primera vez que un país centroamericano visibiliza y castiga una tragedia de este tipo.

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