
Por: Nils Castro – febrero 5 de 2018
La gran prensa estadounidense y hasta la Casa Blanca y el Congreso de Washington ahora admiten que en Puerto Rico hay un desastre tan grande que es difícil calificarlo. Lo aceptan después de la flagrante devastación que en septiembre de 2017 dejaron los huracanes Irma y María, mucho después de que esa tragedia empezó a incubarse. Pero, la anterior displicencia de esos medios y autoridades sobre una tragedia tan largamente incubada no fue inocente.
