Por: Alberto Mendoza Morales – octubre 14 de 2011
Selva amazónica, corazón verde de Sudamérica, océano vegetal, región del misterio, ignoto escenario equinoccial, diversidad botánica hecha flora, mar de esmeralda «donde el hombre es aún un intruso». Vista desde el aire simula motoso tapete verde; vista desde adentro simula palio o dosel inmenso, húmedo, vaporante. Selva, heterogénea masa de árboles, umbrosa formación, intrincada, a veces inexpugnable, pulmón del mundo, parque del Universo hendido por ríos que la escasa pendiente hace lentos y sinuosos. Jungla, habitáculo de vida, pródiga en plantas y animales. Selva, se adorna con lagunas, ciénagas, espejos de agua, cochas sin número.
