
Por: Camila Ramirez – febrero 28 de 2013
En Colombia, el movimiento obrero ha sufrido persecución, amenazas, asesinatos, exterminio por parte de grupos paramilitares y actores estatales, y una política antisindical de las transnacionales que operan en el país. El objetivo de estos actos ha sido generar miedo en los trabajadores para evitar que se afilien a sindicatos que defiendan sus derechos y, así, sabotear los procesos organizativos de los obreros que demandan trabajo y vida digna. Las centrales obreras han denunciado 2.900 asesinatos a sindicalistas desde 1986, crímenes que en su abrumadora mayoría permanecen impunes.