
Por: Juan Diego García – marzo 6 de 2012
Cuando la pobreza había alcanzado cifras alarmantes en uno de los países con mayores recursos naturales, cuando la descomposición social y la corrupción política carcomían el tejido institucional de Venezuela y nadie veía una salida posible, un joven militar, acompañado de un grupo de oficiales patriotas, irrumpe en el escenario político con un llamado a la rebelión popular contra el atraso, la pobreza y la dependencia. Su iniciativa es inicialmente acallada, pero pocos años después un imparable movimiento popular lleva a aquel joven rebelde a la presidencia y lo mantiene al frente del gobierno durante catorce años, hasta que ayer su partida final deja huérfano al Bravo Pueblo, no menos que a los millones de desheredados del continente que han visto en la Revolución Bolivariana una llama de esperanza.
