Por: Rafael Rincón Patiño* – septiembre 20 de 2007
Transformar un bosque nativo en un cultivo de papas, para luego convertirlo en edificios de apartamentos parece un acto de magia, pero es, en realidad, un delito de contaminación ambiental. La contaminación, como la corrupción, es una alteración nociva: la primera daña el medio ambiente y la segunda daña lo público. Contaminación y corrupción son una pareja perversa que impacta negativamente a la administración pública y al medio ambiente.