Por: Hernán Payome Villoria – agosto 4 de 2012
Años atrás, cuando se hablaba del Tour de Francia, la gente se ponía de pie y se quitaba el sombrero. Hoy, infortunadamente, sólo el emporio económico que lo maneja logra mantenerlo como la mejor competencia ciclística de tres semanas. Pero las cosas han cambiado. La carrera, conocida como La Grand Bouclé, año tras año va tornándose más monótona por no decir que aburrida: el recorrido de las etapas, lo predecibles que suelen ser los resultados y la inocultable falta de batalla en algunos de los participantes son los nefastos ingredientes que quisiéramos eliminar de la receta.