Por: Omar Vera O. – 14 noviembre 2007
Puedo recordarlo claramente, aunque han pasado 22 años y yo era sólo un niño entonces. Esa mañana, las noticias nos despertaron a todos en la casa: viendo nuestro pueblo sepultado, las lágrimas rodaban por las mejillas de mi abuela, quien sólo gritaba el nombre de su hermana.