
Por: Gilberto Montalvo Jiménez – marzo 7 de 2016
Con su grandilocuencia verbal, mi amigo Elías Mejía Henao ordenó sin pausa que debía meterme en «Número cero», la última exquisitez del más crítico de los críticos. Insalvable mi curiosidad por alguien que había sido de cabecera desde El Nombre de la Rosa o el Péndulo de Foucault.