
Por: Aidén Salgado Cassiani – febrero 4 de 2018
Cuando, el 24 de septiembre del 2016, se firmó en La Habana (Cuba) el acuerdo de paz, después de casi cuatro años de negociaciones entre el Gobierno Nacional y la entonces guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionaria de Colombia (FARC-EP), los colombianos nos alegramos por el hecho innegable que disminuiría la violencia, lo que realmente sucedió, y entraríamos a una nueva etapa de nuestra historia, ya que cerraríamos un ciclo de violencia con la guerrilla más vieja del hemisferio que ya completaban 54 años de confrontación armada contra el Estado.




