Por: Camila Ramírez – mayo 16 de 2012
El pasado 15 de mayo, los grandes monopolios informativos anunciaban con gran satisfacción la salida del puerto de Cartagena del primer embarque hacia Estados Unidos de mercancías colombianas sin aranceles. Se trataba de un contenedor con dieciocho toneladas de textiles, cobijadas por la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre los dos países. Mientras tanto, por las calles de Bogotá, cientos de estudiantes, trabajadores, sindicalistas y miembros de organizaciones sociales salieron a protestar contra la puesta en marcha del pacto comercial, que duró ocho años en debate y que sólo beneficiaría a una ínfima minoría de colombianos, a pesar de la quiebra a la que llevará a importantes sectores de la economía nacional.